¿Qué hacer?: Experiencias en Copiapó y en La Victoria - El Mostrador

Lunes, 20 de noviembre de 2017 Actualizado a las 08:54

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¿Qué hacer?: Experiencias en Copiapó y en La Victoria

por 28 noviembre, 2002

El canal constituye un verdadero ejemplo de emprendimiento popular. Uso esa forma de enunciación, derivada del sustantivo emprendedor y del verbo emprender, porque creo que es indispensable disputársela a quienes hacen de ella un uso restringido, circunscrito a la esfera mercantil.

Soy invitado a menudo a participar en seminarios en Santiago o en provincias. Hace poco los impulsores del Centro Cultural José Martí de Copiapó, verdaderos mosqueteros de la lucha por crear espacios de reflexión, me pidieron que hablara sobre tópicos relacionados con la globalización y la cultura.



Este grupo variopinto, en cuyo núcleo activo conviven un erudito doctor en física y experimentados militantes sociales, realiza un activo trabajo de animación cultural en una de las zonas de Chile donde se despliegan con más fuerza las contradicciones del modelo de crecimiento exportador.



En el valle de Copiapó los parronales no solo están esparcidos en las hondonadas. Buscando sol y altura trepan los faldeos de los cerros agrestes, transformando el paisaje de esta ancestral región minera. Esa provincia, enverdecida por la tecnología y el trabajo humano, constituye una palpable expresión de que la creatividad que el capitalismo desarrolla en su búsqueda del lucro va siempre acompañada de destructividad.



Esta afecta a la naturaleza, la cual es exprimida sin planificación de largo plazo, pero sobre todo lesiona a los trabajadores temporeros, que son los nuevos afuerinos o los contemporáneos buscadores de oro. Algunos trashumantes, otros afincados en la región, todos están obligados a autoexigirse hasta el límite para aprovechar los cortos períodos en que son imprescindibles.



No solo los empresarios no demuestran ninguna voluntad de asociarlos a la riqueza que producen. Peor aún. Los sistemas de salarios impuestos, cuya base son las primas por jaba recolectada, los empujan a autoexplotarse.



En las discusiones realizadas después de las exposiciones siempre surgió la misma pregunta: ¿qué podemos hacer? Cuando era más inexperto caía en la tentación de hacer propuestas, que en general eran "ideales", pues provenían más de mi reflexión que de mi práctica. Ahora trato de devolverles la pregunta, haciéndoles ver que las respuestas las tienen ellos y que la mejor manera de discutir ese tema es poniendo en común las experiencias de cada uno.



La semana pasada, en el marco de una actividad de discusión sobre la situación de los presos de la Cárcel de Alta Seguridad, tuve la oportunidad de conocer una importante experiencia de acción político-cultural: el canal de televisión comunitario Señal 3 de la Población La Victoria. Ella proporciona una rica enseñanza de combate en el campo cultural, pues se ha fijado como objetivo impugnar de manera práctica el monopolio de la producción simbólica en el campo más difícil de penetrar. La cito en este articulo porque constituye una respuesta a la pregunta de qué hacer.



Observar en acción a los militantes sociales que manejan la Señal 3 constituye una vacuna contra la desesperanza y la impotencia, pues se han arriesgado con éxito en una zona compleja desde el punto de vista técnico y difícil desde el punto de vista político.



Esta experiencia tuvo sus orígenes en tiempos de la dictadura. Muchos de los animadores culturales que están a la cabeza de este trabajo pionero de televisión popular se formaron interviniendo los espacios oficiales. Su forma de acción eran los pantallazos. Subvertían el orden comunicacional vigente para acceder por un momento al medio que más poder de seducción tiene y que capta la mayor audiencia.



Entre esa estrategia comunicacional de emergencia y Señal 3 hay años de experimentación y una gran cantidad de diferencias, pero quizá un mismo espíritu, el de competir contra el dominio de la televisión mercancía.



Sin embargo, su propuesta televisiva no es grave ni sentenciosa. Eso significa que su parrilla mezcla programas infantiles, musicales y filmes con programas culturales, de derechos humanos, de información política, de educación popular. No pretenden adoptar aires de alta cultura, pues ese intento, además de caer en el error de asimilar la cultura con las llamadas bellas artes, los transformaría en elitistas.



Otra de los grandes méritos de Señal 3 es que combina una programación de formato general con otra identitaria. En esta última se da la palabra a los actores del sector, se presentan sus problemas o sus actividades. Por ejemplo, mientras se emitían las entrevistas a algunos de los presos de la Cárcel de Alta Seguridad, cuyas voces estaban grabadas en cassette, los televidentes tenían frente a sí otro discurso, las imágenes de un colorido desfile realizado por los niños de La Victoria. Una acertada mezcla de temas políticos nacionales con imágenes del territorio. Esas escenas, donde los niños y sus madres podían descubrirse, verse reflejados en ese espejo público, operaba como sostén del otro discurso, produciendo una fructífera mezcla de estilos y géneros.



Señal 3, una experiencia cultural dirigida por jóvenes documentalistas, es una verdadera proeza. Transmite de miércoles a domingo de 20 a 24 horas, autofinanciándose y autogestionándose. Lo primero lo consigue vendiendo las antenas de acceso en las ferias del territorio. Lo segundo, a través de la experimentación en formas de administración y dirección que la convierten en una comunidad de trabajo.



El canal constituye un verdadero ejemplo de emprendimiento popular. Uso esa forma de enunciación, derivada del sustantivo emprendedor y del verbo emprender, porque creo que es indispensable disputársela a quienes hacen de ella un uso restringido, circunscrito a la esfera mercantil.



Este grupo de trabajo cultural rescata el sentido más profundo del concepto de emprendedor como diferente del de empresario. El interés de la acción de los militantes sociales que trabajan en Señal 3 es satisfacer la necesidad de otra alternativa televisiva. Su norte no es el lucro, sino satisfacer una exigencia que tiene sentido en la construcción de su proyecto de sociedad.



Logran montar, con medios y recursos escasos cuyo manejo le da la razón a quienes ennoblecieron con el titulo de maestro a los clásicos artesanos populares, una experiencia practica de educación y de entretención, un modelo en pequeña escala de lo que debería ser a escala nacional una televisión pública.



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