Y después, Ä„incendiad el Reichstag! - El Mostrador

Jueves, 23 de noviembre de 2017 Actualizado a las 15:48

Autor Imagen

Y después, Ä„incendiad el Reichstag!

por 19 noviembre, 2002

"Adolf ha meditado largamente sobre el asunto y ha decidido que ha llegado la hora de yugular al PfD de manera definitiva. Dos de los diputados de su partido le han puesto la solución al alcance de la mano. Un contratista público de Hannover, cansado de financiar clandestinamente al PfD, les ha pedido que destapen la olla y monten un escándalo en los medios de comunicación".

Hurgando en unos viejos archivos de la prensa alemana encontré un relato notable sobre un episodio muy poco conocido del ascenso del nazismo al poder. Se trata de una historia sobre cómo Adolf Hitler liquidó a un pequeño partido político a finales de 1932 para limpiarse el camino hacia la Cancillería. El texto, con un lenguaje más propio de una novela, se publicó en una hoja disidente en 1938 y es de autor desconocido.



En las elecciones de julio de 1932, el partido de Hitler fue el más votado de Alemania con un 40 por ciento de los sufragios. Pero el 6 de noviembre de 1932, en otras elecciones provocadas por la caída del gobierno de Von Papen, los nazis pierden dos millones de votos y dejan de ser el partido más fuerte. Los votos nazis se han escurrido hacia un pequeño partido, el PfD.



Entre el 6 de noviembre y el 2 de diciembre de 1932, fecha en la que se produce la ruptura entre Hitler y Gregor Strasser, jefe de los "nazis de izquierda", el máximo líder del partido ordena la destrucción del PfD y pone el asunto en manos de dos de sus más fieles diputados.



El relato, según una traducción libre mía, es el siguiente:






Adolf se paseaba inquieto por su despacho en la sede del partido. Desde el ventanal se puede ver la famosa Unter den Linden, donde discurre el caótico tráfico de la capital y medran los vendedores de frutas y los de kino. En las paredes cuelgan los símbolos que durante años han seguido las masas, pero a los que en las últimas elecciones han comenzado a darles la espalda.



Si no hubiese sido por su mano dura, por su visión estricta y fanática que tanto cuestionan los disidentes, el partido nunca habría recuperado la forma y la disciplina que muestra ahora.



Pero ha llegado la hora de dar un paso más en la marcha hacia el poder. Hay un pequeño partido, sin tradición ni ideología, que le está robando el electorado al partido de Adolf. Se trata del Partei für la Demokratie (PfD) que en las últimas elecciones supo aprovechar disciplinadamente sus candidaturas y que amenaza con frustrar el ascenso de los nacionalsocialistas al poder.



Adolf ha meditado largamente sobre el asunto y ha decidido que ha llegado la hora de yugular al PfD de manera definitiva. Dos de los diputados de su partido le han puesto la solución al alcance de la mano. Un contratista público de Hannover, cansado de financiar clandestinamente al PfD, les ha pedido que destapen la olla y monten un escándalo en los medios de comunicación. Para eso les ha prometido papeles, cheques, vales vista y todo lo que fuera necesario.



Por eso, los diputados han sido invitados a venir al despacho del gran jefe esa mañana.



-¿Tenemos los papeles? - pregunta Adolf secamente sin saludar a los diputados.



-Tenemos todo- contesta el diputado más gordo-. A los del PfD les hemos agarrado con los pantalones bajados...



-Muy bien. Esto funciona - dice Adolf con un brillo malicioso en sus ojillos-. A partir de ahora, esta operación pasa a ser máximo secreto. Ustedes se encargarán de hablar con los periodistas y contarles la historia. Tienen que hacer creer a los reporteros que están haciendo periodismo de investigación.



-¿Y eso cómo se hace, mein Führer?- pregunta el diputado menos gordo.



-Ä„Huevones! - grita Adolf perdiendo la compostura y dejando que su mechón rebelde le caiga sobre los ojos-. Eso es muy fácil. No se entrega el dossier entero, sólo se entrega una parte y se dejan las cosas más fáciles de confirmar para que los periodistas hagan un par de llamadas telefónicas y descubran el pastel. Así creerán que han hecho su trabajo.



-Ä„Brillante, mein Führer!- exclaman los diputados nazis-. Está claro que la providencia del Walhalla, las Walkirias y Sigfrido y los Nibelungos lo han puesto a usted aquí para dirigir nuestros destinos y llevarnos a la gloria.



-Una vez que la opinión pública sepa que el PfD no es más que una ristra de ladrones...- Adolf comienza a desvariar en voz alta mientras se pasea por el despacho- ...entonces podré apretar al Canciller para que acabe con el trato de favor que el PfD recibe en el Reichstag. Tendrán que echarlos de la cueva y sólo cuando cumplan esas condiciones, el Canciller volverá a tener mi apoyo.



-Ä„Otra vez brillante, mein Führer!- corean los diputados.



-Ä„Antes no me sentaré a la mesa ni para comerme unas salchichas con chucrut- grita casi fuera de sí.



Adolf, que ha ido dando vueltas por la habitación dando grandes zancadas y con las manos cogidas a la espalda, ensimismado y hablando sin parar sobre lo primero que se le viene a la cabeza, está ahora dando la espalda a los diputados, detrás de su escritorio y mirando el símbolo del partido.



-Pero hay un pero...- truena Adolf enigmático.



-¿Cuál?- dicen los dos diputados.



-Si a ustedes los pillan en esto, sólo queda un opción- dice mientras se da la vuelta para enfrentarlos con sus ojillos vidriosos.



-¿Cuál es esa opción?- pregunta el diputado más gordo.



-Tendrán que decir que el partido no sabía nada y el Tribunal de Disciplina los expulsará... Y ustedes morirán pollo.



-Pero...-el diputado menos gordo comienza a tartamudear-. Eso no es posible. Toda mi familia ha sido del partido desde tiempo inmemorial.



El diputado más gordo también quiere abrir la boca y protestar.



-Eso o la Luger- dice Adolf mientras abre un cajón de su escritorio y saca una pistola negra que pone encima de la mesa.



Los diputados, que se han puesto pálidos, se miran desconcertados.



-Ä„Preferimos la expulsión!- contestan a coro.



-Muy bien- dice Adolf. Así, cuando todo se haya olvidado, siempre podremos rehabilitarlos y cuando hayamos conquistado el poder, los colocaremos en alguna embajada.



-Ä„Gracias, mein Führer!- dicen los diputados mientras se consuelan pensando que Adolf no es tan malo y que es muy difícil que la operación falle.



-Ahora váyanse derechitos al hotel y empiecen a trabajar- instruye Adolf. Si todo les sale bien tengo una misión mucho más importante que encomendarles: el incendio del Reichstag. Pero de eso hablaremos más adelante.



Hasta aquí la traducción.



______________

Vea otras columnas del autor

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes

Plan Individual

Anual:
$90.000
Semestral:
$40.000
Trimestral:
$20.000
Mensual:
$10.000

Plan Empresa

Anual:
$700.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 1.200.000)

Semestral:
$400.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 600.000)

Trimestral:
$200.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 300.000)

Mensual:
$80.000

Hasta 10 usuarios
(valor normal 100.000)