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La Habana profunda

por 16 marzo, 2003

"La izquierda actual no puede estar mencionando únicamente el lado afirmativo del sistema cubano, puesto que lo negativo se ha venido acumulando" ( J.J. en El Mostrador.cl, 21 de julio de 2002).
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Para hablar hoy de Cuba hay que estar en la isla. Pero no como turista en las playas y en los hoteles cinco estrellas de Varadero, ni menos como turista revolucionario. Los primeros quizás no se enteran mucho o poco les importa como vive el cubano todos los días. Los segundos, son las personas de izquierda -pero de la izquierda nostálgica, principalmente- que no desean darse cuenta (ni decirlo dentro ni fuera de la isla) cómo funciona el socialismo real allí. Es decir, en las actuales condiciones de dolarización que vive Cuba y los que tienen que subsistir, únicamente, con pesos cubanos.



Lo primero que me sorprendió, positivamente, es la cantidad de congresos internacionales que hay cada mes en La Habana durante todo el año. Por ejemplo, los de literatura, poesía, arte, Feria Internacional del Libro (cada enero), Coloquios Internacionales sobre Musicología, El Destino del Libro en la Era Virtual, o sobre La Representación Cultural del Caribe, Congreso de Pedagogía 2003, Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo, V Encuentro sobre Globalización y Problemas del Desarrollo que discuten, principalmente los cinco últimos, los efectos negativos de las economías neoliberales entre los pobres del planeta. Y no faltan los congresos sobre "el delicioso despotismo" de los medios masivos en la actual e injusta globalización mundial.



Alguien me comentaba en La Habana que esos congresos son toda una industria cultural que le deja millones al Estado cubano. Funcionan, inevitablemente, dentro del concepto de mercado como ocurre en cualquier país capitalista. El invitado extranjero a tal congreso, si no es un invitado especial del gobierno cubano, debe pagar la estadía por su cuenta en dólares más otra cantidad si es participante activo en algún panel. Sin embargo, la revolución justifica esos continuos congresos porque tienen un propósito muy loable: "hacer conciencia en el mundo que la actual globalización neoliberal es injusta para la mayoría pobre y marginada del planeta, y que un mundo mejor es posible" (Fidel Castro, 14 de febrero, 2003).



Mi amigo Norberto



En uno de esos congresos cubanos conocí a Norberto, quien me dio otra visión, más cotidiana, de Cuba en las actuales condiciones de su socialismo. El no tiene más de 35 años y vive con su madre, una mujer, relativamente, joven. Él no tiene trabajo fijo. Ella trabaja en una fábrica pero siempre está deprimida. "Son los nervios", me dijo cuando la conocí. Gana cerca de 240 pesos cubanos mensuales (son 10 dólares, aproximadamente, si el cambio actual son 25 pesos por dólar).



El estado les da una Libreta de Abastecimiento. A través de ella ambos reciben cierta cantidad mensual de arroz, pasta, huevos (8 por persona cada mes), café, fósforos, aceite, sal, algo de pollo o carne. Las carnes o el pollo suelen retrasarse en la entrega y se debe esperar al día siguiente, si los hay. También reciben mensual un jabón y una pasta de dientes por persona. Y un pan diario cada uno.



En todo caso la cantidad de entrega alcanza sólo para 12 días. Y el resto de tiempo, como dicen en Cuba, hay que "zapatearlo" o buscarlo como sea. Decir que Norberto y su madre viven con hambre permanente sería injusto, pero comen poco, tratando de ahorrar lo mínimo que obtienen con la libreta y buscar el resto de los alimentos por otros lados. Además, con esos 240 pesos deben comprar no sólo más comida (pero en pesos cubanos) sino vestirse, reemplazar sus zapatos, comprar cepillo de dientes, pagar la electricidad, el bus, recreación, etc.



Por ejemplo, en una tienda en dólares unos zapatos abiertos de verano (chalas) cuestan cerca de 10 dólares (239 pesos cubanos) y en una tienda en pesos la misma cantidad. Un jabón "Lux", 60 centavos de dólar. Un televisor, 600 dólares. Una pasta de dientes (con sabor), un dólar. Una botella de shampoo, tres dólares y medio. Un par de calzoncillos, 4 dólares y medio. Un estéreo-radio-cd, 400 dólares.



Esos precios son algunos ejemplos para mostrar que con 240 pesos mensuales (o con 600 pesos mensuales que gana un médico) el poder adquisitivo del cubano en su mayoría ha bajado en forma dramática con la dolarización. Realmente a un nulo consumo, incluso de los bienes más indispensables. Uno puede entender entonces que la depresión de la mamá de Norberto tiene su explicación "económica", para usar la terminología marxista.



En reciente información, el ministro cubano de Comercio Exterior, Raúl de la Nuez, afirmó que durante 2002, y en lo que va de 2003, Cuba compró a EEUU (y seguirá comprando) 250 millones de dólares en alimentos. La mayor parte fueron productos agrícolas. Esto quiere decir que el embargo, sin duda inaceptable, en estos momentos es relativo cuando el mismo ministro afirma: "El embargo se ha extendido por mucho tiempo, especialmente en el área de la agricultura".



Seguimos conversamos con Norberto y su mamá en su casa de Centro Habana. Me muestran el pan diario que reciben por la libreta. El pan a veces lo dan un poco crudo, me dicen. Lo toco. Es cierto. Los huevos son del tamaño de una pelotita de pin-pon. Luego me comentan que aquella comida que Cuba le compra al gobierno norteamericano va directamente a los supermercados en dólares. Ellos no reciben nada de eso por La libreta de Abastecimiento.



Incluso en un supermercado (en un Mall de el Vedado) para diplomáticos, altos jefes del gobierno, turistas, o gente que posee dólares, vi tomates en latas producidos en Cincinnati, entre otros productos. La mejor comida está allí, en abundancia, pero en "divisas" (dólares) como dicen en la isla.



Es cierto entonces que muy poco o nada de lo que Cuba compra a EEUU (o a otros países) va a la Libreta de Abastecimiento de la mamá de Norberto, sino que se vende en dólares en aquellos supermercados. Eso significa que la mayoría de la población se queda sin los beneficios del "libre comercio" a causa de la relativa ruptura del "bloqueo" norteamericano. "¿Acaso eso no es neoliberal, también?", me decía otro cubano quejándose de esa situación tan contradictoria respecto al destino en Cuba de esos alimentos comprados al "imperio yanqui".



Los medios masivos cubanos no dicen "embargo" sino que usan una palabra mucho más fuerte: "el bloqueo". No hay que escuchar mucho en la TV y radio cubanas para darse cuenta que todas las calamidades que ocurren, especialmente con la falta de alimento y poder adquisitivo de la población, se atribuye únicamente al "bloqueo norteamericano". Lo que también quiere decir que la política económica de la Revolución (que afecta la vida diaria de la mamá de Norberto y a él mismo, por ejemplo) no se abrirá en este momento -ni en un futuro cercano- a una economía de libre competencia en la isla. En eso Fidel es muy claro en todos sus discursos.



El temor al consumo abierto de la población, según la política de los dirigentes de la Revolución, traería, probablemente, la parte más negativa del capitalismo global. Y eso se puede leer continuamente en sus medios masivos ("Granma", "Juventud Rebelde", "Orbe", "Trabajadores") y se machaca en las continuas "Mesas redondas", cada viernes a las 6:30 p.m., en la TV cubana, donde los panelistas están, siempre, de acuerdo en el tema tratado.



Un día le regalé a la madre de Norberto un tubito de antibiótico. Era para la piel de su brazo. También le ofrecí un frasco de 40 pastillitas de Tylenol para sus continuos dolores de cabeza y depresiones. Todo eso le pareció como caído del cielo. "Es difícil conseguir aspirinas en Cuba", me dice. "Y antibióticos, imposible". Es cierto, he pasado por varias farmacias en La Habana, y siempre hay largas colas con gente con recetas en las manos. Muchos deben volver a la cola al día siguiente o los subsiguientes para ver si encuentran algunas medicinas que necesitan.



Norberto me explica la cuestión de los medicamentos en Cuba: "ahora, con la depresión económica escasean los medicamentos y los pocos que hay muchas veces se distribuyen mal, priorizando las tiendas en dólares. Hay falta de cosas tan simples como aspirinas, algodón, jarabes, etc. Muchos de los hospitales para la población carecen de higiene y accesorios básicos como sabanas, colchas, almohadas, alimentación, lo cual es contradictorio puesto que, generalmente, se cuenta con tecnología avanzada para la cura de enfermedades". Y terminaba: "Cuba se vanagloria de tener una industria farmacéutica a nivel mundial, sin embargo son incapaces de producir una simple aspirina para la gente".



Dentro de tantas personas de la izquierda europea o latinoamericana, o norteamericana (como el sociólogo James Petras), que pasa por Cuba a través de esos continuos congresos, estuvo por esos días Volodia Teiltelboim invitado a la Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo, en homenaje al 150 aniversario del natalicio del Héroe Nacional José Martí. El chileno dio una entrevista el 31 de enero pasado en el diario "Juventud Rebelde", uno de los cuatro diarios existentes en Cuba, todos controlados por el gobierno -en la isla no se distribuye (ni se conoce) la prensa internacional-. Además del muy restringido y controlado acceso a Internet que, además, cuesta 3 dólares la media hora de conexión y se debe pagar sólo en esa moneda.



En esa entrevista Teiltelboim decía al periodista cubano: "En la segunda ocasión que llegue a la isla fue a un año de haber triunfado la Revolución. Y desde entonces no dejo de asombrarmeÂ… Uds. han obrado el milagro de demostrar al mundo que la justicia es posible, que la libertad y el socialismo son viables. Y han cultivado la inteligencia por encima de todo. Se necesita mucho talento y genio político para lograr ese milagro de mantenerse en pie y de decir, definitivamente, que Cuba ha vencido".



Norberto lee también la entrevista y luego me dice, irónicamente, que sería bueno que esa gente de izquierda se viniera a vivir aquí, a Centro Habana, "únicamente un mes en nuestra casa, recibiendo el salario en pesos, comiendo sólo con la Libreta de Abastecimiento, mirando los únicos tres canales estatales de TV, leyendo los periódicos igualmente controlados por el gobierno, sin TV cable porque está prohibida (excepto para los diplomáticos, las embajadas, y los hoteles), sin prensa internacional, sin acceso a internet, privarnos de ver la película: "Fresa y chocolate" que nunca se ha pasado por la TV cubana, o impedirnos leer autores cubanos porque ciertas obras de ellos están censuradas como las de Reinaldo Arenas, Zoe Valdez, Jesús Díaz, Norberto Fuentes, Eliseo Alberto, entre otros. Entonces, después de vivir todo lo anterior, sólo por un mes, me gustaría que repensaran aquella 'libertad y justicia del socialismo' en la Cuba actual".



En una de las últimas visitas a la casa de la mamá de Norberto, me invita que conozca el segundo piso. Es realmente una sola pieza construida para crear otro piso independiente. Es muy común esas construcciones improvisadas en esos edificios de Centro Habana con cuartos muy altos. Me muestra un hoyo en la pared. "Mire aquí", me dice. Miro y veo una gallina y un gallo. Es un gallinero clandestino.



El gallo parece mudo y la gallina pone 5 huevos cada día. "Se adaptaron al sistema", me dice Norberto riéndose. "Ni la seguridad sabe que tenemos dos aves aquí". ¿Y por qué no venden los huevos extras?, le pregunto. "No, si me sorprenden me quitan el gallinero. Luego a lo mejor voy a la cárcel. No se pueden vender los huevos extras porque se prohíbe la libre empresa. Sería un contrarrevolucionario". Sin embargo, Norberto quiere criar pollitos y comerse algunos. "Quizás los otros los venda a escondidas", me dice.



La gallina y el gallo viven allí en silencio. Ni en la mañana canta el gallo. Sabe que no debe denunciar a sus dueños. El gallo monta a la gallina en Centro Habana y nadie dice ni pío. La gallina sabe que sus huevos son de oro. Y luego se quedan allí los dos tranquilitos en ese hueco. El gallo arrimado en una esquina, quien sabe si aburrido o soñando un jardín con pastito fresco. La gallina es aún más silenciosa porque no cacareara cuando pone los huevos. El gallo está condenado a vivir sin chistar en la oscuridad de un cuarto de un edificio descascarado, en Centro Habana, Cuba.



Norberto no me ha escrito ningún correo electrónico desde mi regreso de la isla. Sé que él jamás ha navegado por Internet y se le notaba un "hambre" por otras fuentes de información diferentes. Tendría que gastarse 3 dólares por sólo media hora porque el acceso allí no se paga en pesos cubanos. Pero, ¿quién puede navegar por 30 minutos en Internet, en los hoteles o sitios restringidos, si se necesita un mínimo de una hora para hacerlo, excepto los turistas y los extranjeros de paso que pueden pagar más, además de que la conexión para el público cubano está fuertemente controlada por el gobierno?



Después de estar en Cuba entiendo por qué Norberto no puede contestar un simple mensaje electrónico. Es que resulta difícil para la mayoría comunicarse con otras partes del planeta cuando es primordial gastarse mejor aquellos tres dólares -y porque no hay otra opción- en suplementar con comida extra la escuálida Libreta de Abastecimiento.



Habana, enero-febrero 2003



* Javier Campos es escritor y académico chileno en EE.UU.



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