La inversión esquiva, la globalización financiera y el gasto fiscal - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 20:51

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La inversión esquiva, la globalización financiera y el gasto fiscal

por 12 julio, 2002

El sistema financiero es un filtro con rasgos oligopólicos que limita la baja de tasas, y en este campo la realidad es mas fuerte que los manuales de macroeconomía. El hecho concreto es que la política monetaria expansiva, habida cuenta de los rezagos que tiene, no ha dado los frutos esperados, pues la demanda interna se sigue contrayendo.

Desde el tercer trimestre del año 2000 el ritmo de crecimiento de la demanda interna y del PIB de la economía chilena vienen sistemáticamente picando hacia abajo. Las razones que se han esgrimido para explicar este fenómeno son muchas, pero si excluimos las de carácter fundamentalista (leyes laborales, exceso de regulación, impuestos elevados, insuficiencia de gasto social) nos quedamos con lo que más directamente incide en el movimiento señalado. Es decir, los impactos de la evolución del entorno internacional y del diseño de la política económica de corto plazo para hacer frente a la situación.



En este proceso de desaceleración de la actividad económica y la demanda interna nos parece relevante destacar tres hechos. El primero es que las exportaciones de bienes y servicios (a precios constantes) han atravesado este período difícil de la economía chilena con mucho dinamismo, creciendo dos o tres veces más rápido que el producto, y cuando se trata de exportaciones de un mayor grado de elaboración esa diferencia ha sido aún mayor.



No obstante, la dinámica exportadora no logra arrastrar con decisivo impulso a la actividad interna en términos de empleo y gasto, lo que muestra el insuficiente grado de encadenamiento del modelo exportador chileno.



El segundo hecho significativo es que la controvertida norma fiscal del 1 por ciento de superávit estructural se demostró plenamente compatible con una política presupuestaria anticíclica, de tal suerte que dentro del período de desaceleración que analizamos el gasto público creció sobre el crecimiento del producto (en torno a 5 por ciento anual con un 11 por ciento de crecimiento de la inversión pública). Ello estableció un piso al crecimiento del PIB de 1 por ciento. De lo contrario, la situación actual sería peor.



Por último, el hecho más relevante es el deterioro sistemático del ritmo de crecimiento de la inversión a partir del segundo trimestre del 2001. Este hecho es inquietante, pues no habrá crecimiento robusto de la actividad económica y del empleo mientras la inversión no se recupere.



La inversión privada



Como es sabido, el grueso de la inversión en Chile es realizada por el sector privado (alrededor de un 85 por ciento), y por tanto, el comportamiento de este sector tiene una influencia decisiva en el comportamiento de la inversión total. En este sentido, el último catastro de la Corporación de Bienes de Capital (que incluye solo los proyectos superiores a 5 millones de dólares) realizado a fines del primer trimestre del presente año proyecta para el próximo quinquenio (2002-2006) inversiones privadas que totalizan un 10 por ciento menos que la cifra observada en enero recién pasado, y 22 por ciento más baja que el monto obtenido en el catastro realizado en septiembre del 2001.



Este es el estado de animo del sector privado respecto a las decisiones de inversión, que puede naturalmente variar en los próximos trimestres según el grado de recuperación de la economía mundial y la efectividad de las políticas económicas de corto plazo.



En el análisis económico, la identificación de los determinantes de las decisiones de inversión del sector privado no es tarea fácil, y no hay un pensamiento único. Sin embargo, si suponemos que las grandes empresas no tienen mayores problemas para acceder al mercado de capitales doméstico o externos, como sería el caso chileno, entonces no es difícil aceptar que las decisiones de inversión del sector privado, habida cuenta de la incertidumbre y riesgo de las que son prisioneras, dependen principalmente de las utilidades que esperan obtener los capitalistas, las cuales, a su vez, dependen de las expectativas de crecimiento futuro en sus ventas, el nivel de utilización de la capacidad productiva que posee cada empresa, y el margen de ganancia esperado.



En este contexto, es evidente que un deterioro en las perspectivas de crecimiento de los principales socios comerciales de Chile afectará las decisiones de inversión, incluso en el caso de las exportaciones manufactureras que crecen en volumen a un 10 por ciento anual. Dado que las grandes empresas de este sector solo exportan un 20 por ciento del total de sus ventas, el impacto global para el sector industrial en términos de ampliación de mercado es de solo 2 por ciento.



Por otra parte, el margen de ganancias esperado es hoy mas acotado que ayer, sea porque la competencia de afuera es mas fuerte, o porque la debilidad de la demanda doméstica hace más difícil cargar márgenes mayores. Por último, el deterioro en las perspectivas de crecimiento de la demanda interna es también un factor que inhibe las decisiones de inversión, ya sea por la existencia de capacidad productiva no utilizada o porque el consumo de los hogares depende de los flujos futuros de ingresos que son poco promisorios.



La inversión directa extranjera



Escapan a la lógica recién comentada la inversión directa extranjera y la inversión pública. La primera obedece a consideraciones estratégicas que hacen las empresas multinacionales o los Fondos Institucionales de inversión, sobre las actuales turbulencias por las que atraviesa la economía mundial.



De estas consideraciones surgen los movimientos de capitales hacia valores refugio o hacia mercados que están creciendo muy dinámicamente, como el caso de Asia, liderado por China, o hacia economías desarrolladas con grandes mercados de capitales.



Chile, sin embargo, ocupa el lugar 21 del ranking que evalúa el ambiente existente en 60 países que ofrecen condiciones favorables para la inversión externa, y es lejos el país más atractivo para invertir en toda la región (antes que México y Brasil). Sin embargo, dada la actual coyuntura internacional, Chile no ha podido transformarse en el "santuario del capital extranjero" de la región. Por el contrario, en el primer cuatrimestre del presente año la inversión directa extranjera se ha contraído en un 78 por ciento respecto a igual período del año precedente.



Esto no significa que hallan desaparecido las oportunidades de inversión del país. Ellas son potencialmente muy importantes, sobre todo después del Acuerdo con la Unión Europea, y del conjunto de Acuerdos que Chile ha suscrito en la década pasada que le permiten hoy entrar sus exportaciones con arancel cero a mercados tan relevantes como Canadá, México, Centroamérica y buena parte de la región.



Pero es evidente que no basta con "ser buen alumno frente a los mercados financieros" para capturar sostenidamente una proporción relevante de los flujos de capitales externos.



La inversión pública



En lo que se refiere a la inversión pública, tradicionalmente considerada como una variable de política económica que cumple varias funciones (entre otras, dinamizar el mercado interno y reducir la incertidumbre que rodean las decisiones de inversión privada), está sujeta en el mundo globalizado de hoy a algunas restricciones.



En efecto, las autoridades económicas en Chile, apoyadas por el empresariado, han jugado a fondo la carta de la globalización financiera, es decir, permitir la libre entrada y salida de capitales del país. La adopción de un tipo de cambio flexible facilitaría además tal decisión.



Para una economía pequeña como la chilena, la globalización financiera exige una estricta disciplina fiscal, dejando solo a la políticas monetaria como instrumento de regulación macroeconómica vía tasa de interes de referencia.



En condiciones normales , una indisciplina fiscal (aumento del déficit) se pagaría cara, pues acarrearía un aumento en la tasa de interés que induciría un aumento en la entrada de capitales externos, y dado el tipo de cambio flotante se terminaría con una reevaluación del peso que castigaría al sector exportador.



Hasta aquí el viejo teorema de Mundell-Flemming que inspira a todo el establishment. Volvamos a la prosaica realidad.



La política fiscal



La economía chilena ha incorporado todos los principios recién mencionados. La disciplina fiscal quedo plasmada en la regla del 1 por ciento de superávit estructural, potente señal para ganar credibilidad en los mercados financieros, pero también impuso una fuerte limitación a la flexibilidad que el propio proceso de globalización exige para hacer frente a situaciones imprevistas como las que estamos viviendo.



La disciplina fiscal permitió, además, mantener un bajo riesgo país y un crédito externo barato para las grandes empresas. En este contexto, las autoridades y el empresariado han señalado que el gasto fiscal no es el mecanismo mas eficiente para impulsar la demanda o el consumo doméstico, todos ellos cautivos del teorema recien señalado. De este modo, la política monetaria asume toda la responsabilidad de la reactivación.



La limitada efectividad de esta política ha sido ampliamente debatida. La reducción de tasas de interés que el Banco Central acuerda no se transmiten tan rápidamente en una baja de la gama de tasas de interés del sistema financiero. No llegan a las Pymes y llegan limitadamente a las tasas de interés de largo plazo que son las que inciden eventualmente en las decisiones de inversión del sector privado.



El sistema financiero es un filtro con rasgos oligopólicos que limita la baja de tasas, y en este campo la realidad es mas fuerte que los manuales de macroeconomía. El hecho concreto es que la política monetaria expansiva, habida cuenta de los rezagos que tiene, no ha dado los frutos esperados, pues la demanda interna se sigue contrayendo.



Incluso es posible que en la situación actual la inversión privada sea muy poco sensible a la baja de tasas de interés, y lo sea mucho más a la expansión del gasto interno.



De este modo, la economía chilena enfrenta actualmente una encrucijada compleja, marcada por la economía estadounidense, que no logra afirmar su recuperación, las turbulencias creadas en torno a la evolución de las economías de Argentina y Brasil, y una política monetaria expansiva que opera desde agosto del 2000 pero que no logra aún revertir la desaceleración de la actividad económica.



En este contexto imprevisto y anormal, nos parece perfectamente legítimo plantear el tema de un aumento del gasto público como elemento de reactivación del mercado interno, en la espera de un mejoramiento del entorno externo. El tema hay que acotarlo, naturalmente, pues de lo que se trata es de un aumento transitorio del gasto fiscal, lo que implica que no se puede aumentar el gasto público con mayores transferencias, gasto social o gasto que tenga un carácter permanente.



En ese caso, lo único pertinente es un aumento de la inversión pública y de los gastos en investigación y desarrollo de proyectos que permitan aprovechar las oportunidades de penetrar mercados externos hoy muy abiertos para Chile . El financiamiento de este mayor gasto debería darse a través de un mayor endeudamiento del sector público en el mercado de capitales domésticos o externos, donde el país aún tiene espacio para hacerlo.



La colocación de bonos públicos para sembrar infraestructura en el país no tiene por qué desplazar necesariamente a la inversión privada o hacer subir la tasa de interés domestica, pues ello se hace cuando hay un repliegue de la inversión privada, y suponemos que el aumento del gasto público se hará en las proporciones adecuadas.



No es evidente, aunque sí mas dudoso, que la colocación de un bono soberano para estos propósitos suba la prima de riesgo-país y haga mas oneroso el crédito externo para las grandes empresas. Pero también es cierto que la existente baja prima de riesgo país no ha alentado a las grandes empresas o la inversión externa a aprovechar plenamente las oportunidades de inversión existentes en Chile.



Nada de lo que hemos propuesto aquí tiene que ver con el populismo o la vuelta del socialismo, como dirían los talibanes del liberalismo. Se trata mas bien de un ejercicio pascaliano de ouverture d'esprit.



* Director de Estudios de la Dirección de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon) la Cancillería.

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