El balance de 30 años - El Mostrador

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El balance de 30 años

por 24 agosto, 2003

Más bien debería llamarse "UN" balance, toda vez que en 30 años son muchas las cosas que suceden en la vida de las personas, las sociedades, los grupos, etc.



Pero, escuchando hace pocos días una radio y reflexionando sobre la música y sus autores, en el trayecto que separa Linares de Santiago, se me vino a la cabeza una idea que me llevó a conclusiones que no son más alegres que otras sobre este particular periodo que se abre tras al Golpe de Estado de 1973.



A modo de introducción contaré la primera parte de un cuento, que no es imaginario:



Érase una vez una revista llamada Plan, que como muchas otras terminó sus días apenas advenido el régimen del terror; en uno de sus últimos números había un artículo de José Tohá, hidalgo socialista de esos que ya casi no se ven, quien advertía la inminencia del fatal desenlace y con un genial manejo del lenguaje nos ponía en guardia a todos contra lo que se venía y sus protagonistas. No teniendo a mano el ejemplar de marras, es un gran esfuerzo de memoria el que intento hacer, con el peligro de contaminar su reproducción con mis propias opiniones.
Pero más o menos decía así: los mismos que hoy (1973) se erigen en defensores de la democracia y las libertades personales, no vacilarán por un instante siquiera en abolir la primera y prohibir las segundas hasta niveles insoportables.



Perseguirán no solo a los intelectuales y a quienes no piensen como ellos, sino inclusive al pensamiento mismo. Los mediocres y llenos de odio ocuparán cátedras y espacios públicos. Tratarán de borrar la imagen de todo lo que hemos sido hasta ahora como Nación, emulando a Hitler y Mussolini y se dirán pioneros de una Nueva Era.



El arte y la cultura serán sus blancos centrales, con más importancia que el aplastamiento de militantes y simpatizantes, pues son los pilares en que se sustenta la idea del progreso...



Decir que esto fue profético sería reducir a la dimensión religiosa o chamanística la tremenda capacidad intelectual de José Tohá. Pero que sucedió tal y como lo había dicho es un hecho innegable.



Al edificio Gabriela Mistral le pusieron Diego Portales para disimular otro crimen de uniformados en nuestra historia. A Neruda lo enterraron como a un criminal bajo Estado de Sitio y filmando a los asistentes para reprimirlos. Edwards y Donoso se fueron al exilio, junto a Balmes, Gracia Barrios, Armando Uribe y decenas y centenas de chilenas y chilenos que eran nuestra reserva intelectual para terminar el siglo XX.



Los mediocres se domesticaron y sirvieron de pantalla para decir que en Chile había actividad, mientras los mejores fueron condenados al silencio por una década y muy de a poco fueron abriéndose paso, pues la calidad es un arma más potente que las censuras.



¿Y qué sacaron haciendo todo eso? ¿Qué quedó de herencia intelectual de esos que nos salvaron del desastre? ¿No es su prensa misma la que ahora hace homenajes a Violeta Parra, a De Rokha, a Neruda, a Donoso, a Edwards, a Uribe, a Víctor Jara el que ellos asesinaron, a Balmes y a varios que se me quedan en el tintero pues no quiero perder el sentido de estas líneas?



Qué construyeron ellos y qué dejaron en el arte y la cultura para ser recordados de alguna forma distinta que la de criminales.



Recuerdo un acto de solidaridad en Finlandia al que asistí con Jaime Suárez y que nos hizo llorar. Miles de jóvenes avanzaban por una planicie con sus banderas y pancartas y en medio de ellas un muchacho en silla de ruedas que traía la bandera de Chile, que nosotros la vimos ondear más que las otras. A ambos costados, dos camiones con grandes parlantes tocaban el " Gracias a la Vida" de nuestra Violeta, esa misma que denigraron los mediocres y malos que nos tenían exilados. Allí mismo resolví que ese sería mi himno nacional hasta que volviera la democracia.



Ni siquiera, ahora, tienen algo que mostrar en arte y cultura y "los Prisioneros" y "Gondwana" son el mentís mas claro a cualquier pretensión. Pero intentan engatusar con sus malls, el desenfreno de sus Porsches o Jaguars y engoladas voces en entrevistas mercenarias para explicar lo importante que es ser rico, aunque se esté vacío de cualquier idea sobre el mundo y menos les importa el Papa de Roma que condena el materialismo estéril.



En este mundo nuestro, del arte y la cultura, no hemos necesitado de los consensos como sucedió y sigue pasando en la política.





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