Renovación Nacional: una crisis sin fin - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 19:33

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Renovación Nacional: una crisis sin fin

por 12 julio, 2003

Desde las filas concertacionistas se mira con interés el nacimiento de un nuevo referente de derecha liberal que eventualmente, pueda ser aliado para un cuarto gobierno.

Una nueva crisis afecta a Renovación Nacional con indudables consecuencias en toda a alianza opositora. La crisis se desató a raíz de la propuesta de reforma constitucional que Sebastián Piñera presentó al Presidente de la República para eliminar a los senadores designados sustituyéndolos por la elección directa de otros diez a nivel nacional, incluyendo también el cambio del sistema binominal.



El senador Romero y la mayoría de la bancada de diputados no aceptaron los cambios propuestos por su timonel, poniendo con esto de manifiesto las diferencias profundas que enfrentan a los dos sectores y que amenazan con pulverizar lo que queda de consensos al interior de la tienda opositora. El Secretario General de la UDI se manifestó dispuesto a recibir a eventuales disidentes de RN que quieran abandonar esa tienda para integrarse al partido de Longueira, quedando en evidencia los muy tenues lazos de lealtad que existen entre ambos partidos.



Los temas que desataron la rebelión del senador y los diputados aparecen, ahora, más bien formales. Se han reducido a si se pueden impartir órdenes de partido a los legisladores y si la llamada Comisión Política Ampliada, una innovación de Piñera, tiene mandato para representar la potestad del partido.



El Tribunal Supremo de Renovación ha dado su opinión y sus resultados no son otros que ratificar la validez de la Comisión Política Ampliada y rechazar que se cursen órdenes de partido.



En todo caso, esta resolución no hace otra cosa que postergar una división que ha demorado muchos años en consumarse, pero que parece inevitable. En efecto, estos episodios son parte de una serie de escaramuzas, que se producen cada vez que el sector liberal trata de realizar cambios a la Constitución Política de Pinochet.



Las dificultades vividas hoy por RN son graves, pero no terminarán necesariamente con una división en el Consejo General de hoy. Y esto por una razón simple, ninguno de los grupos en pugna tiene la legitimidad y mayoría necesaria para quebrar el partido y quedarse con el timbre. Piñera posee la mayoría en la Comisión Política y en el Consejo General. El senador Romero, por su parte, la mayoría de la bancada parlamentaria. En resumen, por ahora empate técnico, o, en otras palabras, una crisis sin fin en el corto plazo.



El empate, a pesar de las cornadas de estos últimos días entre los grupos en pugna, terminará con un acuerdo salomónico: Sí a la eliminación de los senadores designados y en suspenso la eliminación del binominalismo.



Al inicio de este artículo decíamos que la UDI está abierta a recibir eventuales militantes de RN que quieran abandonar ahora la tienda. Pero no son solo Longueira y compañía los que esperan los resultados de la confrontación. Desde las filas concertacionistas se mira con interés el nacimiento de un nuevo referente de derecha liberal que eventualmente, pueda ser aliado para un cuarto gobierno.



A los sectores lavinistas duros dentro y fuera de RN les conviene un desenlace lo más pronto posible, porque cuando más pase el tiempo y se acerque la fecha de las próximas elecciones presidenciales, más perjudicial para las aspiraciones presidenciales de Joaquín Lavín.



Pero nadie en la UDI o en el Gobierno puede sacar cuentas alegres de una eventual división de RN. En efecto, para Lavín es mala una división que signifique un éxodo masivo de militantes a la UDI, porque no deja espacios para que electores concertacionistas migren a la centroderecha.



En la Concertación, la creación de un referente de centroderecha liberal provoca temores, particularmente en la Democracia Cristiana porque se vería amenazada en un nicho que hasta hoy día con bastante éxito ha ocupado.



En todo caso, la crisis del bloque opositor pone en el tapete de la discusión la futura gobernabilidad que tendría el país, en caso de que ganara Lavín la presidencia. Sin un mínimo de estabilidad, la alianza opositora puede provocar una crisis institucional de proporciones a nivel global, ya que si sus partidos no son capaces de respetar su propia institucionalidad interna, la cual sólo es aceptada cuando sirve para favorecer los intereses particulares de grupos, eso pone en serias dudas su compromiso de respetar la institucionalidad democrática nacional, cuando ella vaya en contra de los intereses particulares de algunos de sus caudillos y sus seguidores ¿ Está nuevamente el país dispuesto a convertirse en el fundo privado de ciertos sectores? Si lo estuviera, ya no sería propiamente un país, sino una montonera.



(*) Analista Político.



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