Chile, ¿una democracia inexpugnable? - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 10:21

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Chile, ¿una democracia inexpugnable?

por 26 septiembre, 2002

Los últimos días deben hacernos reflexionar profundamente acerca de las debilidades de nuestra democracia, que no está aislada de estos fenómenos. Por ello, deben destacarse las actitudes del comandante en jefe del Ejército y de los líderes políticos del PPD, de la Democracia Cristiana y del gobierno.

Han sido unas semanas horribles para nuestras democracias. En Ecuador pasan a la segunda vuelta presidencial dos populistas, un ex militar que se declara admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez y un derechista neoliberal del sector empresarial. Menuda opción la de los ecuatorianos. Y en Venezuela, dos bandos irreconciliables se enfrentan en las calles y la politización final de las Fuerzas Armadas parece inevitable.



En Chile las cosas se ven menos dramáticas, pero con un feo rostro. Me refiero a la corrupción en instituciones fundamentales: la presencia de vínculos de narcotraficantes y personal del Ejército de Chile, y, por el lado civil, el caso de tráfico de influencias entre empresarios del transporte, funcionarios de gobierno y congresistas.



El temor más grande viene de Venezuela. Cuando la política no es capaz de institucionalizar el conflicto social, es la violencia la que llega. Sobre todo si el conflicto nacional empieza a adquirir matices de lucha de clases, desbordes callejeros, violencia verbal, descalificación extrema del adversario hasta el punto de desearle la muerte, y presencia de poderosos intereses extranjeros en la región.



Venezuela, junto con Colombia y Costa Rica, fueron los únicos países cuyas democracias resistieron la Guerra Fría de los '70. La rica Argentina entre 1976 y 1983 sufrió 35 mil muertos y 10 mil desaparecidos. La pobre Guatemala experimentó 150 mil muertos y 45 mil desaparecidos entre 1954 y 1996. Ä„No podemos volver jamás a tan oscuros tiempos!



La corrupción en una Venezuela masivamente enriquecida por el petróleo, las injusticias ancestrales no resueltas y la incapacidad del liderazgo político de aprovechar una oportunidad histórica que se transformó en maldición llevaron al quiebre del sistema de partidos políticos venezolano y al populismo de izquierda. Y están a punto de otra crisis.



El caso colombiano no es menos dramático. Ahí encontramos una democracia consociativa excluyente en los '70. Dos partidos gobernaban, más bien sólo uno, amplias mayorías no votaban y las exclusiones sociales eran inaceptables. La guerrilla y el narcotráfico destruyeron el sistema político y han llevado a Colombia al callejón sin salida de la militarización de la política. Mal que mal, la droga es un negocio que mueve el 8 por ciento del comercio mundial (unos 400 mil millones dólares).



Doce de los 27 países más destacados en cuanto a producción o tránsito de narcóticos son latinoamericanos. La violencia ha producido 20 mil muertos en Colombia y la corrupción ha llegado al ejército, la policía y el poder judicial. Los jueces que se resistieron a ella han sido asesinados por decenas.



Los últimos días deben hacernos reflexionar profundamente acerca de las debilidades de nuestra democracia, que no está aislada de estos fenómenos. Por ello, las actitudes del comandante en jefe del Ejército y de los líderes políticos del PPD, de la Democracia Cristiana y del gobierno deben destacarse.



En efecto, el general Cheyre ha reaccionado inmediatamente, y ha hablado de la incorruptibilidad del liderazgo militar desde la cima hasta la base. En esa definición hay que apoyarlo con todo. Chile a duras penas ha podido soportar la honda división entre los hombres de armas que practicaron sistemáticamente la violación de los derechos humanos, y que aún hoy intentan ocultarlo, Comando Conjunto mediante.



A ello no se pueden agregar dudas acerca de la presencia de lazos con el narcotráfico en el Ejército, cuyas redes se percibían en ciertos ámbitos policiales y judiciales. Lo anterior es simplemente un ataque gravísimo a nuestra democracia, nuestra economía abierta y nuestra soberanía.



Lo que ha hecho el PPD está en la línea correcta. En efecto, ha hecho inmediatamente ver que no hará defensa de militantes quienes, por meritorios que sean, deben aclarar toda duda sobre su irreprochabilidad. Por ello, las responsabilidades políticas se han hecho sentir con la renuncia o la suspensión de sus cargos directivos o militancia. Del mismo modo, en algunos casos las responsabilidades administrativas se han asumido con hidalguía renunciando a cargos públicos.



El presidente de la DC ha tomado distancia de algunos de sus diputados por actitudes que la han parecido dudosas. Destaco lo anterior, porque en estas materias siempre se debe ser tan justo como prudente, fuerte como templado. Ello porque en primer lugar, nunca se debe olvidar el principio de caridad elemental que exige siempre "separar la persona del error", el delincuente del delito, el pecador de su pecado. Lo otro es volver a los linchamientos, a las crucifixiones, a las lapidaciones, a la quema de brujas o a la guillotina públicas.



Lo segundo es jamás dejar a un lado el prudente principio que reza: "el que esté libre de pecado, lance la primera piedra". Hay unos fiscalizadores, Casandras de desastres y Catones torcidos que realmente dan miedo.



Tercero, se debe reclamar siempre que "las personas pasan y las instituciones quedan". A personas que realizan actos de corrupción no las queremos ver en cargos públicos, pero sí queremos que los partidos políticos vivan y tengan una vida saludable, por el bien de todos nosotros. Observemos las crisis de las democracias cuando la corrupción y el populismo destruyen los partidos.



Cuarto, nunca debemos caer en el error del moralista extremo que todo lo reduce a culpas individuales. Si el problema es generalizado, ¿debemos creer que hay una especial concentración de gente malvada en una determinada repartición pública, partido político o rubro empresarial? ¿No será que estamos ante un mal sistémico que es el financiamiento ilegal, ilimitado, oscuro, corrupto y privado de la política? ¿Hasta cuándo esperar que se legisle de una vez para poner límites a los gastos electores, exigir cuentas públicas de todo dinero asociado a la política y financiar públicamente a los partidos políticos y las campañas electorales para garantizar la igualdad e independencia de nuestros representantes políticos?



Hay ahorros que no hay que hacer e inversiones que son impostergables. Una de ellas es el financiamiento público, legal, limitado y transparente de la política.



No esperamos más.



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