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¿Perder la paz ganando la guerra?

por 30 marzo, 2003

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Es una pregunta que se hace públicamente el presidente de la cámara de diputados de Italia, Pier Ferdinando Cassini, bastante en sintonía con las posiciones que otros dirigentes europeos, intelectuales y líderes sociales del viejo continente.



No deja de ser curioso que lo diga este alto dignatario del Estado italiano cuyo gobierno aparece como apoyo de las actuales políticas del gobierno de Bush. Esta idea, que proyecta una visión de futuro mas allá del lamentable presente, se la puede ligar a previas afirmaciones del renombrado columnista y director español Juan Luis Cebrián, quien, en un editorial del diario "El País", sostuvo hace pocos días que: "con la invasión de Irak, el gobierno de EEUU se ha ganado el desprecio de amplios sectores de la opinión pública occidental, ha perdido capacidad de liderazgo entre naciones de su misma cultura y tradición, ha dilapidado el caudal de solidaridad y apoyo que el mundo le prestó tras los ataques del 11 de septiembre, ha logrado dividir a sus aliados e infundir temor y odio en amplias masas de la población mundial".



Pero siendo Italia uno de los vecinos europeos más cercanos al viejo e irresuelto conflicto del Medio Oriente, no cabe duda que la pregunta inicial es de una enorme validez; las noticias de esta misma semana nos dicen a las claras que hay un casi total desacuerdo entre los partners occidentales, incluida Rusia, en torno al destino que se dará a la reconstrucción, al petróleo y las otras riquezas naturales de Irak.



A medida que avanzan los días y la conflagración se hace más amplia, se abren nuevas interrogantes que alguien debería tratar de responder. En el caso de Chile, miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, obviamente no está allí por propia decisión o peso específico, sino en tanto representante de América Latina y otros sectores planetarios. Por tanto, tiene una responsabilidad que va más allá de los meros juegos de la política interna y, ciertamente, del famoso y discutido Tratado de Libre Comercio con el gran vecino del norte.



Es bueno recordar el hecho de que aún con todo su peso, Chile no fue elegido en el máximo organismo mundial tan solo con los votos de EEUU y Gran Bretaña y tiene, por lo tanto, una responsabilidad en el ejercicio de esa función que trasciende los meros intereses locales y/o comerciales. Y este es un principio que no puede ni debe ser traicionado, so pena de fracturar la política internacional de las naciones pequeñas y dejarlas a merced del puro arbitrio de las potencias.



¿Suena a pasado de moda o principista? Así será, pero las naciones que actúan al margen de principios básicos están condenadas a los vaivenes de las leyes de la fuerza y nuestro país claramente no está entre los poderosos de la tierra.



Hay que jugarse por la paz y sumar fuerzas con todos los sectores que puedan ayudar a este fin. Hay que fijar líneas demarcatorias del derecho de los más fuertes e impedir que la ONU se transforme en una filial de la Cruz Roja, destinada tan solo a paliar los efectos más brutales de los desastres humanitarios.



Incluso en términos de la bilateralidad, está claro que los EEUU necesitarán aliados, no siervos ni genuflexos.





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