Construir futuro asumiendo el pasado - El Mostrador

Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 20:11

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Construir futuro asumiendo el pasado

por 8 abril, 2002

Es evidente que un país tiene que construir, tiene que desarrollar de manera sistemática iniciativas que permitan apropiarse el futuro, darle forma según los requerimientos de las antiguas y sobre todo de las nuevas generaciones. No obstante, eso no puede hacerse sobre el vacío.

Muy tempranamente, la sociología se percató del valor de los rituales en la vida social. Son momentos emotivos, cargados de simbolismo y de carácter casi religioso, independientemente del contenido de la actividad. No es raro que así sea, pues el ritual se vincula a la etimología del re-ligare, actualizar el vínculo de una comunidad (orden religiosa, masonería, institución académica, etcétera) consigo misma y con su propia historia.



Hace poco me correspondió participar de uno de esos ritos. Se trataba de la firma de un convenio de colaboración entre la Universidad Alberto Hurtado, de la que formo parte, y la Fundación Tucapel Jiménez. Creo que muchos de los que asistimos íbamos con la idea de cumplir una formalidad común en la vida académica. Sin embargo, pienso que todos nos sentimos tocados en lo profundo por lo que allí sucedió.



Presidía la testera Tucapel Jiménez hijo, luchador incansable porque se haga justicia a su padre y abocado hoy a presidir la fundación que aspira a perpetuar el legado de compromiso con la democracia y los derechos de los trabajadores que nos dejó el dirigente asesinado. De marcado parecido con su padre, los ojos de este hombre trasuntan dolor pero también esperanza. Se le ve reconciliado con la vida.



A su lado estaba el actual presidente de la ANEF, quien junto con homenajear a su antecesor mártir defendió la dignidad del servicio público y valoró esta instancia de colaboración entre el mundo académico y una fundación inspirada en figura tan señera, todo ello con el objeto de mejorar el nivel de capacitación de las nuevas camadas de sindicalistas del sector público y el privado.



Fernando Montes, visiblemente emocionado, se refirió a lo significativo que era para nuestra comunidad académica ver converger en torno a la actividad a dos figuras históricas que entroncan con una común búsqueda apasionada de la justicia: Alberto Hurtado y el propio Tucapel Jiménez.



Hubo algo en esa actividad, de naturaleza frecuentemente formal, que me hizo pensar en una actitud que nos hace una tremenda falta como país. Se trata del falso debate entre mirar y concentrarse en el futuro o quedarse irremediablemente anclado en el análisis doloroso del pasado.



Así planteado, ese debate es un sofisma. Es evidente que un país tiene que construir, tiene que desarrollar de manera sistemática iniciativas que permitan apropiarse del futuro, darle forma según los requerimientos de las antiguas y sobre todo de las nuevas generaciones. No obstante, eso no puede hacerse sobre el vacío, sobre el ejercicio de la amnesia de lo que nos incomoda del pasado.



Ese es el sentido profundo de honrar a un mártir. Es no renegar de los valores que él defendió y que nos interpretan. Es actualizar esos valores, proyectarlos al futuro.



Curiosamente, la referida actividad casi coincidió con el aniversario de la muerte de otros mártires: los profesionales degollados José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero. Es bueno recordar que esos hombres murieron porque se encontraban muy avanzados en la investigación del terrorismo de Estado, desarrollado, entre otros organismos, por el tristemente célebre Comando Conjunto.



La sangre de esos mártires también fue fértil. Algunos de esos esbirros pagan penas de cárcel por sus horrendos crímenes, y a estas alturas ya es difícil que alguien niegue que esa brutalidad es parte del legado de la dictadura.



Construir futuro asumiendo el pasado es posible. Sin odio pero también sin renegar, sin escamotear lo que fue. Reconciliados con nosotros mismos, con nuestra propia historia. Como el joven Tucapel, que dignifica y proyecta el legado de su padre, un hombre que, entre otras cosas, murió para que uno pudiera escribir libremente estas páginas.



* Doctor en sociología, coordinador del Seminario Interdisciplinario de la Universidad Alberto Hurtado.



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