La salud, ¿una utopía? (I Parte) - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 16:33

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La salud, ¿una utopía? (I Parte)

por 20 noviembre, 2002

Si fomentamos la "enfermedad", el mejor plan de financiamiento social será siempre insuficiente, ya que no se ha tomado en cuenta la dinámica de este fenómeno. Tampoco se logrará equidad, porque permitirá que personas sanas subsidien a las que por sus hábitos nocivos se han enfermado, y que el estado los financie con fondos de toda la sociedad.

Durante nuestra existencia vivimos en un cierto juego de satisfacción y carencias, equilibrios y respuestas. Estas respuestas varían según nuestros genomas, las transgresiones alimentarias incurridas y el estilo de vida. La salud nos parece un bien proximal, un estado al que nos podemos acercar aunque no perfectamente, quizás una utopía posible. Las alteraciones de nuestra salud originan ineludiblemente un costo biológico que no solo afecta nuestro capital de salud sino que se agrega como costo a toda la sociedad.



¿Por qué es necesario pensar algo más sobre la salud? En primer lugar, porque es un tema que nos toca en lo vital y relacionado con el ejercer o no un derecho constitucional, el derecho a la salud. Segundo, porque se ha propuesto a los chilenos una Reforma de la Salud (RS) dirigida a aumentar los servicios a las "enfermedades", pero no a fomentar la salud. Aunque es una buena iniciativa, ha seguido un camino equivocado convirtiendo un tema nacional de largo plazo en una oportunidad para los más diversos intereses. Y en tercer lugar, porque somos un país pequeño donde nos cuesta reunir los recursos para financiar los "estados alterados de salud".



Por tantas razones, es incomprensible que una reforma tan importante no haya sido promovida inteligentemente. La RS ya ha pasado por dos etapas y administraciones ministeriales con estilos diferentes. El mismo AUGE está basado en un no muy bien explicado concepto de solidaridad social.

Todo se ha confundido, en medio de críticas que han provenido de sectores corporativos los cuales piden que el nuevo sistema incorpore más "enfermedades", tendientes a maximizar la cobertura prestataria, o que se mejore la gestión.



No han sido los ministros de Salud los que han aportado mayor claridad. Tal vez por sesgo profesional, los últimos ministros, ambos médicos, han centrado el proyecto de reforma en el mero campo de las "enfermedades", y no parecen desalentar las causas mismas de los problemas de salud.



Curiosamente, las mejores reflexiones sobre el tema han provenido de distinguidos profesionales fuera del sector de salud.



Entre éstos, notables son los aportes de Mauricio Jelvez en una columna en El Mostrador.cl, quien cree que una reforma en la salud debe ser centrada en las personas y marcar un punto de inflexión en la dinámica con que ha funcionado el sector desde hace varias décadas, y no suponer que los problemas y desafíos en salud se resuelven sólo desde la oferta, y por tanto, que todo se reduce en contar con más recursos para aumentar la producción en las prestaciones de salud".



Jelvez aporta conceptos esclarecedores, como los determinantes de la salud de la población, políticas públicas, saneamiento ambiental, sistemas de salud, recursos familiares y comunitarios, aspectos conductuales y biológicos. A estos, agreguemos los factores industriales de salud, los productos de una industria directamente relacionada con la salud, la industria farmacéutica (fármacos que enferman), los alimentos (alimentos sobreprocesados y con aditivos químicos) y la industria agroquímica (vegetales disminuidos nutricionalmente, semillas GM y biocidas).



El propio Presidente Lagos ha apuntado hacia una verdadera RS. En su estilo directo fijó ideas sobre el tema (Patio de los Naranjos, 21 de noviembre de 2001). Nos hizo pensar no en la "enfermedad" sino refocalizarnos desde un "punto de vista exactamente inverso: cómo hacemos para que la persona no vaya al médico", "cómo hacemos para que la persona siga sana y no enferma". A los médicos les recordó que la práctica profesional en la antigua China era tan ética que los médicos asumían el costo de los tratamientos cuando sus pacientes se enfermaban.



Por otra parte, algunos países europeos han abordado exitosamente el tema de salud pública. Recientemente nos hemos informado (BMJ, 12 de julio de 2002) de que el Ministerio de Sanidad de Holanda ha excluido varios fármacos de la protección sanitaria social, en virtud a que son "medicamentos de estilo de vida". El método holandés no devuelve a los pacientes el dinero de tratamientos, cuando las alteraciones de salud son evitables. Esta doctrina de medicamentos de estilo de vida ha elevado a Holanda en una de las naciones de menor gasto en medicamentos innecesarios (con sólo un 2 por ciento de incremento anual contra un 10 por ciento del promedio europeo).



Lamentablemente, la versión final de la RS no contempló estas líneas de pensamiento.



La RS debe ser rediseñada para apoyar a la salud y evitar que se convierta en un incontrolable factor inductivo del quantum de "enfermedades" de nuestro país. Alentar a las personas a salir de sus entrópicas y refrenar los hábitos nocivos tienen que ser sus objetivos racionales.



Si fomentamos la "enfermedad", el mejor plan de financiamiento social será siempre insuficiente, ya que no se ha tomado en cuenta la dinámica de este fenómeno. Tampoco se logrará equidad, porque permitirá que personas sanas subsidien a las que por sus hábitos nocivos se han enfermado, y que el estado los financie con fondos de toda la sociedad.



En esta perspectiva, una RS real, naturalmente sostenida, podría transformarse en el cambio más renovador del sistema de salud chileno de su historia, en la relación médico/paciente y de los parámetros de fomento de la salud natural y del combate de las "enfermedades". Hasta podría convertirse en exportación no tradicional que nos llenaría de orgullo.



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(*) Ingeniero, director Instituto Estudios Salud Natural de Chile (IESN Chile).

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