¿La política fiscal prisionera de los mercados financieros internacionales? - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 10:49

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¿La política fiscal prisionera de los mercados financieros internacionales?

por 28 octubre, 2002

Como dicen las autoridades, no hay soluciones mágicas para reemprender el camino de un crecimiento robusto, sobre todo si se tiene en cuenta el sistemático deterioro del entorno comercial externo de Chile y las turbulencias financieras de la región. Esta situación ha contraído los márgenes de ganancias del sector exportador chileno, que ha hecho un gran esfuerzo, ayudado por un mejoramiento del tipo de cambio, para contrabalancear la mala coyuntura.

En todos los países democráticos, la discusión del presupuesto de la nación es un momento crucial en la percepción de su devenir económico. Además, ello tiene hoy una particular importancia para los principales actores del mercado financiero internacional.



En el caso que nos ocupa, la discusión presupuestaria en nuestro país, el actual gobierno ha presentado un presupuesto "austero y prudente", rasgos que compartimos aunque por razones un tanto distintas de las aducidas por las autoridades. La oposición de derecha, en un rapto de subjetivismo, argumenta que el presupuesto fiscal para el 2003 es "poco austero e imprudente". La verdad es que por este corto camino llega a un impasse lógico insalvable, pues no se puede estar de acuerdo con el piloto automático de la política fiscal, es decir, la regla del 1 por ciento de superávit estructural, y al mismo tiempo reclamar que el crecimiento del gasto fiscal que sale de esta regla es "poco austero".



En este caso, es mejor decir que no se está de acuerdo con la regla fiscal y que habría que reemplazarla por el criterio de obtener un presupuesto efectivamente equilibrado, lo que en las actuales circunstancias significaría llevar a la economía chilena a una fuerte recesión.



El segundo argumento de la oposición es que el déficit fiscal estaría mal medido, pues no considera el déficit del Banco Central ni el de las empresas publicas, los cuales serían sumados, según el FMI, de 1.9 por ciento del PIB en 2002. Este es un viejo tema contable, aunque no inocente por sus implicancias analíticas y políticas.



Los países de la Comunidad Europea analizan sus presupuestos sin las cuentas de las empresas públicas, pues merecen un debate de naturaleza distinta a la política fiscal propiamente tal. Por otra parte, los bancos centrales pueden generar déficit llamado cuasi fiscal, pues ello ocurre fuera de los caminos tradicionales de la política fiscal (por ejemplo, la adquisición de pasivos privados, como fue el caso de la deuda subordinada en la década de 1980).



Para un debate adecuado de la política fiscal el déficit tal cual es medido por las autoridades de Hacienda es el correcto. Sin embargo, haciéndose eco de esta crítica, algunas clasificadoras de riesgos se embarcaron en una verdadera campaña del terror al argumentar que "las cuentas fiscales de Chile son un desastre". Las autoridades entregaron cifras consolidadas de la deuda pública bruta y neta que desvirtúan definitivamente la visión catastrofista de dichas clasificadoras.



En efecto, la deuda pública bruta del Gobierno General aumentó moderadamente durante los últimos cuatro años en que se ha vivido una situación externa difícil: esta deuda se sitúa actualmente en un 17 por ciento de PIB, cifra que se compara favorablemente con otras cifras disponibles de países desarrollados o emergentes.



Por último nos encontramos con el tercer argumento de la oposición, que postula que el déficit fiscal estimado de 0.8 por ciento del PIB de 2002 y de 0.7 por ciento estimado para el próximo año significará un endeudamiento del país que podría ser peligroso si se transforma en tendencia. Es muy arbitrario suponer que la situación de déficit fiscal que vive la economía chilena en los últimos dos años marque tendencia, pues implica desconocer de una plumada el deterioro del entorno internacional y el repliegue del precio del cobre comenzado a fines del año 2000, y sus implicaciones para las finanzas públicas y el crecimiento de la economía chilena.



La evolución de las cuentas fiscales está muy asociada al comportamiento y duración del ciclo de actividad económica y del precio del cobre. En consecuencia, deducir que los déficit -que además son muy moderados dada la situación del mercado interno- marquen tendencia es de por sí un exceso de subjetividad . Luego se entiende que el déficit fiscal de estos años es transitorio: en todas partes del mundo el déficit fiscal ha crecido pero nadie podría concluir que ello marque tendencia. Por lo tanto, el financiamiento externo de este déficit o uno mayor es transitorio, pues si no lo fuera ya habría aumentado nuestro riesgo país hace mucho tiempo.



Como dicen las autoridades, no hay soluciones mágicas para reemprender el camino de un crecimiento robusto, sobre todo si se tiene en cuenta el sistemático deterioro del entorno comercial externo de Chile y las turbulencias financieras de la región. Esta situación ha contraído los márgenes de ganancias del sector exportador chileno, que ha hecho un gran esfuerzo, ayudado por un mejoramiento del tipo de cambio, para contrabalancear la mala coyuntura.



El camino escogido ha sido un aumento del volumen exportado junto a un desplazamiento de los flujos de exportación de un mercado a otro. Igualmente, muchas grandes empresas con inversiones fuera del país, particularmente en los países vecinos, han registrado una baja ya no solo en los márgenes de ganancia, sino también en su tasa de retorno. Pero esta situación negativa para las grandes empresas es transitoria y propias a la parte baja del ciclo.



La política fiscal que acompaña el actual presupuesto esta asentada en lo fundamental en la regla del 1 por ciento de superávit estructural. Una trasgresión de ella implicaría un aumento en el riesgo-país y un encarecimiento del crédito externo para las grandes empresas (las pequeñas y medianas empresas no recurren a esta fuente de financiamiento) y el propio fisco. Tener un déficit mas allá de lo que indique la regla señalada, y dada la elevada sensibilidad sobre este tema que hoy existe en los mercados financieros internacionales de la región, hace correr el riesgo que nos asemejen a nuestros vecinos, lo que puede inducir a que los bancos extranjeros suspendan las líneas de crédito y los inversionistas extranjeros retiren inversiones en cartera.



Desde este punto de vista, la política fiscal ha sido y es prudente respecto a las exigencias de los mercados financieros internacionales y las oficinas clasificadoras de riesgo. En cierta medida podemos decir que la política fiscal ha devenido cautiva de estas últimas. Pero esta prudencia se da, además, en el contexto del reconocimiento de que la política monetaria expansiva esta agotada, justo cuando el mercado interno prácticamente no crece en buena medida debido al repliegue de la inversión, y un gasto público que aunque crece mas rápido que el producto no logra imprimir la dinámica deseada.



Junto a este cuadro se tienen como activos de la economía chilena la apertura de importantes mercados externos destacando el de la Unión Europea, y muy probable el mercado de los Estados Unidos (con lo cual debería afianzar un bajo riesgo país), una reducida deuda publica externa y un sistema financiero sano respecto a los cánones que se miden afuera. Si hacemos abstracción del deterioro de la cohesión social interna derivado de un prolongado y elevado desempleo, la pregunta relevante que nos podemos formular es ¿puede Chile aspirar a utilizar sus potencialidades y la reconocida solidez de su economía fuera de Chile para convencer a los mercados financieros internacionales de los beneficios de un shock reactivador de la inversión privada y pública que puede significar una transgresión moderada de la regla fiscal?



O dicho de otro modo, ¿puede Chile formular una nueva estrategia de crecimiento mas allá del rating que fijan las clasificadoras de riesgo? De ser así, la economía chilena tendría que combinar ortodoxia con heterodoxia, y podría salir al encuentro del próximo ciclo expansivo en mejores condiciones. En caso contrario, habrá que hacer la rutina habitual para cumplir con la regla y esperar tiempos mejores en el entorno internacional y regional.



(*) Director de Estudios de la Dirección de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon) la Cancillería.



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