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Salud: ¿Qué nos pasó en Chile?

por 7 junio, 2002

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Chile ha sido un país pionero y modelo en lo que a políticas de salud se refiere. Así, por los '60 nuestro modelo de Servicio Nacional de Salud sirvió de base a varias naciones del continente, entre ellas Ecuador y Cuba, en la implementación de sus servicios sanitarios. En este último país los cambios que se han realizado a tan vetusto modelo no han sido muchos, y no podemos sino afirmar con envidia que el acceso y la equidad a la salud en la isla es para todos la misma.



Hoy muchos de nosotros vemos a ese modelo como justo y digno, ya que moros y cristianos no son diferentes al momento de enfermarse y todos por igual reciben el mismo tipo y calidad de atención.



¿Qué nos pasó?



Por mucho tiempo convivieron en Chile el modelo público (Servicio Nacional de Salud) al cual todos los hijos de esta tierra tenían acceso por igual y en el que todos cotizaban sin diferencia para financiar una salud digna para los chilenos, con la salud privada, a la que podían optar quienes dispusieran de mayores ingresos.



En aquel entonces algunas cajas, como la Bancaria y el Sermena, permitían la atención con bonos emitidos a los pocos profesionales que aceptaban los sistemas prepagados de atención de salud. El resto no creía en ese sistema, ya que el fuerte de la atención y el desarrollo del conocimiento médico se hacía en los hospitales.



La economía social de mercado, modelo económico de los '80 que enfatiza la premisa del autofinanciamiento, generó profundos cambios en nuestro modelo de salud. Se crearon las isapres y los chilenos podían cotizar en uno u otro sistema, los que son de por sí excluyentes. Hoy cerca del 30 por ciento de los chilenos de mayores ingresos cotizan en las Instituciones de Salud Previsional y el resto en el sistema público o Fonasa; esto no deja lugar a dudas de que la mayor riqueza se concentra en las primeras, las que a pesar de sus quejas muestran resultados positivos en los últimos años.



En ellas las mujeres en edad fértil tienen un costo mucho más alto que los varones de la misma edad, así como los pertenecientes a la tercera edad. Esto se basa en que los costos de la salud de dichos grupos etáreos son mucho mayores.



¿Podemos llamar equidad a esto?



Como si lo anterior no bastara, dichas instituciones se arrogan, por ejemplo, la prerrogativa de acortar las licencias médicas, con lo que dan a suponer que el reposo otorgado por profesionales no es el adecuado para los pacientes que lo reciben, y sin examinarlos deciden reducir su beneficio. Al mismo tiempo, la comercialización de la medicina ha llegado a tal punto que algunas isapres cancelan a los médicos prestadores honorarios inferiores al de Fonasa, aduciendo un tema presupuestario y sin considerar la calidad de la atención y la relación medico-paciente.



¿Será el AUGE la solución a todos nuestros problemas de salud?



Mientras no se cuente con remuneraciones dignas en los hospitales públicos, como ocurre en Estados Unidos y Europa -donde la dualidad médico de hospital/médico privado no existe, los profesionales chilenos no nos veremos obligados a dedicar una parte de nuestro tiempo al hospital y otro a la consulta, sino que concentraremos nuestra actividad y esfuerzo a la atención de los enfermos que más lo necesitan.



De la misma manera, si no se cuenta con un financiamiento adecuado para los beneficiarios del sistema de salud público, éstos podrán enfermarse sólo de las 56 enfermedades garantizadas en el Plan, y ni pensar de las otras.





* Miembro de la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología, de la Sociedad Chilena de Climaterio y de la International Menopause Society

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