La mediatización de la política: el efecto Galileo - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 04:57

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La mediatización de la política: el efecto Galileo

por 5 noviembre, 2003

Una de las cosas que más llaman la atención respecto del escándalo suscitado por denuncias de pedofilia, en la estarían involucrados altos personeros del mundo políticos, es el papel de los medios de comunicación. En este sentido, no podemos dejar de señalar que el medio que "reventó" el escándalo no pertenece a los monopolios mediáticos chilenos, no obstante la noticia logró gran resonancia. Esto se explica, en parte, porque en una sociedad crecientemente en red, la dicotomía centro-márgenes se desdibuja: los mass media hoy no sólo se desterritorializan sino que además conforman un enmarañado homogéneo, es decir: no importa dónde se encienda la chispa, ésta incendiará la pradera.



Más allá de las presuntas culpas y responsabilidades, lo cierto es que la cuestión se ventila en los medios; en efecto, la pantalla de televisión y su resonancia en radios y medios impresos se ha convertido en los hechos en un foro público que juzga y sentencia. La opinión pública estima en un 70% que los personajes involucrados son responsables de tan deleznables actuaciones.



Es interesante hacer notar cómo a propósito de este asunto se confrontan dos lógicas. Por una parte las instituciones políticas, los partidos y el Parlamento y, por otra, los medios. Este fenómeno ha sido llamado la mediatización de la política y es, hoy por hoy, uno de los puntos cruciales para comprender lo que ocurre en Chile y otras latitudes.



Al analizar el fenómeno advertimos que mientras los medios actúan en función de lo noticiable, las instituciones se mueven más bien en el canon de la negociación y deliberación. De este modo, cuando un determinado actor político hace una denuncia en los medios, en verdad transgrede los límites de un pacto tácito al cual adscribe la clase política. Lo noticiable se alimenta, precisamente, de los aspectos más impactantes de la realidad social y política, no es raro pues que un sórdido escándalo sea material de primera para los medios.



Surgida la denuncia, ésta se transforma en un verosímil en cuanto quien la efectúa es un personero autorizado que ha roto las reglas del juego. Se instala así una sospecha tautológica que reza: en este ignominioso suceso aparecen involucrados altos personeros ligados al poder, por tanto operarán los poderes fácticos para acallar la denuncia. El denunciante ha pecado de ingenuidad al pretender enfrentar a los intocables...



Surge inevitable el efecto Galileo, todas las presiones para que el denunciante se retracte no hacen sino victimizarlo y reafirman la denuncia. Se escenifica una pugna entre un individuo valiente que debe enfrentar al Poder, el que se va a esmerar por acallarlo a cualquier precio, obligándolo incluso a retractarse en público. La imagen del valiente capaz de enfrentar dragones ha sido desde siempre seductora y los medios lo saben: es el triunfo del hombre común que se convierte en héroe.



Es curioso que algo que, en rigor, pertenece al ámbito judicial se transforme, en virtud de la mediatización, en un escándalo de alcance nacional que pone en jaque no sólo a quienes aparecen directamente relacionados sino que, además, a todo un sector de la política. Esto es así porque la política mediatizada es, sin más, el modo como opera la política en la actualidad.



Cualquiera sea la hipótesis con la que podemos trabajar, a saber: estamos ante la punta de un iceberg que muestra los grados de corrupción de ciertos políticos y empresarios chilenos o se trata de una maquiavélica maquinación para denostar a ciertos personajes e instituciones, lo cierto es que es imposible sustraerse al modo cómo se producen y circulan hoy los bienes simbólicos.



El <b<efecto Galileo</b< es un fenómeno inherente a la comunicación de masas, que se acentúa en sistemas políticos cerrados como es el caso de Chile. De algún modo, la democracia chilena no ha alcanzado los grados de transparencia que se requieren en el mundo contemporáneo. Podríamos afirmar que cuanto más cerrado sea el sistema político es mediáticamente más frágil, pues se produce una fuerte tensión y asimetría entre el ámbito cultural mass mediático y el orden político.



Cuando la polis vive una democracia de baja intensidad en que la política se fundamenta en la autarquía basada en la negociación cupular con una lógica dirigista coercitiva, el ámbito de la cultura impone su lógica de la mediatización, que no es sino la extensión del liberalismo tecnoeconómico al ámbito de la circulación de bienes simbólicos. La mediatización, por definición, excluye la jerarquización y la censura.



El efecto Galileo no es sino el síntoma de un problema mucho más vasto, los límites del llamado modelo chileno que no ha resuelto de manera exitosa el maridaje entre el neoliberalismo tecnoeconómico con los patrones de un sistema político inquisitorial y arcaico. La cultura de masas plebeyizada por el mercado reclama así sus fueros, señalando con el dedo a quienes alimentan su morbo: una vedette , un cura o un político.



El balance no puede ser más lamentable: primero, dadas las coordenadas de las relaciones entre el orden político, económico y cultural en el Chile de hoy, es altamente probable que este sea, apenas, uno de los primeros casos. Segundo, la actividad política cristalizada en estructuras rígidas no puede más que tornarse ritual y disociada de la cultura, esto es: degradarse. Tercero, cuanto más almidonado el quehacer político, éste se torna virtuocrático y moralista, creando las condiciones para que el escándalo emerja. El moralismo es el correlato normativo a una ausencia de normativas democráticas, lo mismo que la plebeyización no es otra cosa que el fariseísmo de masas en donde la democracia está ausente o es muy débil.



La mediatización, en tanto prolongación de la lógica de mercado en el intercambio de bienes simbólicos es de suyo amoral, su validez se juega más bien en lo estratégico, la eficacia. Por tanto, no éste el ámbito donde reclamar valores, actitudes o comportamientos. Cuarto, constatamos que el escándalo no es sino un aspecto de la política-mediática, el modo en que las sociedades burguesas tienden a administrarse en un contexto tardocapitalista globalizado.



* Profesor de la Universidad ARCIS


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