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¿No llores por mí Argentina?

por 22 abril, 2003

Parece ser razonable que entre más funcionarios públicos existan, más recursos manejan y más interfieran en la economía, más corrupción habrá. Lo cierto es que si se observa el índice de Transparencia Internacional, Estados con tasas de intervención estatal por sobre el cincuenta por ciento son los menos corruptos. Es el caso de Dinamarca, Finlandia y Suecia.
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Ir al cine a ver "La virgen de los sicarios" es contemplar como en nuestra hermana Colombia la vida ya no vale nada. Y ver la película argentina "El bonaerense", actualmente en cartelera en Chile, es respirar el asfixiante ambiente que gobierna cuando la corrupción lo es todo.



¿Cómo se pudo llegar a esto? Es la pregunta que retumba en los oídos en el obligado café que todo buen contertulio debe tomarse tras tan triste película. Las primeras acusaciones se dirigen contra los políticos y los funcionarios públicos. Uno se desespera cuando se contempla todo aquello, y se ve la nula capacidad de renovación de la clase política: Ä„Ä„Menem, primera mayoría!!. Dan ganas de reclamar "mano dura" y gritar que el único Estado bueno es el Estado pequeño, la administración pública mínima.



Bueno, partamos por señalar que el abolir la democracia de los políticos corruptos es una mala solución. No sólo desde el punto de los derechos humanos, por cierto. Lo es además desde el propio punto de vista de la moralidad pública. Recordar tan solo que en su primera proclama, la Junta Militar argentina, que tomó el poder el 24 de marzo de 1976, se propuso como tarea acabar con la "especulación y la corrupción generalizada". Es obvio que el régimen militar trasandino no sólo perdió la guerra de Las Malvinas.



Agreguemos que no es cierto que entre más grande el Estado, más corrupto es. Parece ser razonable que entre más funcionarios públicos existan, más recursos manejan y más interfieran en la economía, más corrupción habrá. Lo cierto es que si se observa el índice de Transparencia Internacional, Estados con tasas de intervención estatal por sobre el cincuenta por ciento son los menos corruptos. Es el caso de Dinamarca, Finlandia y Suecia.



El caso argentino es ilustrativo a este respecto. Es bueno siempre recordar que detrás del agente corrupto se encuentra el agente privado corruptor. Por ello echarle toda la culpa al Estado es olvidar la mitad de la historia. La liberalización ciega de la argentina, producida a partir de Martínez de la Hoz, más la rapacidad de los empresarios nacionales y mundiales provocaron el colapso de la nación hermana.



La deuda externa que se dispara con el régimen militar, es de origen privado, pero finalmente el Estado debe asumirla. Y, esa deuda que hoy asciende a 136 mil millones de dólares, se podría pagar, injustamente por cierto, con la única medida que los empresarios argentinos, grandes y pequeños, paguen sus impuestos. En efecto, la evasión tributaria se calcula en 10 mil millones de dólares anuales.



Lamentablemente, las privatizaciones aplicadas bajo los gobiernos de Menem no hicieron sino empeorar las cosas. Miguel Bonasso cuenta que el embajador norteamericano en Buenos Aires, Terence Todman, presionó activamente por la privatización de Aerolíneas Argentinas. Finalmente, American Airlines la compró y designó a Mr. Todman en el directorio de la privatizada aerolínea.



La colonización de la administración pública argentina por parte de IBM es otra triste historia. Gustavo Soriani cuenta que IBM no sólo redactaba los términos de referencia técnicos para la compra estatal de computadores, sino que además contaba con una oficina en la Dirección General Impositiva. En ella un funcionario de IBM, disfrazado debidamente, respondía a las consultas telefónicas que hacían los oferentes. Finalmente, para liberalizar el mercado laboral argentino, el director de los servicios de inteligencia de Fernando De la Rúa no encontró mejor idea que sobornar con fondos reservados a los senadores de oposición al gobierno.



¿No llores por mí Argentina..?



Por ello, la Argentina se hunde en el marasmo producto de una muy mala política y una muy mala economía, pública y privada. Y la solución sólo puede ser política en el sentido que los griegos le daban a la palabra. Se trata que todo el pueblo argentino ingrese en el espacio público y decida éticamente el futuro de la polis.



Que cada vez más se elijan políticos, se designen funcionarios públicos y se comercie con empresarios probos. Ellos son los que ponen el interés general por sobre todo interés particular. Son íntegros rechazando todo beneficio financiero irregular. Son objetivos pues eligen por el mérito a sus subalternos y a los servicios que contratan. Responden por sus actos y no eluden los controles internos y externos, partiendo por el de sus propias conciencias. Son transparentes en sus acciones pues son hijos de la luz y evitan la oscuridad. Son honestos, pues no participan en negocios teniendo conflictos de intereses. son líderes, pues se preocupan de que su buen ejemplo se extienda.



Tomado el último café, el principio esperanza me asiste. Me quedo con las mujeres de la película "El Bonaerense". La madre del joven policía representa, con dramática ingenuidad, la madre generosa que siempre acoge sin preguntar. Y la oficial que lanza fuera de sus brazos a su amante, que se ha convertido en un corrupto, es la expresión de esa hermosa libertad que a pesar de todo y de todos dice "no" al mal de este mundo.





(*)Director Ejecutivo Centro de Estudios para el Desarrollo, CED.



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