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Ä„Las emisiones contaminantes no se transan!

por 19 febrero, 2002

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Cuando en la ciudad japonesa de Kyoto se suscribió, en 1997, el Protocolo del mismo nombre, muchos experimentaron la sensación que, por fin, la humanidad enfrentaba con un viso de cordura una de las mayores amenazas ambientales. No era para menos, pues hacía tiempo que la comunidad científica, refrendada por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (IPCC), venía prediciendo que las emisiones de anhídrido carbónico implicarían incrementos de hasta 5,8 grados centígrados en la temperatura de la atmósfera terrestre, durante este siglo. Las consecuencias de esta aparentemente pequeña variación de temperatura, profusamente documentada por investigaciones responsables, pueden ser devastadoras para la vida en el planeta.



La renuencia del actual Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, George W. Bush, a ratificar el Protocolo de Kyoto, ha asestado un duro golpe a las esperanzas y al larvario optimismo desatado tras la firma de éste documento. En sustitución, el mandatario está ofreciendo un nuevo plan para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.



La iniciativa, vía incentivos tributarios, motiva a las empresas a adoptar tecnologías de menor impacto y a los consumidores a adquirir bienes más amigables con el medio ambiente. Eventualmente podría operar una especie de Permisos de Emisión Transables, para aquellas empresas que generan un superávit de contaminación por sobre los niveles de emisión autorizado.



Estos sistemas, de carácter voluntario ambos, no certifican la reducción de las emisiones, pues, como explican los economistas, las decisiones de los agentes económicos descansan en el cálculo costo-beneficio asociado a una actividad. Es posible, entonces, que si las ganancias tributarias no compensan las inversiones requeridas para abatir los niveles de emisión, los productores prefieran no recibir tal beneficio, a cambio de continuar produciendo con costos más bajos. La misma racionalidad opera en el caso de los consumidores.



Por su parte, a los Permisos de Emisión Transables, insinuados en la propuesta, cabe hacerles un comentario similar: si el precio ofrecido por la "unidad de emisión" excedente, no se compensa con la inversión en los cambios tecnológicos, estos no se realizarán. La literatura económica establece la impredictibilidad como una de las mayores falencias de este instrumento de regulación ambiental. Lo que está en juego es demasiado importante como para que estas decisiones queden al capricho de productores y consumidores. Se requiere de una regulación y el Protocolo de Kyoto es un primer paso en esa dirección.



Si el presidente Bush, con el objeto de reducir las emisiones contaminantes, está interesado en instaurar sistemas alternativos al establecido en dicho Protocolo, es por que está consciente de la gravedad del problema y no desconoce el diagnóstico que ubica a Estados Unidos como país responsable del 25 por ciento de la emisión mundial de gases de efecto invernadero. Sin embargo, su obsesión por el crecimiento económico, le impide tener una mirada responsable, solidaria y de largo plazo.



En Chile bien sabemos de esas obsesiones.



Confiemos que pese a la renuencia del gran país del norte, el Protocolo alcanzará el número de signantes requeridos para entrar en vigor.



Director Ejecutivo Greenpeace Chile



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