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Chile debe votar contra la guerra

por 5 marzo, 2003

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El Gobierno de Chile insiste en afirmar que no existen presiones por parte de los EEUU para que el representante del país vote favorablemente la nueva Resolución propuesta por ellos a las Naciones Unidas, sin embargo, bastaría un solo hecho para demostrar lo contrario.



La llegada de Otto Reich como mensajero de Bush significa que se ha terminado la hora de la diplomacia y ha llegado el momento de plantear las cosas con el descaro que este personaje puede hacerlo.



Este operador internacional en cuyos antecedentes figuran el haber estado involucrado en el escándalo "Irán-contras", ser miembro del Consejo de la Escuela de Las Américas, haber gestionado, cuando era embajador en Venezuela, la salida a EEUU del terrorista Bosch; el haber estado en conexión con los golpistas venezolanos de abril de 2002 y ser un rabioso anticubano. Es tal lo mal oliente de su postura que fue rechazado por el propio Senado norteamericano para ser designado en propiedad en el Departamento de Estado; no fue recibido por Lagos en octubre por sus antecedentes y hoy, sí lo es.



Y, seguramente, no tuvo ningún problema para decir en su cara al Presidente de Chile que de no apoyar el representante chileno, con su voto la nueva Resolución presentada por los EEUU, la represalia será el cuestionamiento a la firma del tratado de Libre Comercio, la restricción de los créditos en los bancos internacionales y todo el tratamiento que se tiene para los países que actúan con independencia frente a los EEUU. A los declarados "enemigos", simplemente, los interviene y los bombardea.



El Gobierno de Chile tiene una gran responsabilidad en sus manos, en cumplimiento de la cual, puede llenarse de gloria y dignidad o puede echarse encima una mancha negra de inhumanidad que no podrá borrar.



En su calidad de miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene la posibilidad de votar contra cualquier propuesta que signifique abrir paso a la agresión a Irak por parte de los EEUU y sus aliados, desencadenando así una guerra, según todos estiman, de incalculables consecuencias.



La responsabilidad de Chile no se limita al país, ni al continente, sino alcanza a todo el planeta y en el cual la población, mayoritariamente, se ha pronunciado contra la guerra. Y no podría ser de otra manera ya que en la mente de todos están vívidas las imágenes de las dos guerras mundiales, de la guerra en la ex Yugoslavia, en Kosovo, de la guerra no declarada contra Palestina por parte de Israel, de una u otra forma todos saben las calamidades que sufren los hombre, mujeres, niños, ancianos en las guerras y no desean eso para la Humanidad.



Si hoy, sólo con las amenazas de guerra, las alzas del precio del petróleo y la inestabilidad cambiaria, han elevado el precio del pan, del transporte, de la electricidad. A corto plazo, esto alcanzará a todas las mercancías. A la crisis ya existente se sumarán las consecuencias de la guerra y serán, como siempre los sectores más desprotegidos los más perjudicados.



Hasta este momento la postura del Gobierno de Chile ha sido la de esperar saber qué hacen los demás para resolver, pero en esta espera actúan las presiones y se debilita la resistencia a la guerra. Esperar lo que digan otros. Esto no es sólo una postura ambigua, sino renunciar a su obligación de tener una actitud independiente, soberana y de Humanidad. Frente a la guerra no puede caber abstenerse, sólo cabe la condena y el rechazo.



La semana pasada, el embajador de los EEUU en Chile, William Brownfield expresaba en Punta Arenas, su deseo que la situación en Medio Oriente no afectara las relaciones comerciales entre ambos países. ¿Qué es esto? ¿Una amenaza velada que Reich vendría a hacer más explícita? Vendría este enviado de Bus, también, a exigir una nueva condena a Cuba en abril próximo en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas?



En este ambiente el Presidente Lagos señala que lo principal es lograr un acuerdo que incluya a todos, por una o por otra posición. Como si fuera lo mismo la paz que la guerra.



La situación es, suficientemente, clara como para pronunciarse, clara y decididamente, contra la guerra de Bush. No se puede transar la soberanía del voto de Chile por supuestas ventajas económicas, en un tema que tiene que ver con la vida de miles o millones de personas.





* Presidenta del Partido Comunista.



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