¿Qué hacer con el PDC? - El Mostrador

Sábado, 25 de noviembre de 2017 Actualizado a las 02:40

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¿Qué hacer con el PDC?

por 9 enero, 2002

El PDC perfectamente podría asumir un rol similar al que tuvieron el PPD y el PS durante la administración Frei, pues tiene gente como para imponer una base crítica seria no sólo hacia el Presidente, sino también hacia la derecha. En este aspecto, la originalidad de las propuestas será la base de la verdadera revolución que debe experimentar ese partido.

Es mal visto que el dueño de la pelota se vaya y deje a sus compañeros sin diversión, pues significa que no acepta los resultados que emanan de las reglas del juego. Pero si es un partido político el que se retira del gobierno el escenario cambia, pues éste no es un simple match futbolístico, sino un juego extremadamente peligroso: el juego del poder.



Después de las elecciones de diciembre los más perjudicados fueron indudablemente los demócratacristianos, quienes bajaron en todos los aspectos que se miden en los comicios, particularmente en términos de escaños y porcentaje. Las explicaciones no tardaron, y una de ellas, la más polémica, fue que el PDC debería retirarse del gobierno debido a que es el único partido que ha pagado los costos de la administración Lagos.



Es verdad que el PPD y el PRSD aumentaron sus porcentajes y su representación en la Cámara, mientras el PS experimentó una baja poco significativa y sumó un diputado a su bancada. Tal escenario afirmaría la hipótesis de muchos DC que tratan de explicar su descalabro electoral.







Como se puede apreciar en el cuadro, el poderío electoral de la Concertación ha bajado casi exclusivamente por la disminución del PDC, lo que también podemos notar en otras elecciones.



No obstante, se debe reconocer que ese partido fue el eje principal del conglomerado durante diez años, y sin él hubiera sido imposible que la Concertación se consolidara como bloque político y lograra mayorías contundentes en las elecciones parlamentarias de 1989 y 1993, al igual que en las municipales de 1992 y 1996, último año en que el PDC no recibió cuestionamientos a raíz de sus apoyos electorales.



Tal evolución, respecto a las elecciones de diputados, la podemos ver con bastante claridad en el siguiente cuadro.







De esta forma, el PDC experimenta bajas importantes en dos de las tres regiones con mayor número de electores, la Quinta y la Metropolitana. También destacan las regiones Sexta y Novena, debido a la magnitud de la baja que experimentó su votación. Con esto queda bastante clara la estrategia que debería utilizar ese partido de aquí en adelante, respecto a los focos electorales donde deben aplicar planes de acción para mejorar sus resultados.



Según los demócratacristianos son ellos quienes pagan los costos de una mala administración, pero no existe un dato empírico público que verifique esa hipótesis, por lo que sería adecuado que los encuestólogos nacionales realizaran consultas respecto a cuál es el partido que gobierna en Chile, según la gente, o cuál es la colectividad que mayor ingerencia posee en las decisiones del Presidente. Sería un buen ejercicio demoscópico y un mecanismo de comprobación de hipótesis.



¿Debe la DC retirarse del Gobierno?



Esta es una pregunta que se ha planteado insistentemente en las filas del PDC y que tiene como fundamento lo ya expuesto, que el partido estaría pagando las consecuencias de la mala labor del gobierno. ¿Sería un acto de nobleza o de irresponsabilidad por parte de la colectividad si decide dejar al Presidente Lagos? Nos inclinamos por la segunda alternativa debido a las siguientes razones:



-El PDC es el único partido que cuenta con un cuerpo de profesionales y técnicos capaces de brindar sustento a la administración pública, no sólo en términos cualitativos, sino también cuantitativos. Con esto no negamos la presencia de profesionales de alta calidad en el resto de lo partidos de la Concertación, pero consideramos que sería muy difícil gobernar sin la masa técnica que ofrece el PDC.



-En toda coalición política son necesarios los equilibrios, y estando el PDC fuera del Gobierno prácticamente pasaría a la oposición, pues le sería demasiado incómodo quedar en un terreno neutral y ambiguo, colaboracionista y opositor a la vez. Nadie lo entendería, pues de la noche a la mañana pasaría de ser el principal partido de la Concertación a la colectividad con mayor confusión política. Recordemos que una de las principales críticas que constantemente se hace al PDC es su excesiva ambigüedad ante ciertos temas y en su accionar político, por lo que incurrir en el error mencionado, sólo reforzaría tal imagen.



-Si el PDC abandona al Presidente allanaría con demasiada facilidad el camino para Joaquín Lavín, pues la división del bloque gobernante haría disminuir la fuerza del Ejecutivo en términos de administración y de orden en el Parlamento, es decir, la capacidad para aprobar leyes. Ya lo decía Pablo Lorenzini: "Los 63 votos no están asegurados". A buen entendedor, pocas palabras.



-El "segundo gobierno de Lagos", es decir, el que comienza el 11 de marzo de 2002, será clave y determinante para la configuración del escenario presidencial de 2005, donde la DC debe presentar un candidato para reactivarse como partido político, aunque ello está sujeto a las modificaciones internas que aplique esta colectividad. De los cuatro años restantes que le quedan al gobierno de Lagos dependerá la futura Presidencia de la República: esto no es una exageración.



-En caso que el PDC abandonara el gobierno, el peligro de una "oposición bilateral" sería demasiado significativo. Por un lado estaría la UDI, en su fase más ascendente, confrontacional, descalificadora y poco caritativa no sólo con el gobierno, sino que con sus propios aliados. Por el otro existiría un PDC herido y dispuesto a retomar un perfil de identidad a cualquier precio, donde el verdadero plato de fondo sería el propio gobierno. La paralización en las decisiones y la crítica constante a la administración Lagos no harían más que ungir a Joaquín Lavín como próximo Presidente de Chile.



Los estudiosos de la política, pasando por Linz y Sartori, han señalado insistentemente el peligro que implica una "oposición bilateral" en un determinado sistema de partidos, pues tiende a la polarización cualitativa de los actores que insistentemente buscan diferenciarse del resto, en este caso estableciendo como blanco común al mismo gobierno.



En ningún caso podemos hablar de un retroceso histórico a décadas pasadas y de una eventual regresión autoritaria, pero sí de un aumento de tensiones que socavaría los sistemas de toma de decisiones del Gobierno. No olvidemos que estamos en presencia de un empresariado extremadamente politizado, y que en conjunto con una oposición dirigida por la UDI perfectamente podría dañar en forma irreparable la administración Lagos tanto desde un punto de vista político como económico.



Tampoco debemos menospreciar el virtual empate que se ha producido en la Cámara, pues no es lo mismo gobernar con 70 diputados a favor que con sólo 63. En este caso, el que tiene un voto más no necesariamente gana.



-¿Tiene la culpa el Gobierno del caso indemnizaciones y de la mala inscripción de los candidatos del PDC en la última elección parlamentaria? Creemos que no. Ese fue un error atribuible exclusivamente a algunos militantes que tuvieron ciertos cargos públicos y se quisieron pasar de listos otorgándose a sí mismos groseras indemnizaciones. La dirigencia del partido no debe seguir culpando a terceros de sus propios errores, pues sólo se contribuye a su propio desprestigio y el de la política en general. El cambio de estilo también es una cuestión urgente para este partido.

-El retiro del PDC sería visto claramente como un acto de deslealtad al Presidente y como una conducta acomodaticia, al estilo de la frase "Si la cosa está mala, mejor nos vamos". Otro escenario sería que el mismo Presidente les pidiera su salida del Gobierno como una especie de "llamado a retiro", o que efectivamente las tareas que se les encomiende a los democratacristianos no sean cumplidas, favoreciendo la ineficiencia en la gestión.



En esas situaciones, la salida del PDC sería prácticamente obligatoria y, por lo demás, justificada. De todas formas vemos que ambos escenarios serían de difícil concreción, pues el Presidente requiere más que nunca del PDC. Debe cuidar esos 24 votos en el Parlamento y lograr un amplio respaldo a su labor en las filas concertacionistas.



Mucho se habla sobre los "maltratados" en ambas coaliciones, el PDC en la Concertación y RN en la Alianza, por lo que una unión entre ellos los convertiría en una verdadera fuerza electoral. ¿Es viable tal hazaña política? Categóricamente no. Es como si los dos equipos que disputan el descenso se unieran, sumaran sus puntos y mantuvieran la categoría, sin percatarse de sus historias totalmente distintas y sus estilos diferentes. Sería algo de muy mal gusto que sólo tendería a hacer colapsar el denominado centro político, pues significaría la muerte de ambos partidos y el triunfo de Pablo Longueira, quien vería su sueño cumplido antes de lo previsto.



Una unión DC-RN provocaría la fuga de liberales y católicos, quienes emigrarían a sus terrenos más cercanos: el PPD y la UDI, los que serían los verdaderos ganadores de ese extraño matrimonio. Es de esperar que la racionalidad se imponga por sobre cuestiones emocionales que tanto daño le han causado política chilena.



La verdadera modificación que debe realizar el PDC es dar a conocer lo que realmente piensa sobre determinados temas, sin caer en una lealtad malentendida con el gobierno. Algunos dirigentes del PS y del PPD se cansaron de criticar a la administración encabezada por Eduardo Frei; se les acusó de desleales pero ahí están, disfrutando de una identidad que se asocia a un estilo de denuncia constante, expresando claramente lo que piensan en temas de salud, educación, delincuencia y corrupción, y lo más importante, alcanzando enormes mayorías en los diversos distritos y circunscripciones donde compiten.



El PDC perfectamente podría asumir un rol similar, pues tiene gente como para imponer una base crítica seria no sólo hacia el Presidente, sino también hacia la derecha. En este aspecto, la originalidad de las propuestas será la base de la verdadera revolución que debe experimentar ese partido.



El PDC debe seguir con plena vigencia en la vida política nacional. Fue el partido clave tanto en las fases de transición y de redemocratización, liderando el difícil camino al plebiscito y llevando a Aylwin y Frei a La Moneda, quienes demostraron avances en todos las áreas del desarrollo del país, desde los derechos humanos hasta la infraestructura vial. No importa que la derecha diga que en Chile "no se ha hecho nada en diez años", pues quizá consideran que bajo Pinochet se avanzó con más decisión, olvidando el precio que todos los chilenos tuvimos que pagar: temor, torturas y muertes.



Sin el PDC, el plebiscito de 1988 jamás hubiese sido ganado por la Concertación; sin el PDC la transición habría sido imposible; sin el PDC la redemocratización jamás habría gozado del orden en que se desarrolló; sin el PDC el avance del país no se habría concretado. Si bien en la actualidad el ideario de ese partido comienza a perder fuerza a raíz de su falta de diferenciación con el resto, lo que se debe realizar es bastante sencillo: la dirigencia actual cumplió, lo que se agradece y reconoce. ¿Puede esta dirigencia hacer más de lo que ya ha mostrado? No.



Por ende, el recambio es más que urgente, y no sólo es político, como ha señalado Enrique Krauss, sino también generacional. De no entender este mensaje, el PDC está condenado a su muerte definitiva. Esto tampoco es una exageración.



* Mauricio Morales es cientista político y periodista.



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