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El Muro de Lo Barnechea, retrato del Chile XXI

por 29 marzo, 2002

Lavín combate a los comerciantes ambulantes con el apoyo de Carabineros, y Lagos combate contra los pehuenches resguardando los bienes de una transnacional con el apoyo armado de Carabineros.
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Ä„Qué país de mierda tenemos! Y el Presidente se permite decir, después que llega de Monterrey, que la casa estaba ordenada. ¿A qué le llama orden? ¿Al muro levantado en la comuna de Lo Barnechea de los ricos contra los pobres, a la persecución contra los comerciantes ambulantes, a los cientos de miles de cesantes, a los trabajadores contratados en la mañana y finiquitados en la tarde, a quienes les roban sus cotizaciones, a la reforma de salud que no es otra cosa que la privatización de la salud pública y una canasta básica de prestaciones, o a la actitud sumisa con los Estados Unidos y su guerra delirante contra el terrorismo?



Nada está en orden para los pueblos, nada es legal para los trabajadores y los pobres. Y por lo tanto, nadie puede llamar a respetar esta legalidad cuando no se nos consulta nuestra opinión y la política la convierten en un negociado.



Lavín combate a los comerciantes ambulantes con el apoyo de Carabineros, y Lagos combate contra los pehuenches resguardando los bienes de una transnacional con el apoyo armado de Carabineros.



Y llega un embajador de Estados Unidos a darnos lecciones de cómo se debe actuar en el plano internacional, pidiendo condenar a Cuba. Pero una cosa es lo que hagan los gobiernos y otra lo que piensan las mayorías, los trabajadores, los jóvenes, las mujeres, la diversidad étnica y sexual que terminará por imponerse.



Ä„Hasta cuándo soportamos todo esto! La exigencia de más organización del pueblo, de más conciencia, de más disposición a luchar con toda fuerza en las calles es imperiosa para todos los demócratas y progresistas: si no, volveremos a las épocas más oscuras. Una dictadura del capital, del neoliberalismo administrado por los Fox, los De la Rúa, los Lagos.



Ya sean de derecha o de supuestas terceras vías, lo único cierto es que defienden con toda indignidad a los grandes grupos económicos o las grandes empresas. Y si hay corrupción, Ä„qué importa! Total, son amigos.



Y claro, el Parlamento sigue ahí como triste espectador y reflejo de lo que Pinochet quiso: un Congreso no democrático, no representativo.



La permanencia del sistema binominal, de los senadores designados y vitalicios, es un acto de corrupción en política. Una estafa a quienes creyeron que en 1989 se iniciaba el retorno a la democracia. Y ahora, en este ambiente pervertido de muros y razzias callejeras, es natural que las reformas constitucionales se negocien tal como se anota en la prensa. El gobierno negocia con la derecha, y claro, se trata de legislar para ellos con nombres y apellidos para que todo siga igual.



La casa no está ordenada, está absolutamente pestilente, y no bastan los muros como el de Lo Barnechea para impedirlos.



* Secretaria general del Partido Comunista de Chile.



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