Nunca en domingo - El Mostrador

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Nunca en domingo

por 17 abril, 2002

Nicolás, compañero, por favor, no pido que renuncies al PPD (aunque muchos creen que deberías hacerlo). Sólo te pido: haz tus declaraciones técnico-ideológicas en días de la semana, nunca en domingo.

En aquel tiempo, el Faraón llamó a sus ingenieros, arquitectos y albañiles, todos constructores expertos en grandes obras de ingeniería.



"Levantad una gran pirámide", ordenó, "capaz de alzarse por sobre todas las que hasta hoy se han construido. Una capaz de transformarse en un hito, en la admiración de todos los pueblos actuales y futuros".



Tímidamente un joven sacerdote, asesor audaz e impulsivo, sin expertise suficiente en asuntos de Estado, demasiado joven como para entender que el prestigio presente y el confort mortuorio del faraón ocupaban los primeros lugares de la agenda y prioridades macropolíticas, se atrevió a señalar que la construcción piramidal implicaría la muerte de unos cuantos millones de esclavos.



El faraón, abandonando por un momento su condición divina y como simple autoridad de gobierno, con un golpe de esa autoridad zanjó la discusión y le espetó graciosamente:



"Esta es una discusión técnica, no ética".



Nihil novum sub sole.



Nada nuevo bajo el sol.



Nuestros postmodernos tecnócratas globales (y da exactamente lo mismo que se hayan educado en la Business School de Oxford, en la Compañía de Jesús, en el Massachusetts Institute of Tecnology, en la escuela de cuadros del Partido Comunista Chino o en nuestra orgullosa Escuela de Negocios Adolfo Ibáñez), siguen religiosamente, casi con veneración reverencial, la doctrina faraónica en materia de asuntos de Estado: "este tipo de temas son esencialmente técnicos, no éticos". "Estos son asuntos para los que salen en la tele, no para televidentes".



Así, por favor, no seamos gasfíteres. Los esclavos que debían morir en la construcción de la tumba del faraón por motivo alguno podían opinar sobre un tema respecto del cual carecían de los conocimientos técnicamente pertinentes.



Toda esta diatriba es a propósito de la edición del día 7 de abril del diario El Mercurio, que tituló "Ministro de Hacienda: No más gasto público, deuda ni impuestos" y citándolo, pone en su boca la frase maldita aquélla: "Este es un asunto técnico, no ético".



(Nótese que el decano reserva el primer titular de su Cuerpo A, máxime en domingo, sólo para acontecimientos como la caída del muro de Berlín, los hechos del 11 del septiembre, tanto en la Moneda como en las Torres Gemelas, y a eventos fáctico-orgásmicos como escuchar de boca de un ministro PPD que el gasto y la deuda pública, así como los impuestos, son un asunto técnico, no ético).



Les aseguro que ese domingo siete fue un día negro para mí.



"Ä„Ä„Papá!!", gritó esa mañana uno de mis dos hijos (ambos ya mayorcitos). "Tu compañero ministro (con ese tonito irónico que los papás políticamente de izquierda hemos aprendido a soportar) ha decretado la derogación de la ética en cuestiones económicas".



Medio despierto, medio dormido, me di cuenta que traía los diarios del domingo, y leía el titular y la frase ministerial como si fuera una heráldica mensajera proclamando una novedad urbi et orbi.



Rápido yo (ejercicio que practico con mis hijos desde que asumí, hace doce años, que la Concertación era el único camino viable para conquistar la democracia) recorrí mentalmente las opciones que tenía para impedir las preguntas que se me venían encima:



Una: "En esta casa, mientras yo pague las cuentas los diarios los leo yo primero" (demasiado autoritario, me dije).



Dos: "Se trata de un sibilino titular mercurial" (El Mercurio miente, pero nunca tanto).



Tres: (demasiado tarde, pues mi hija ya se había sentado en la orilla de la cama, se había incorporado mi hijo al festín y mi mujer daba claros signos de abandonarme a mi propia suerte).



Con su mejor dicción y voz tipo frecuencia modulada me leía:
"Esta es una discusión técnica, no ética. Cierre de comillas y punto". Terminó y se me quedó mirando.



Tomé finalmente una decisión que cumplo en este momento.



"Hijos", les dije, "a ese ministro de Hacienda de mi partido, progresista y de centroizquierda, le contesto con un artículo que ningún medio se atreverá a publicar. A mi no me va a venir con que se ha muerto la ética. Ya es suficiente con el gringo-japonés que terminó con la historia. Si me viene con muchas le mato la economía (a esas alturas me había envalentonado con el impulso de mi propio verbo). Qué se cree el muy ministro: alguien tiene que hacerle entender que todo asunto humano es ético al mismo tiempo que económico, sociológico, cultural..." (en el fondo de la mirada de mis hijos creí ver por un momento que recuperaba mi autoridad paterna, esa admiración filial que me había ganado en los años '70 poniéndole pecho al frente a la dictadura de Pinochet, pero el brillo de sus miradas fue contradicho por una sonrisa que, sin ser irónica, reflejaba que el capital acumulado en esos años estaba completamente gastado. En esa cuenta corriente ya no queda nada).



Negro domingo siete aquel.



Nicolás, compañero, por favor, no pido que renuncies al PPD (aunque muchos creen que deberías hacerlo). Sólo te pido: haz tus declaraciones técnico-ideológicas en días de la semana, nunca en domingo.



Ä„Por favor!



* Abogado, secretario general del PPD.

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