Acuerdos Comerciales y estrategia de desarrollo: El TLC con Estados Unidos - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 15:21

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Acuerdos Comerciales y estrategia de desarrollo: El TLC con Estados Unidos

por 24 enero, 2003

¿Pueden las pequeñas y medianas empresas beneficiarse también de estas oportunidades? ¿Los trabajadores encontrarán en esta nueva inserción internacional un espacio amplio para el desarrollo de sus calificaciones y mejoramiento de salarios? ¿Puede el TLC contribuir a mejorar la mala distribución del ingreso existente en Chile? ¿El TLC con EEUU, le permite a Chile pasar a un mayor grado de elaboración de sus exportaciones?

Pasada la justificada euforia por el cierre de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC-EEUU) es útil ahora reflexionar sobre las implicancias que este tiene para la estrategia de desarrollo de la economía chilena.



Desde la apertura democrática, nuestro país ya ha suscrito 10 Acuerdos de Libre Comercio con: Mercosur, los países Andinos, Centroamerica, México, Canadá, Unión Europea (ad-portas de ser ratificado por el Senado), y negociaciones concluidas, favorablemente, con Corea del Sur, y Estados Unidos. Sin embargo, es esta última la que ha concitado mayor atención ya sea porque hace 11 años que se venía buscando este resultado (no obstante que este objetivo nunca figuró en las prioridades de los programas electorales de la Concertación) o por el carácter emblemático que tiene un Acuerdo con la principal potencia económica mundial.



Como es sabido, cada Acuerdo Comercial debe ser analizado por sus méritos, cada uno de ellos conllevan costos y beneficios que deben evaluarse y ponderarse, cuidadosamente, a fin de llegar a una apreciación global. El TLC con EEUU no es una excepción. Por el contrario, este es de una complejidad mayor pues va más allá que un simple acuerdo comercial en el sentido tradicional de la desgravación arancelaria. En efecto este TLC abarca 19 temas que ligados al comercio, tocan aspectos muy específicos del mismo, a título de ejemplo: propiedad intelectual, comercio electrónico, compras gubernamentales, inversión, servicios, estándares laborales y medio ambientales, y servicios financieros.



Los beneficios más directos del TLC se perciben por el aumento de exportaciones que genera y por las importaciones más baratas provenientes de EEUU. Esto último repercute en beneficios del consumidor (cuando la baja de precios no es atrapada por márgenes de ganancia) y una disminución de costos para las empresas que utilizan insumos de origen estadounidenses. Pero los beneficios más importantes son las inversiones que podrían ser atraídas por la estabilidad de normas y la ampliación potencial de mercado que implica no solo el TLC con EEUU sino el resto de los Acuerdos.



Nos parece obvio que las empresas multinacionales se verán alentadas para aprovechar las oportunidades de negocios que abren los TLC suscritos por Chile. En este sentido la "magia" del TLC esta dado por el aumento de la rentabilidad esperada del capital que este provoca lo cual explica el paso de expectativas pesimistas a expectativas optimista. Sin embargo, es pertinente recordar que estos beneficios se obtendrán a plenitud en plazos medianos o largos es decir a partir del 2005 y solo si se aplica una estrategia exportadora adecuada.



Ahora bien, dada la información existente y habida cuenta de los beneficios, costos y de algunas reservas particulares que uno pudiese hacer, el TLC con EEUU alcanzado es, globalmente, positivo para el crecimiento futuro de la economía chilena a condición que el sector privado (nacional y extranjero) aproveche las oportunidades que este abre.



Por tanto, el problema a dilucidar es saber cuáles son las condiciones que permiten aprovechar dichas oportunidades, y al mismo tiempo responder a preguntas claves como: ¿Pueden las pequeñas y medianas empresas beneficiarse también de estas oportunidades? ¿Los trabajadores encontrarán en esta nueva inserción internacional un espacio amplio para el desarrollo de sus calificaciones y mejoramiento de salarios? ¿Puede el TLC contribuir a mejorar la mala distribución del ingreso existente en Chile? ¿El TLC con EEUU, le permite a Chile pasar a un mayor grado de elaboración de sus exportaciones?



Extrañamente, las primeras reacciones frente al TLC no abordan este tipo de preguntas; ellas son, más bien, reacciones ideologizadas. Para algunos el TLC con EEUU significa que la "rueda de la fortuna" que quedó clavada para siempre, pues nunca más se podrá cuestionar la institucionalidad económica existente; para otros, este TLC cierra para siempre la posibilidad de un cambio de estrategia de desarrollo (incluido el de las exportaciones) que reemplace a una estrategia agotada, por consiguiente se seguirá exportando recursos naturales y avanzando por la trayectoria del crecimiento no sustentable.



Paradojalmente, pareciera haber una convergencia entre estas visiones. En todo caso, por estos caminos no vamos muy lejos a lo menos por tres razones. La primera es que para aprovechar las potencialidades del TLC es necesario innovar y reformar parte de la institucionalidad económica. La segunda, es que el TLC con EEUU amplia el acceso a la economía más grande del mundo de nuestra actual oferta de productos más elaborados a los que habrá que agregar los que se desarrollen a futuro de aquí a 12 años. Cabe recordar que el mercado americano ya absorbía antes del TLC un 11% de nuestras exportaciones industriales (excluido cobre) constituyendo el principal mercado para este tipo de exportaciones dentro de los de países desarrollados.



Por último, hasta lo que se conoce, no hay nada en el TLC con EEUU que limite el uso de incentivos, entre otros los de orden tributario (excluido el de los aranceles), subsidios u orientación y nivel del gasto público que permita dar paso a una nueva estrategia de desarrollo.



Naturalmente, la inercia a seguir haciendo más de lo mismo es grande; que el mercado y la institucionalidad existente aprovechen las oportunidades, y las grandes empresas cosechen lo que haya que cosechar. Por otra parte la Agenda para el crecimiento acordada entre las autoridades gubernamentales y las grandes empresas, aborda temas positivos que son necesario realizar, pero ello no constituye en si una estrategia de desarrollo. La eliminación de la ley de timbres y estampillas o la supresión de trabas burocráticas en la constitución de nuevas empresas son avances en el proceso de modernización, pero ello no va a desencadenar un nuevo ciclo de negocios estratégicos.



Los más audaces en esta visión conservadora, plantean que para aprovechar las potencialidades que abre el TLC con EEUU habría que incorporar a la Agenda pro crecimiento, una disminución de los impuestos a las utilidades retenidas y hacer suya las proposiciones que el FMI hiciera a Chile a mediados del año pasado: privatizar y flexibilizar el mercado del trabajo. Hablar de estos dos últimos temas sin hacer referencia a la normativa regulatoria que debe acompañar todo reemplazo de un monopolio publico por otro monopolio privado o asegurar los resguardos para que la existencia de nuevas formas de contratación no conduzcan a empleos mas precarios o aumento de contratos sin protección social, no tienen ningún sentido fuera de repetir un libreto dogmático ya muy conocido.



Las potencialidades implícitas en el TLC con EEUU así como en el resto de los Acuerdos Comerciales obligan a pensar sobre la economía chilena en el largo plazo y por tanto en una nueva estrategia de desarrollo. En sus líneas gruesas pensamos que esta última tendría que estar asentada en un concepto de "competitividad-país" con rasgos sistémicos donde el proceso de la incorporación de las innovaciones tecnológicas juega un papel clave para el despliegue de un aumento persistente de la productividad que conlleve a crecientes demandas de mano de obra calificada y salarios.



Lo sistémico esta dado por el hecho que es insuficiente, para aprovechar el máximo de oportunidades que abren los TLC, una mayor eficiencia en un producto o sector aislado.



Para aprovechar las potencialidades indicadas es necesario hacer consideración de la red de relaciones en que ese producto o rubro se inserta, lo cual significa dar cuenta de la infraestructura de puertos, caminos, telecomunicaciones, servicios financieros, educación y formación de la mano de obra, etc. Por otra parte, para difundir las ventajas derivadas de la nueva inserción internacional, esta estrategia no puede estar divorciada de los problemas de la equidad, como tampoco del eventual costo ecológico. Esta noción se opone a lo que antes se llamaba "competitividad espuria" basada en salarios bajos, empleo precario, dualización de la economía y depredación de los recursos naturales.



Sin embargo, la "competitividad-país" implica varias ideas subversivas para el actual "establishment". La primera es que ella necesita política publicas muy activas y selectivas (lo que no significa, necesariamente, hacer crecer en forma permanente el tamaño del Estado) para lo cual se requiere modernizar el Estado . La segunda es una política de incentivos con subsidios y apoyo tecnológico al sector privado para el desarrollo de nuevos eslabones en la cadena productiva que afirmen las nuevas y existentes potencialidades exportadoras derivadas del TLC. Se necesita un fortalecimiento de la base empresarial, abriendo un espacio importante a las pequeñas y medianas empresas en el diseño de las políticas de inserción internacional o constitución de redes hacia el mercado domestico. El propio sector exportador necesita innovaciones institucionales que den cuenta de la nueva realidad y sean funcionales a la "competitividad-país".



En síntesis, las oportunidades que abre el TLC con EEUU, así como el resto de los Acuerdos, son muy grandes. Pensemos una estrategia en que todos en alguna medida seamos ganadores e impedir que unos pocos se lleven los Acuerdos para la casa.



(*) Director de Estudios de la Dirección de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon) la Cancillería.



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