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¿Hay algo que celebrar?

por 14 marzo, 2002

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Este gobierno ha desarrollado la habilidad de autocelebrarse. Las tres conmemoraciones, incluyendo la del triunfo en la segunda vuelta, han sido multitudinarias. Pero se ha apoderado de ellas un sesgo cada vez más marcado de espectáculo, de representación escénica. En las dos primeras, la excelencia de los conjuntos musicales ponía en sordina, pero no ahogaba, el contenido político.



Pero en la última conmemoración del segundo año, la referencia política se quedó atrapada entre bastidores. Estuvo presente sólo de modo indirecto, lejano, por signos, por lo demás confusos. Por ejemplo, estuvo expresada en la actuación de Illapu, grupo simbólico. Pero algunos de los integrantes de ese conjunto habían públicamente tomado distancia del sentido particular del acto, para otorgarle una connotación más general de espectáculo por la transición.



Esta lejanía de lo político en un acto organizado para celebrar el triunfo electoral de Lagos es (Ä„qué duda cabe!) un signo, más bien un síntoma, de los tiempos. En la fiesta reciente se evitó, incluso, el discurso presidencial, al que le hubiese correspondido definir ante los ciudadanos en general la significación de lo realizado en el bienio y los proyectos de futuro. Pero Ä„para qué politizar las cosas!



La estrategia de los organizadores fue convertir el asunto en un megaevento, una especie de sustituto de los clásicos universitarios o de la fiesta de la primavera. Una hermosa y colorida conmemoración, donde la ausencia de la palabra política puso en clara evidencia que desde el gobierno se piensa más en espectadores que en ciudadanos.



Quizás, desde su punto de vista, tengan toda la razón. Para las democracias de baja intensidad, como ésta, esa figura puede ser peligrosa. El ciudadano, cuando asume en serio su papel, puede ser impertinente, preguntón, cuestionador y, lo que sería peor, asociativo. Y en este tipo de regímenes políticos, cuya obsesión por la gobernabilidad se ha vuelto enfermiza, la crítica y el desafecto por lo realizado son consideradas propias de desadaptados. De acuerdo a las nuevas metáforas presidenciales hay que colegir que se trata de personas con graves defectos, no sé si ópticos, interpretativos o morales: Ä„no son capaces de ver el agua en el vaso, ni de agradecer que éste tenga un poco de líquido, en vez de estar vacío!



Esa eliminación del contenido político de la cita fiesta conmemorativa tiene una razón de fondo. Ella es la misma que marcó la última campaña parlamentaria, la vigencia de una concepción apolítica de la política. La mayoría de los candidatos prefirieron persuadir por su físico. Un postulante por el norte seducía al electorado con su aspecto de galán de teleserie, una candidata afirmaba amar su circunscripción. Casi todos usaban como contenido político una foto con una sonrisa alegre, interesante o cándida.



En el caso del segundo aniversario existe una razón adicional para eliminar el contenido sustantivo. ¿Qué iba decirse sobre un gobierno sobre el cual se dice casi unánimemente que aún no ha comenzado? Sólo metáforas respecto al punto de vista con que las cosas se miran.



A un gobierno liderado por el sector progresista de la Concertación debe exigírsele reformas efectivas a favor de la solidaridad social y la igualdad de oportunidades. Pero para avanzar en esa dirección (y no permanecer estancado) es necesario ir más allá de políticas tímidas y conciliatorias que buscan la cuadratura del círculo, como la reforma laboral y el seguro de cesantía, rechazadas ambas por las organizaciones sindicales más representativas.



El mismo Presidente ha señalado (espero que no sea otra metáfora) la necesidad de una política industrial. De paso, ha puesto en evidencia lo que se niegan a ver los optimistas empedernidos: que para llegar a la modernidad capitalista debemos exportar bienes con mucho mayor valor agregado en sectores con ventajas comparativas. También ha dicho que hay que invertir en ciencias y tecnologías mucho más que lo se invierte ahora.



Pero ¿por qué no se ha hecho nada importante en esa dirección? ¿Dónde están los planes, programas, leyes, diagnósticos? Sepa moya. La solución no vendrá por el puro efecto mágico, aunque ahora el senador Foxley piense lo contrario de la reactivación, sino por una reorientación del actual modelo de desarrollo.



Si no se hace nada que solucione las causas de los problemas, que radican en la aplicación dogmática de una política que en lo esencial es continuidad de la de Büchi, no podrán impedir que el mismo Büchi sea el próximo gurú económico de Chile.

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