Admirados, pero también apreciados - El Mostrador

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Admirados, pero también apreciados

por 2 diciembre, 2003

Numerosos analistas y expertos en materias internacionales han estado analizando el eventual "aislamiento" en que se encontraría Chile respecto de nuestros vecinos latinoamericanos. Sin ir más lejos, este ha sido el tema recurrente en numerosas entrevistas televisivas, radiales y de la prensa escrita a nuestras principales autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores.



Este aparente clima de "mala onda" con Chile, de algún modo parece confirmarse en ciertos hechos públicos como son las reiteradas referencias del Presidente de Venezuela Hugo Chávez, al problema de mediterraneidad de Bolivia. Su insistencia en entrometerse en un asunto claramente bilateral demuestra, además de una completa ignorancia de los antecedentes históricos que son parte elemental de este asunto, cierta animosidad que vale la pena, más allá del personaje, tener presente. Si bien lo de Chávez puede obedecer a una pequeña cuenta pendiente por la posición chilena, cuando por convulsiones políticas en Venezuela estuvo derrocado por 48 horas, no se puede ignorar que también el Presidente Lula de Brasil se ha referido al tema boliviano.



Aceptando sin embargo que estos hechos más bien califican para el anecdotario, existen otros, menos publicitados y por lo tanto desconocidos para la mayoría de los chilenos, que abonan la teoría de que en Latinoamérica, algo ocurre que nos están queriendo poco. Así lo demuestra la experiencia vivida por algunos colegas diputados en una reunión efectuada hace pocas semanas en Asunción, donde, según relataron, se produjo un áspero dialogo con parlamentarios de Argentina, Perú y otros países, en que el tema no fue precisamente la salida de Bolivia al Pacífico. En ese encuentro, se nos reprochó haber negociado y finalmente acordado tratados de libre comercio con la Unión Europea, Estados Unidos y Corea del Sur, volviendo la espalda al MERCOSUR y a los demás países del barrio. Nos culpan de haber definido, unilateralmente, las condiciones en que sus respectivas naciones deberán negociar posibles acuerdos con Estados Unidos, objetivo que persiguen Perú, Colombia y Ecuador entre otros y que incluso influirían decididamente en las tratativas del Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA.



Sostienen que Chile, dejó sentados precedentes que impedirán que la gran potencia del norte les conceda más de lo que negoció con nosotros. Hubo también otras quejas, vinculadas a los efectos que algunas inversiones chilenas producen en sus mercados internos y en la industria de algunos de sus países, todo lo cual forma parte del mismo sentimiento.



Sin estar de acuerdo con estos reclamos, los dichos de Chávez, y en menor medida de Lula, así como lo ocurrido a los diputados chilenos en Asunción, dan cuenta de una mezcla de envidia y admiración por la distancia que va tomado Chile en materia de desarrollo económico y estabilidad política e institucional. Sin perjuicio de que aún estamos lejos de dos objetivos nacionales, como son derrotar la pobreza y lograr una más equitativa distribución de la riqueza, resulta indiscutible que en casi todos los indicadores, lideramos la región.



Chile se ubica a la cabeza de América Latina en materia de competitividad, somos, a pesar de todo, el país que muestra mayor transparencia presupuestaria y menor corrupción, tenemos una de las economías más abiertas del mundo y el riesgo país nos sitúa como el más seguro para invertir. Todos estos antecedentes, de los que debemos sentirnos orgullosos, sin lugar a dudas generan sentimientos diversos que explican esa mezcla de admiración y envidia. Lo importante está en no caer en la arrogancia y en "creernos el cuento" que conduce a una autocomplacencia que, más temprano que tarde, nos puede pasar la cuenta.



Debemos hacer cuanto está a nuestro alcance para ser apreciados y no solo admirados, sin olvidar que somos parte de América Latina y que sus problemas y desafíos son también nuestros. Mantenernos indiferentes al sufrimiento de Colombia con la guerrilla y la droga, a las dificultades económicas de Argentina, a la inestabilidad democrática de varios de nuestros vecinos y en general a los profundos problemas sociales de muchos de ellos, más agudos incluso que en nuestro propio país, sería desconocer una historia y una cultura de raíces comunes. Esa indiferencia, no solo sería desleal, sino que puede finalmente comprometer el éxito que, poco a poco, comenzamos a conquistar.



(*)Diputado

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