¿Estamos condenados a ser gobernados por Joaquín Lavín? - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 07:41

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¿Estamos condenados a ser gobernados por Joaquín Lavín?

por 16 noviembre, 2002

Creo que la cuestión es hacer de la actual crisis política una oportunidad de recambio dentro de la coalición de gobierno. El hecho que una misma alianza gobierne no significa que las mismas personas lo hagan, ni que el que gobierne tenga todo el poder, que es lo que corrompe, y no haya prensa libre, Contraloría independiente y Poder Judicial eficaz.

El debate acerca de la corrupción está politizándose en el eje gobierno/oposición. Para Joaquín Lavín resulta evidente que el caso coimas es una demostración que se debe proceder al cambio de gobierno. El argumento es claro como el agua: mucho tiempo en el poder corrompe. Por eso es bueno que de tiempo en tiempo los que están en el gobierno pasen a la oposición y viceversa. Sería el principio de la alternancia en el poder.



Sin embargo, lo cierto es que el tan mentado principio democrático no existe. Veamos. Lo que la democracia exige es que las elecciones sean limpias, libres, regulares y competitivas. Cada cierto lapso, los que están en el gobierno van a elecciones en las que someten a evaluación lo hecho ante el pueblo. Esas elecciones deben ser sin fraude, y respetando libertades fundamentales como las de asociación, expresión y reunión.



Y sobre todo, deben ser competitivas. Es decir, todas las opciones políticas relevantes tienen el derecho de participar en las elecciones.



Ahora bien, el hecho que haya alternancia en el poder depende de la evaluación que haga el electorado del gobierno en ejercicio y de los postulantes a reemplazarlos. Si los electores creen que el gobierno lo ha hecho mal y/o que la oposición tiene mejores líderes, equipos de trabajo y programa, se producirá el cambio de gobierno y la alternancia en el poder. Si no se dan ninguna de las dos evaluaciones, es decir, si la gente cree mayoritariamente que el gobierno lo ha hecho bien y/o que la oposición es peor que el gobierno en ejercicio, no habrá alternancia.



Que el principio de alternancia en el poder no existe se ve en la práctica. Muchas de las democracias más exitosas del mundo demuestran una notable estabilidad de los gobiernos. Por cierto, hay países con sistemas de predominio de un mismo partido tres o más elecciones seguidas, como en el Japón. Hay otros de pluralismo moderado, donde compiten entre tres y cinco partidos por el poder, pero más bien gobierna uno solo. Veamos algunos casos.



Noruega cuenta con predominio socialdemócrata entre 1945 y 1977, con una sola derrota en 1965. En Suecia, el predominio de un solo partido comienza en 1932 y solo tiene un traspié en 1976 antes que recuperara el poder. Si vemos el caso alemán, la CDU gobernó con gran estabilidad desde 1953 hasta 1976.



Existe también el caso de países bipartidistas. En Estados Unidos, desde 1861 más que alternancia en el poder hay largos períodos de superioridad de un solo partido. Desde Lincoln hasta Franklin D. Roosevelt los republicanos ocuparon 14 presidencias y los demócratas solo cinco. Desde 1933 hasta Nixon, en 1968, los demócratas ganaron siempre, salvo los gobiernos de un suprapartidista como Eisenhower.



En diez elecciones en Australia, desde 1946 a 1976, apenas ha existido una victoria clara (en 1946) y un empate (en 1961) del partido laborista, que estuvo en la oposición 23 años. Y la derecha volvió a gobernar en 1975 y 1977. Lo mismo ocurre con el Partido Nacional de Nueva Zelandia. Solo Gran Bretaña tiene un sistema pendular de gobierno entre laboristas y conservadores.



Por ello, si se me permite una cita, Giovanni Sartori, concluye que "el término de alternación debe entenderse de manera flexible, en el sentido de que implica la expectativa más bien que el hecho real del traspaso del gobierno".



Se cita mucho el caso italiano, en el que cuarenta años de gobierno demócratacristiano, solo o en coalición, llevaron al país a la corrupción. Digamos que ese partido encontró a Italia en 1945 destruida por una guerra, con dos enormes partidos no democráticos: fascistas y comunistas. Y cuando se fue del poder, Italia no sólo era democrática, sino también una de las siete naciones más industrializadas y ricas del mundo. No es un mal balance.



Agreguemos que la corrupción se debió más a cuestiones culturales (¿ha bajado la corrupción con Berlusconi?) y al hecho que hasta 1989 Italia fue el caso de una democracia bloqueada: era imposible que el principal partido de oposición -el Comunista- llegara al poder en un país que pertenecía a la OTAN en medio de la Guerra Fría. Para impedir eso se permitió todo.



Volviendo al caso chileno, si la derecha sigue encabezada por un partido que presenta militares a las elecciones y se niega a llevar a cabo reformas consconstitucionales democratizadoras elementales, cuesta creer que sea bueno para la democracia que llegue al poder.



Por ello, creo que la cuestión es hacer de esta crisis política una oportunidad de recambio dentro de la coalición de gobierno. El hecho que una misma alianza gobierne no significa que las mismas personas lo hagan, ni que el que gobierne tenga todo el poder, que es lo que corrompe, y no haya prensa libre, Contraloría independiente y Poder Judicial eficaz.



Quedan tres años y fracción del actual mandato presidencial. Los problemas de la gente son trabajo, salud, educación y seguridad ciudadana, no dedicarse a perseguir representantes populares o funcionarios públicos venales. La tarea de la Concertación es hacer la pérdida y enfrentar los desafíos de siempre: democracia e igualdad para todos. Hacer bien la tarea y jugársela por volver a ganar la confianza del pueblo en las siguientes elecciones municipales, parlamentarias y presidencial.



No está escrito en ningún manual de ciencia política que estemos condenados al gobierno de Joaquín Lavín el 2006.

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