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Los poetas que no fueron a "Chile/Poesía 2003"

por 23 marzo, 2003

Toda iniciativa cultural que alcanza proyecciones sociales amplias -aunque sea iniciativa privada o personal- debe ser cultural y artísticamente más justa.
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El 20 de marzo comenzó la segunda versión del encuentro "Chile/Poesía 2003", proyecto muy loable, por cierto, organizado e ideado originalmente por el poeta José María Memet. Un día antes, y poco después de las ocho de la noche en la hora de Washington, Estados Unidos comenzaba la invasión a Irak con un ataque a blancos seleccionados en la milenaria ciudad de Bagdad. La mayor fuerza bélica del planeta dejaba caer una lluvia de 40 misiles "Tomahawk" desde 4 buques y submarinos ubicados en el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, y también los lanzaba desde aviones F-117A, invisibles a cualquier radar.



Al parecer la guerra nada tenía que ver con "Chile/Poesía 2003", pero no era así. Primero porque el encuentro abogaría por la paz mundial en las actuales circunstancias. Segundo, el diario "El Mercurio" (20 de marzo) informaba que la embajada norteamericana en Santiago le había pedido al único poeta norteamericano, de descendencia judía, invitado especial al encuentro -Charles Kennet Williams (1936)- que desistiera de viajar a Chile "por temor a que pudiera producirse un atentado en su contra".



Cuando supe que CK Williams no participaría en el encuentro de poesía, le hice rápidamente algunas preguntas a través del correo electrónico a su oficina en la prestigiosa Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, donde es profesor en el Programa de Escritura Creativa en Poesía ("Program in Creative Writing"). Mientras le enviaba mis preguntas, comenzaba la segunda fase de la invasión a Irak, según transmitían todas las cadenas de noticias. El presidente Bush reconocía, ahora, que la invasión sería dura y más larga de lo esperado.



Finalmente, me llegaba rápida la respuesta de CK Williams.
Le había preguntado por qué canceló su viaje a Chile. Su respuesta no mencionaba para nada que hubiera recibido aquella advertencia señalada por "El Mercurio". Ni que hubiera algún "boicot escondido" de ningún tipo. Suspendía el viaje por razones personales. Su respuesta fue la siguiente, en mi traducción: "la razón porque finalmente decidí no ir a Chile fue porque la guerra ya se veía venir y en caso que hubiera algún incidente terrorista o problemas en el trafico aéreo, no quería separarme de mis hijos y nietos en este difícil momento. Pienso que la guerra, en todo caso, es detestable, innecesaria, absurda y maligna. Podría agregar más adjetivos, pero sé que Ud. capta mi sentir".



A pesar de la ausencia del poeta norteamericano, me reconfortaba la presencia de dos vates chilenos, que residen en el extranjero, invitados por José María: "Memet a Chile/Poesía 2003". El mismo Memet lo dijo públicamente en el diario "Las Últimas Noticias", la semana pasada (6 de marzo): "Estamos haciendo gestiones para traer a Waldo Rojas y Óscar Hahn, dos importantes escritores expatriados que merecen una difusión más masiva en Chile, pero hasta ahora no nos ha ido muy bien".



Me pareció importante que la cultura poética en Chile se acordara, se preocupara, y reconociera en el nombre de ellos a tantos/as poetas que viven fuera de su patria. Me parecía un reconocimiento justo a la producción artística del "exilio", como se llamó en algún momento, y que hoy muchos prefieren llamarla poesía chilena de la "diáspora".



La producción poética chilena en el exterior es vastísima, entre hombres y mujeres. Pero ¿toda merece ser citada? No, aunque si hay autores y obras que sí merecen ser conocidos en Chile. Eso mismo ocurre entre otras nacionalidades de origen hispano, caribeño o luso-brasileño cuyos artistas, por diversas razones, tuvieron que emigrar de sus países originarios.



En enero de 2002 asistí a Ottawa donde, por primera vez en 26 años, se organizaba el "Primer Encuentro de Poesía Chilena en Canadá". De eso di cuenta en un artículo publicado recientemente en un libro sobre aquel congreso editado por Jorge Etcheverry y Luciano Díaz. En él escribí lo siguiente:



"Nunca en los 26 años los escritores chilenos que llegaron a Canadá después del Golpe Militar -y otros en los siguientes años- habían realizado ningún congreso para leer, estudiar y reflexionar sobre lo que en todo ese tiempo (y hasta ahora) produjeron. Porque la producción y la cantidad de esos escritores es muy amplia y en Chile es casi desconocida, excepto algunos escritores que retornaron al país y por eso les fue más fácil entrar en los medios literarios chilenos (publicar en Chile, ser antologado, reseñado, estudiado, citado por jóvenes escritores, etc). En cambio los que se quedaron en Canadá los cubrió casi la nieve del olvido. Es difícil (o imposible) encontrar los nombres de esos escritores en ninguna antología chilena contemporánea. Ni siquiera aparecen mencionados en trabajos periodísticos o académicos cuando se habla de "poesía chilena". Eso indica que la producción llamada del exilio o la producida por chilenos en el extranjero es desconocida dentro de la cultura chilena del interior del país. Hay excepciones, pero nunca es mencionada ni yo he oído jamás a jóvenes escritores/as dentro de Chile tener como referencia a algún poeta chileno/a que escribió (o escriba) fuera de su país de origen.".



Lo de arriba es un ejemplo que se puede generalizar para muchos otros países donde hay una significativa presencia de poetas y artistas chilenos. Por supuesto que ningún poeta chileno en Canadá fue invitado por José María Memet, para poner un ejemplo de la ausencia en "Chile-Poesía 2003" de tantos poetas nuestros que vive en otros países del mundo.



Pero al menos los que estábamos fuera nos alegró que Waldo Rojas y Oscar Hahn representaran a esa amplia cantidad de poetas chilenos de la diáspora. Sin embargo, no fue así. La invitación de Memet a Waldo Rojas y a Oscar Hahn no prosperó o fue sólo una intención honorífica que luego se olvidó para siempre. Les pregunté a ambos, por correo electrónico, qué había ocurrido con la invitación.



Hahn me respondió: "Cuando estuve en Santiago en octubre de 2002, José María Memet me invitó oficialmente al Festival Chile-Poesía del 2003. Me dijo que más adelante me enviarían a Estados Unidos la carta oficial y la información sobre el pasaje, alojamiento, programa, etc. Pero los meses pasaron y pasaron y nunca recibí absolutamente nada. Ni una línea. Una falta total de consideración y de cortesía. Yo puedo entender que en algún momento no consiguieran los fondos necesarios (si es que esa fue la causa), pero no puedo entender que no tengan la deferencia de mandar por lo menos un e-mail explicando lo ocurrido, cualquiera sea la razón. ¿O es que hay razones que no se pueden explicar?".



Y Hahn terminada así: "Ese Festival tiene sus prioridades muy claras. Primero están los poetas extranjeros, aunque algunos sean de segunda o tercera categoría, y después los poetas chilenos, siempre que vivan en Chile, claro, y no les signifique ningún desembolso. Pero a la larga a mi me da lo mismo, porque si me hubieran mandado la carta, tendría que haber declinado la invitación, por motivos personales".



Por otro lado, Waldo Rojas, desde París, me escribió: "Yo ignoraba la confirmación pública de dicha invitación. Memet me habló de ella hace ya unos buenos meses, pero sin detalles ni otras precisiones. Ahora bien, la posibilidad de un tal evento anual me parece una buena cosa en sí, quienquiera que esté tras el asunto, si de lo que se trata es de reanudar con aquella forma de sociabilidad literaria tan propia de los años sesenta, y en la cual tuve algo que ver en mi modesta medida. La continuidad cultural me parece una causa no por heroica menos urgente. La dispersión y la distensión o simple ruptura de los lazos interpersonales entre escritores, como consecuencia sensible del exilio en su vertiente literaria, es un factor que merece reflexión en el establecimiento del actual estado de cosas de nuestra literatura chilena".



Al respecto, el poeta Jorge Etcheverry me escribió desde Ottawa, mientras terminaba esta columna: "En tiempos de la dictadura había bastante apoyo del norte hacia el sur, en el caso de Chile. Ahora, allá, piden que se los invite para acá, que el re-encuentro y la cacha de la espada, pero ellos por su parte no se ponen para nada". Lo que dice Etcheverry es muy cierto porque se habla en Chile de la llamada "Región XIV" pero parece ser sólo un bonito título de exportación. Lo real es que esa "Región XIV" no ha sido una iniciativa cultural verdaderamente visible para rescatar los valores artísticos chilenos de la diáspora.



Lo curioso es que José María Memet y Raúl Zurita (quien también forma parte del comité "Chile-Poesía 2003") están bien enterados de esa vasta poesía de la diáspora. De allí que a muchos escritores fuera del país les parezca injusto que se les olvide aunque "Chile/Poesía" pertenezca a Memet y a sus amigos como lo dijera él en El Mostrador.cl el 9 de marzo: "Chile/Poesía lo fundé yo y no pertenece al Gobierno. Somos simplemente un grupo de amigos a quienes les planteé la idea de este encuentro y buscamos apoyos dentro de distintas instancia".



Aún así, pensamos que toda iniciativa cultural que alcanza proyecciones sociales amplias -aunque sea iniciativa privada o personal- debe ser cultural y artísticamente más justa.



Habría sido bueno que por varias partes de Chile se hubiera escuchado lo que tenía que decir, poéticamente, la diáspora chilena. A lo mejor tendrán que pasar cien años de soledad para que eso ocurra.





* Javier Campos es escritor y académico chileno en EE.UU.



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