Medio Oriente, ¿limpieza étnica? - El Mostrador

Jueves, 14 de diciembre de 2017 Actualizado a las 20:05

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Medio Oriente, ¿limpieza étnica?

por 14 abril, 2002

Es el momento de preguntarse quién es el actual líder israelí que ha sepultado los esfuerzos de paz que impulsó Bill Clinton, sentando en su momento a la mesa de negociación a Yasser Arafat y Isaac Rabin.

En la Conferencia Mundial contra el Racismo que se desarrolló en 2001 en Durban, Sudáfrica, Mary Robinson, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, afirmó que "no es tiempo de ser pusilánimes". Nunca una aseveración fue más visionaria.



Hoy es el momento de exigir que la política exterior de nuestros países se plantee con energía en función de una visión menos pragmática y más afincada en los principios universales, que se ven transgredidos por situaciones como la que hoy vive Medio Oriente, en un clima de guerra solapada, de reacciones suicidas, de una escalada de violencia y odio difícil de frenar, con estilos represivos contra la población civil que rememoran las limpiezas étnicas que asolaron los Balcanes durante los '90.



Es el momento en que entidades regionales de América Latina, como el Grupo de Río, se manifiesten a través de la diplomacia directa para exigir un cambio de actitud efectiva de parte de Israel frente a la Autoridad Nacional Palestina. Es el momento de salir del patio trasero para ir por cuenta propia a plantear señales independientes en pro de la paz.



Se debe sostener una posición que haga sentir que nuestra región no mantiene una alineación cerrada a favor de la política norteamericana, sobre todo considerando que últimamente ésta se debate de manera poco sutil entre las ofertas de zanahoria y garrote.



Es válido reiterar una unánime condena por principio a cualquier tipo de terrorismo, pero de igual forma se deben fijar criterios éticos para rechazar la imposición de los terrorismos de Estado que anulan las libertades públicas y los derechos humanos más elementales.



Están frescas en las retinas de la humanidad las limpiezas étnicas en Bosnia, Croacia y Kosovo. El Tribunal Penal Internacional ha sometido a juicio a Slobodan Milosevic, otrora omnipotente presidente de Serbia y los restos de Yugoslavia. Se ha señalado durante el proceso que la personalidad enfermiza de Milosevic es, junto con la de Hitler, un caso clínico que arrastró a tragedias multitudinarias.



Por ello, es el momento de preguntarse quién es el actual líder israelí que ha sepultado los esfuerzos de paz que impulsó Bill Clinton, sentando en su momento a la mesa de negociación a Yasser Arafat e Isaac Rabin. El ex general Ariel Sharon, halcón del partido nacionalista Likud, es un viudo con dos hijos, de 72 años. Triunfó en las elecciones sobre el primer ministro laborista Ehud Barak. Sin embargo, su historial no es político, sino eminentemente militar.



Su carrera empezó a los 14 años, cuando se sumó a la lucha contra el ejército colonial británico. Participó en la guerra de la independencia de 1948 como jefe de una compañía de infantería, y pasó a una unidad especial que llevó a cabo operaciones de represalia contra los palestinos. Sharon combatió también en la campaña del Sinaí, en la Guerra de los Seis Días y en la guerra del Yom Kipur.



Su carrera militar fue empañada por haber estado ligado a las matanzas de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en Beirut, donde en 1982 las falanges cristianas libanesas, con la protección del Ejército israelí que Sharon lideraba en su calidad de ministro de Defensa, asesinaron a entre 800 y 2 mil civiles, la mayoría mujeres y niños, como represalia a las actividades de la OLP.



La investigación concluyó que el ministro era el responsable, por lo que fue obligado a abandonar su cargo. Pesa sobre Sharon la causa judicial que le ha abierto un tribunal belga por los crímenes de 1982.



Un segundo episodio que refleja la trayectoria belicista del actual primer ministro es el caso de la Explanada de las Mezquitas. Este ocurrió el 28 de septiembre del año pasado, cuando acudió al tercer lugar santo del Islam custodiado por más de 2 mil soldados israelíes, con lo que sepultó la propuesta de paz de su adversario político, Barak, que había hablado de compartir la ciudad con los palestinos.



Esta provocación fue la chispa que encendió la nueva Intifada, exacerbando posiciones extremas, como la de los mártires hombres-bomba que responden con acciones suicidas contra civiles en medio de las ciudades militarizadas de Israel. El proceso de violencia ha dejado más de mil 500 muertos y por encima de 15 mil heridos.



Tras los atentados del 11 de septiembre, Sharon ha endurecido su posición y su discurso. Desde aquel día trata de sintonizar su posición ultraderechista con la guerra contra el terrorismo emprendida por George Bush. Su propuesta de hacer de Jerusalén una ciudad exclusiva para Israel atenta contra 2000 años de historia. Es demencial pretender amurallar como un nuevo Berlín la ciudad santa de Jerusalén.



A las esperanzas de paz y reencuentro entre palestinos e israelíes, con una Jerusalén ecuménica y de amplia convivencia y tolerancia, Sharon ha opuesto la lógica de la guerra. Su último paso ha sido declarar a Arafat y a la Autoridad Nacional Palestina colaboradores de actividades terroristas.



Sharon se ha convertido en un díscolo aliado que sigue sus propios impulsos, sin importar los costes que éstos tengan para la débil política exterior del Presidente Bush hijo.



* Especialista en gerencia internacional y relaciones internacionales, escritor, académico y consultor.



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