El león y sus gatos - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 12:31

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El león y sus gatos

por 25 octubre, 2002

Un recado al PPD, para que cambie urgentemente su slogan, porque al parecer el león ya no defiende a nadie y de seguir por el mismo camino podría convertirse más bien en un detestable gato de campo.

El domingo pasado, dos diputados del PPD se atrevieron a llamar a la oposición a tener "pudor político" ante las graves denuncias de corrupción que comprometen a un parlamentario de esa colectividad (y ex ministro del Presidente Frei) y al ex subsecretario de Transportes y flamante presidente del Partido Radical.



Más que molestia, un llamado de esa naturaleza simplemente nos provoca risa. Para empezar, el que debiera sentir pudor es el propio gobierno, de comprobarse que efectivamente, al menos desde diciembre, tenía antecedentes de las irregularidades cometidas en el Ministerio de Transportes y, no obstante las reiteradas advertencias de la presidenta del sindicato de trabajadores de esa secretaría y la investigación encargada a la Contraloría, se mantuvo al subsecretario en cuestión ejerciendo su cargo hasta junio de este año.



Pudor debieran sentir, desde luego, los propios parlamentarios del PPD, que seis meses después de develarse el envío de correspondencia partidaria a cuenta de la presidencia de la Cámara de Diputados, deben enfrentar este confuso episodio, en el que se combinan el pago regular y sistemático de tráfico de influencias a un diputado, los sobornos exigidos por un subsecretario a un empresario de dudosa reputación, la contratación a honorarios de asesores ministeriales cuyas funciones hasta ahora se desconocen, el ofrecimiento de "incentivos" a cambio del silencio y complicidad de funcionarios públicos, etc., etc., etc.



Como de costumbre, la izquierda, partiendo por el propio Presidente Lagos, ya ha empezado su campaña para confundir a la ciudadanía, equiparando lo que constituyen delitos penados por la ley y graves abusos de poder, con el gasto electoral, como si los chilenos fueran incapaces de distinguir entre una vulgar coima y la legítima recaudación de fondos que exige cualquier candidatura.



De acuerdo a la torcida lógica comunicacional de la Concertación, la manera más fácil de acallar los ya habituales escándalos de corrupción es enredar situaciones, generar dudas en la ciudadanía, victimizarse, en este caso dando a entender que la raíz de los delitos denunciados es la necesidad de financiar campañas políticas.



El llamado "caso coimas" se encuentra aún en estado de denuncia pública y la justicia será la encargada de comprobar los hechos revelados y determinar las respectivas responsabilidades y sanciones legales, pero -por el momento- convengamos que hay elementos que generan al menos dudas:



Primero, las declaraciones de Patricio Tombolini, quien asegura que prepara una "batería de argumentos jurídicos" para demostrar su inocencia, en circunstancias que bastaría sólo con decir la verdad. Luego, la ineludible mirada atrás, para repasar los constantes tropiezos de la Subsecretaría de Transportes, las contradicciones respecto de los fotorradares, los errores en materia de cobradores automáticos, las cuestionadas vías segregadas; entre otros.



Y la irritación colectiva cuando nos imaginamos que mientras con una mano el subsecretario restringía severamente la circulación vehicular de los santiaguinos, con la otra podría haber estado cobrando suculentos montos para visar el funcionamiento de plantas de revisión técnica fraudulentas.



Recomendaciones varias: a la Concertación, para que se decida a enfrentar con decisión y sin ambigüedades a sus militantes corruptos, porque en definitiva el peor de los juicios será el electoral. Al Partido Radical, para que dé prueba de su compromiso con la transparencia y la honestidad y, ante la duda, se resista a ser conducido por quien protagoniza hoy un escándalo de proporciones. Y al PPD, para que cambie urgentemente su slogan, porque al parecer el león ya no defiende a nadie y de seguir por el mismo camino podría convertirse más bien en un detestable gato de campo.



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