Chile y Nueva Zelandia - El Mostrador

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Chile y Nueva Zelandia

por 10 agosto, 2002

Actualmente en el mercado local neocelandés se pueden encontrar productos de por lo menos seis viñas chilenas, y casas neocelandesas tan prestigiosas como Montana adquieren vino chileno para venderlo bajo su etiqueta como producto binacional, con la seguridad de que no están arriesgando su prestigio.

El tema principal en la vinculación entre Chile y Nueva Zelandia es definitivamente el económico-comercial. A las puertas de una nueva etapa en el comercio internacional, en la cual Chile tiene orientada más de la mitad de su economía al sector externo, la presencia de un socio que represente una puerta de entrada a nuevos mercados adquiere gran importancia.



En Nueva Zelandia, Chile es visto como un país con el cual se tienen muchas similitudes en diversas áreas. En lo político, ambos son sistemas democráticos y estables; en lo social, los dos representan la fusión de dos culturas, la europea y la nativa; y en lo económico, ambos han sido pioneros en la apertura comercial y liberalización de mercados, coincidiendo en el tiempo.



Debido a su situación geográfica y semejanzas en clima y estructura, por mucho tiempo el uno vio al otro como un competidor, y la estacionalidad ha sido el factor determinante. Ahora bien, el desenvolvimiento de sus relaciones ha pasado a un plano en el cual se mira la cooperación como la mejor opción para participar a mayor escala en los mercados mundiales, uniendo esfuerzos que produzcan volúmenes suficientes para cubrir la demanda en terceros mercados.



En Nueva Zelandia, nuestro país sin duda ha alcanzado un posicionamiento en el contexto latinoamericano como un punto crucial, pues representa la puerta de entrada a mercados tan importantes como el integrado por Mercosur, al resto del continente y al mundo a través de la red de acuerdos comerciales que ha firmado. Prueba de ello son las numerosas visitas que autoridades gubernamentales, encabezadas por la primera ministra, Helen Clark, han realizado a Chile.



No sólo se han alcanzado acuerdos en materia fitosanitaria, de protección y promoción de inversiones, sino que además, mediante la entrada en vigor en octubre del 2001 del Acuerdo de Vacaciones de Trabajo (Working Holidays), se abre la oportunidad a ciudadanos de ambos países de ir al otro para vacacionar teniendo la posibilidad de trabajar por un año (otros acuerdos son el de Promoción y Protección de Inversiones, Doble Tributación, Ciencia y Tecnología, Cooperación Consular, Cooperación de Chancillerías, Seguridad Social).



Debido a la importancia que dan ambos países a la educación, el intercambio de profesores y estudiantes ya se está dando con excelentes resultados. Hay seis universidades chilenas que tienen convenios con otras tantas contrapartes neocelandesas para el intercambio de profesores y postgraduados, o para el desarrollo conjunto de proyectos.



Actualmente continúan los esfuerzos para abrir negociaciones sobre un Acuerdo de Libre Comercio entre ambos países, que contempla la inclusión de Singapur. Si bien existen sectores sensibles -sobre todo en Chile- con respecto a esta iniciativa, es indudable que existen oportunidades a largo plazo no sólo para diversificar la presencia mutua bilateral, sino para abarcar otras regiones.



Las exportaciones tradicionales chilenas a Nueva Zelandia han sido productos básicos, como la harina de pescado, cobre y sus productos, frutas y hortalizas. Pero la gama se expande sobre la base del reconocimiento en ese país de Oceanía de la calidad y excelentes condiciones fitosanitarias de los productos chilenos.



Por muchos años, por ejemplo, el vino chileno fue considerado en Nueva Zelandia un producto de baja calidad, y se compraba a granel para reembotellarlo y distribuirlo a costo bajo. Desde entonces los vinos chilenos han ganado un merecido lugar destacado en el gusto neocelandés, que los adquiere ahora sabiendo que se trata de un producto de calidad reconocida mundialmente. Actualmente en el mercado local neocelandés, se pueden encontrar productos de por lo menos seis viñas chilenas, y casas neocelandesas tan prestigiosas como Montana adquieren vino chileno para venderlo bajo su etiqueta como producto binacional, con la seguridad de que no están arriesgando su prestigio.



Como se comentó previamente, el notable incremento que ha registrado la relación bilateral Chile-Nueva Zelandia ha incidido marcadamente en el número de visitantes de un país al otro. Ya desde antes de los sucesos de septiembre en Estados Unidos (cuya consecuencia en la reducción de demanda de servicios aéreos es por todos conocida), y los problemas financieros presentados por Aerolíneas Argentinas, así como la suspensión de vuelos compartidos a Auckland y Papeete entre LanChile y Air New Zealand, era difícil asegurarse cupo en los vuelos que conectan a este país con Sudamérica. Sin duda esta situación presentó una ventaja que Lan Chile aprovechó, y desde el primero de julio de este año han iniciado vuelos directos entre Santiago y Auckland con una frecuencia de tres veces por la semana.



La consideración de Chile como país de entrada a la región y otros puntos del globo se debe al similar desarrollo en el sector servicios que tienen ambos, en el aspecto de las comunicaciones como en el financiero, sin olvidar el sector turismo.



Este último es una veta que no se ha explorado lo suficiente. Los neocelandeses son grandes viajeros por tradición y necesidad, y los sitios arqueológicos, coloniales, las artes, artesanía, el medio ambiente y el turismo de aventura son algunos de los aspectos que el turista de ese país busca en sus viajes. Por un lado, el sur de Chile presenta el mayor grado de similitud con el paisaje neocelandés (fiordos, glaciares, bosques, lagunas, entre otros), por lo que se siente en terreno conocido y con la ventaja de tener acceso a otros lugares del continente. Por el otro, el norte impacta a los visitantes por su carácter agreste e innegables atractivos, y presenta también la facilidad de estar en poco tiempo en países cuya oferta turística ya es conocida.



Chile puede venderse como destino turístico utilizando un factor determinante para el turista de hoy: es un lugar seguro. Cuando se habla con neocelandeses que han estado varias veces en Chile, además de las bellezas naturales que ofrece, esa ha sido la razón que invariablemente los ha motivado a regresar.



El progreso que se da en la vinculación bilateral, sobre todo en el tema comercial de manera permanente, abre posibilidades de concretar e incrementar los niveles de inversión mutua y la formación de joint ventures, (lo que se verá impulsado con la firma de un acuerdo de doble tributación), que a su vez ofrece una nueva dimensión a las exportaciones a mercados del Asia-Pacífico, no sólo para las grandes empresas sino también para la pequeña y mediana, ya que se pueden orientar esquemas de innovación tecnológica para cubrir terceros mercados.



* Director comercial de ProChile en Wellington, Nueva Zelandia.



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