¿Qué camino seguirá Chile en el Consejo de Seguridad de la ONU? - El Mostrador

Sábado, 25 de noviembre de 2017 Actualizado a las 02:40

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¿Qué camino seguirá Chile en el Consejo de Seguridad de la ONU?

por 1 enero, 2003

Al analizar el estado convulsionado del mundo, marco en el cual ingresamos al cuerpo multilateral más importante de la política global, preocupa el carácter un tanto errático de la política exterior.

Con un mundo al borde de una guerra en Irak y con una región convulsionada, Chile ingresa en el 2003 al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La Cancillería ha logrado resultados notables desde el retorno a la democracia. No fue menor nuestra reinserción en el concierto de naciones luego del fin de la dictadura, al igual que los notables éxitos en la firma de tratados de libre comercio con la Unión Europea y recientemente con Estados Unidos. Pero a pesar de esos importante logros, nuestra política exterior deja que desear.



El gobierno de Ricardo Lagos no ha expresado públicamente cuál será el papel que jugaremos en el Consejo de Seguridad. La Canciller, Soledad Alvear, dedicó todo el año 2002 a lograr la concreción de los TLC, manteniéndose algo alejada de la política internacional a seguir después.



Al analizar el estado convulsionado del mundo, marco en el cual ingresamos al cuerpo multilateral más importante de la política global, preocupa el carácter un tanto errático de la política exterior.



La Cancillería, por ejemplo, ha equivocado el rumbo en Venezuela. Primero el embajador en Caracas, al momento del golpe contra Hugo Chávez, reconoció públicamente a los golpistas. Un par de semanas atrás, Washington pidió elecciones anticipadas para acabar con la difícil situación de Venezuela tras la huelga patronal, y nuestro gobierno se hizo, prontamente, eco de ese llamado.



El gobierno de Chávez se quejó por la intromisión de Washington en sus asuntos internos y constitucionales, tras lo cual Ari Fleischer, vocero de la Casa Blanca, se retractó destacando la importancia de respetar la constitución. Nuestra Cancillería y primer mandatario se quedaron mudos.



Estos errores de cálculo ilustran la preocupación que existe sobre el papel que jugaremos dentro del Consejo de Seguridad. ¿Cuál será nuestra postura ante un Bush que insiste en ir a la guerra con Irak a más tardar en febrero? ¿Qué dice Santiago sobre las zonas de exclusión aérea al sur y norte de Irak, zonas impuestas por Estados Unidos y Gran Bretaña por sí y ante sí y las cuales bombardean a diario en una guerra de baja intensidad? ¿Qué dice Chile sobre la necesidad imperiosa de mantener la paz y lograr que Irak se deshaga de las llamadas armas de destrucción masiva sin ir a la guerra?



George W. Bush está dispuesto a ir a la guerra a cualquier costo. Con Chile en el Consejo de Seguridad, muy pronto los teléfonos de La Moneda estarán recibiendo los llamados del presidente norteamericano pidiendo el apoyo irrestricto de Lagos para una invasión a Irak.



¿Cuál será la respuesta? No lo sabemos.



¿Seremos como Colombia, que todo el 2002 ha sido un seguidor ciego de las políticas de Washington dentro del Consejo de Seguridad de la ONU? Como se sabe, Washington es su único aliado en una guerra de guerrillas que dura más de tres décadas y que no tiene visos de terminar dado que la excluyente oligarquía colombiana no transará jamás el poder político o económico.



¿O seremos como México, que dolido por los serios problemas bilaterales -migratorios, de comercio, de distribución de aguas- se ha dedicado a votar todo en contra para llevar a Bush a la mesa de negociaciones?



No lo sabemos.



Sí sabemos que en términos de prestigio, un Chile que se limite a seguir las aguas de Washington tiene mucho que perder y bastante poco que ganar.



Nuestro país debe hacer uso de la estatura que goza a nivel internacional; ese capital moral ganado tras años de lucha contra la dictadura. La comunidad internacional quedó horrorizada por el violento golpe de Estado de 1973, especialmente las violaciones a los derechos humanos, y reaccionó positivamente cuando Chile hizo un retorno ordenado a la democracia. Pero Chile no ha sido capaz de aprovechar esa estatura moral para entregar al mundo una visión de lo que queremos para la región y el resto del mundo.



Ésta es la oportunidad para tomar distancia de la política exterior de Washington y avanzar hacia una política internacional independiente que valore los principios democráticos, el respeto a los derechos humanos y el apego a los organismos multilaterales y acuerdos internacionales que hemos suscrito.



Para tener algunas bases de lo que podríamos esperar de Chile en el Consejo de Seguridad de la ONU hay que remitirse a los principios que rigen la política exterior desde la llegada de Lagos a la presidencia.



En su discurso del 21 de mayo de 2000, Lagos describió a nuestro país como "una nación abierta al mundo, respetuosa de sus compromisos, consistente con sus valores y principios y, fundamentalmente, comprometida con la democracia, con el respeto y promoción de los derechos humanos, con la justicia y con la equidad social".



Lagos agregó que los lineamientos de la política exterior de Chile responden "a criterios permanentes, sustentándose en ciertos principios básicos, como el apego al Derecho Internacional, la intangibilidad de los tratados, la solución pacífica de las controversias y la promoción y defensa de los intereses nacionales". Además de contar con "una política, exterior con sentido ciudadano (...) ligada a la diversidad y la riqueza de la sociedad civil".



La Cancillería en su visión política agrega que debemos "promover la paz y la seguridad regional, por lo que se debe continuar con los esfuerzos para fortalecer relaciones de cooperación, amistad e integración con los países de la región", junto con "promover, consolidar y defender la democracia y derechos humanos en todos los ámbitos, reafirmando un compromiso con la consolidación universal de los derechos humanos y con las iniciativas para promover la globalización ordenada de los derechos de las personas".



Es decir, los principios delineados hace casi tres años deben ser los que rijan nuestra política internacional. Se puede argumentar que tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 el mundo cambió, lo cual es verdad, pero no han cambiado los valores democráticos, cívicos y ciudadanos.



Siguiendo lo dicho por Lagos, debemos exigir a Washington cordura y una salida colegiada y política al problema de Irak, y lo mismo para el conflicto palestino-israelí. No debemos cejar ante el temor o el lobby de cualquiera de las partes; debemos forjar una solución pacífica a la continua violencia que atenta no sólo contra la paz de los ciudadanos de ambos lados, sino que además contra la estabilidad internacional.



En el ámbito regional, debemos jugar un rol más preponderante. La mediación de la OEA en Venezuela ha fracasado, ya que las partes no quieren la reconciliación. La fallida mediación en Venezuela habla mal de César Gaviria, Secretario General de la OEA, quien arrastra la mochila de haber sido un fallido presidente colombiano.



En Venezuela, debemos junto con las naciones del Mercosur ser líderes regionales y hacer buen uso de nuestra historia para abrir paso a una mediación que acabe con la ingobernabilidad y avance hacia una salida democrática y justa basada en el respeto por la constitución y las leyes.



Ese mismo papel debemos jugar en Colombia: propiciar una solución que lleve -de buena o mala gana- al gobierno de Álvaro Uribe, a las guerrillas y a los grupos violentistas de ultraderecha a una negociación de paz y a deponer las armas.



Una política exterior proactiva y negociadora en favor del interés ciudadano nos pondrá en el eje importante de las naciones con estatura moral, como lo son los países escandinavos, por ejemplo.



La preservación de la paz y la seguridad internacional debe ser el objetivo permanente de la política exterior chilena. Según expresó Lagos el 2000, "se llevará adelante una activa política de prevención de la guerra sobre la base del concepto de seguridad cooperativa". Si la Cancillería y Lagos respetan esas bases, seremos realmente líderes en el concierto internacional de naciones amantes de la paz, la democracia y la defensa de los derechos humanos.





* Jorge Garretón es periodista chileno residente en Canadá.

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