La salud, ¿una utopía? (Parte II) - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 02:59

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La salud, ¿una utopía? (Parte II)

por 21 noviembre, 2002

Cuando un producto natural se impone en el mercado, el modelo sanitario lo farmacomonopoliza mediante un mañoso y articulado neologismo de fitofármaco, sin considerar que los atributos saludables de las plantas alimentarias, aromáticas y terapéuticas han sido testeados en el mejor laboratorio conocido por el hombre -la naturaleza- y probados durante miles de años.

La muy mal planteada reforma de la salud (RS) necesita reformularse. Para comenzar, rebautizarla como Reforma de Apoyo a la Salud (RAS), ya que reflejaría mejor su intención que hoy no tiene.



La RAS debería enlazar tres componentes: (1) los actores principales que intervienen en la salud; (2) cambios en el Código Sanitario que rige la institucionalidad de la salud chilena, y (3) con una clara identificación de quiénes deben asumir la responsabilidad del financiamiento de los estados alterados de la salud.



Reconociendo a los grandes actores y sus deberes. En salud intervienen tres actores: las personas, el estado y las entidades prestatarias de los servicios de salud.

-Las personas que deben adoptar decisiones racionales en materia de salud y sostener un esfuerzo de sanidad. El respeto que pedimos para el medio ambiente, asociémoslo con nuestro propio ecosistema biológico. "Quien daña, paga" puede extrapolarse hacia las transgresiones de los estados saludables, incorporando el concepto de "tratamiento del estilo de vida", donde los estados alterados de salud auto-inducidos son de exclusiva responsabilidad personal, sin subsidios de naturaleza alguna.



-El Estado que debe producir las condiciones para que las personas puedan ejercer cabalmente su derecho constitucional a la salud, asistiendo con prestaciones si las transgresiones de la salud son generadas por un ambiente insano, o por un mal fármaco autorizado, u otros errores exógenos.



-Los prestadores de los servicios que son responsables de la efectividad. Si mantienen sanas a las personas, reciben un beneficio; si las personas alteran su salud, el sistema privado o público asume los costos de la rehabilitación.



Los nuevos métodos de sustentación de la salud. El actual Código Sanitario (CS) que data de 1931, ampara anacrónicamente una sola corriente: la medicina farmacológica.



En Chile existen más de 20 mil fármacos, a pesar de no más de 500 son realmente utilizados según el Colegio Médico. El Instituto de Salud Pública (ISP) es responsable sectorial de este manejo, dotado de omnímodas facultades, y actúa sin que existan organismos de farmacocontrol externos. Las moléculas farmacéuticas se mercadean sólo con algunos meses de estudios y pruebas, bajo hipótesis discutibles. Los mecanismos que amparan los registros de fármacos y los de rescisión no son suficientemente claros.



El CS no reconoce las nuevas profesiones, surgidas en la segunda mitad del siglo pasado, como los ingenieros químicos y en alimentos, bioquímicos, nutricionistas, e incluso profesionales con otras especialidades sectoriales.



Tampoco son reconocidas las terapias alternativas naturales. En la práctica se las inhibe.



Cuando un producto natural se impone en el mercado, el modelo sanitario lo farmacomonopoliza mediante un mañoso y articulado neologismo de fitofármaco, sin considerar que los atributos saludables de las plantas alimentarias, aromáticas y terapéuticas han sido testeados en el mejor laboratorio conocido por el hombre -la naturaleza- y probados durante miles de años.



Los beneficios de abrir las compuertas a los métodos naturales traerían una mejora notable a la salud de las personas y de paso reducir el gasto en salud, como fue mostrado fehacientemente en el terreno de las cardiopatías por el doctor James Blumenthal, investigador de la Universidad de Duke, ante el VII Congreso Iberoamericano de Psicología de la Salud (Santiago, 2 de octubre).



Para el país no puede ser indiferente si hacemos hacer crecer nuestro capital de salud mediante métodos naturales (cambios dietarios, suplementos nutritivos, ejercicios, técnicas blandas de apoyo) o si seguimos tratamientos farmacológicos y cirugías innecesarias, con efectos colaterales que implican "cascadas medicamentosas" que tratan sus efectos secundarios, terciarios, etcétera.

Por todo lo anterior, el CS requiere desmonopolizarse para permitir que irrumpan los métodos más innovadores y naturales, de menor costo y todo de urgencia.



Los estados alterados de salud (EAS) causados deben ser asumidos por los responsables. El tratamiento de todos los estados alterados debe ser promocionado en el contexto de formas más naturales de cuidar nuestra salud.



Los EAS tienen que ver con los trastornos ocasionados por causas evitables. Los orígenes de las EAS van desde los malos hábitos de salud, polución ambiental y laboral, educación sanitaria y manejos inadecuados de los tratamientos en la recuperación de la salud de las personas. Hemos identificado hasta siete EAS evitables, todos tienen en común que en el nuevo sistema RAS, que la responsabilidad y financiamiento de la recuperación de la salud recaería en los agentes causales y no en toda la sociedad.



Para inducir el abandono de crónicas prácticas insanas parece sólo ser posible si se emiten claras señales al consumidor irracional. El responsable del EAS debe pagar el tratamiento.

Las prestaciones de salud deben diferenciar claramente entre estos dos tipos de consumidores del sistema: los conscientes y los irracionales. Este ha sido el camino en parte emprendido en Holanda y otros países con mejor estándar de salud que el nuestro.

¿Cómo dirimir las probables controversias? Nuevos sistemas, nuevos problemas a resolver, fenómenos ineludibles de crecimiento. Para zanjarlos, una idea es que el nuevo sistema de salud cuente con instituciones éticas que resuelvan en las áreas de conflictos de ámbitos de cada estado alterado de salud.

Estoy consciente que una propuesta como la planteada RAS herirá intereses de variada índole. Pero hay que atreverse a este cambio que haría posible que la salud pública se transforme en una realidad y no en una absoluta utopía.



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(*) Ingeniero, director del Instituto Estudios Salud Natural de Chile (IESN Chile).

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