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La Universidad de Chile NO

por 20 abril, 2003

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El tema de la judicialización de la política se mueve subterráneamente por los pasillos de la Concertación y supongo del gobierno. Tampoco debe estar ajeno a ello la oposición de derecha, toda vez que el afectado es el sistema y no solo las personas que aparecen con gran escándalo en los medios.



Recuerdo y conozco bien un caso: el de Venezuela, y no creo siquiera necesario elucubrar demasiado en torno a la materia, pues los resultados de aquel proceso se conocen y las consecuencias han sido más que desastrosas. No solo para el pueblo de aquel generoso país, sino para la estabilidad de la democracia formal en toda América del Sur.



Obviamente, hay que separar nuestro argumento de aquellos frescolines que empiezan a hablar de "complot", pues, desgraciadamente, esto conduciría a que el mundo progresista se viera en la obligación de encubrir y defender a quienes han delinquido, abusado de la confianza del pueblo y degradado el sistema político hasta los niveles que están ante nuestro ojos y demás sentidos.



Pero hay un caso especial en el que no se puede callar: el de la Universidad de Chile, ante el cual los medios y hasta la misma magistratura parecen haber asumido una actitud draconiana, ante la que hasta Catón parece un escolar reclamando por un pastel.



No cabe duda que en las explicaciones dadas por las autoridades y hasta los mismos afectados se evidencian fallas de método y de legalidad. Tampoco es descartable pensar que en medio de esas fallas haya habido un "vivo" que se aprovechó de las mismas para auto-enriquecerse o ejercer liderazgos impropios y mal habidos.



Pero de allí a darle un tratamiento de ladrón de gallinas o sicópata de La Dehesa, producir escándalo público con allanamientos de fin de semana, emitir comunicados o dar información tendiente a generar la impresión que se está frente a delincuentes encallecidos, hay mucha, mucha distancia.



Aquí hay mala fe, o mala leche como suelen decir los de abajo. Sin ser experto en derecho penal ni procesal de este mal remedo de democracia tengo la impresión que se está obrando para producir daño a la idea de la Universidad Nacional, como lo es nuestra U, para regocijo de beatos obscurantistas, malandrines neoliberales, asaltantes del Estado y toda esa cáfila de rufianes que construyeron el Chile de hoy, apoyados en las bayonetas de la dictadura de ayer. No se trata de cuestionar a las autoridades universitarias tan solo; no, sino de demostrar, más bien mostrar, que nuestra universidad nacional, laica, plural, es un nido de podredumbre y mal olor.



Ante eso, legítima rebelión de nuestra parte y la advertencia a quienes dirigen el país que aquí se muestra una vez mas la falencia de las medias tintas y el reformismo dei castrati, pues una universidad que se ve obligada, igual que las otras que son negocios de privados, a generar sus propios medios de subsistencia, pues el Estado que la cobija y que es hijo de ella, ha decidido la línea de la cobardía y al arreglín de mala muerte con el Fondo Monetario Internacional, el BID y todas las agencias de la usura internacional, depredadoras de nuestra historia y tradición.



La Universidad de Chile está sirviendo de cobertura noticiosa para distraer la atención sobre Inverlink, otros bancos y la Corfo. Para que los privados y sus socios corruptos del sector público, aparezcan como "equivocados" y no como lo que son.



Este enojo transformado en artículo está mas allá de las solidaridades personales, pues se afirma en la historia que viví y aprendí en la "U" y siento que cuando se intenta derribar esas columnas básicas de nuestra historia, se quiere también enterrar a Bilbao, a Arcos, a Valentín Letelier, a Pedro Aguirre y a Salvador Allende. Quizá para tratar de tener una futura historia en que el Capitán General y la horda de asesinos ocupen la atención de los escolares del futuro. Para que haya un Index manejado por el Opus Dei.



Porque creo en la tolerancia que aprendí en la "U" es que no puedo callar ante vejámenes.





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