Responso por una víctima - El Mostrador

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Responso por una víctima

por 12 diciembre, 2003

A las nueve de la mañana de ayer se constituyó en el Salón de los Diputados del que fuera el edificio del Congreso Nacional, en Santiago, el IV Tribunal de Derechos de las Mujeres Chilenas, convocado por la Fundación Instituto de la Mujer. Otra edición que jalona el largo y a menudo sangriento camino de quienes el historiador Luis Vitale denomina la mitad invisible de la historia.



El objetivo del tribunal es "visibilizar y sensibilizar a la opinión pública y a los actores políticos acerca de las violaciones permanentes a los derechos humanos de las mujeres en Chile". Una tarea solitaria y que pareciera interesar a muy pocos, a juzgar por la acogida que tuvo en la prensa la instalación del referido tribunal.



Sucede que las sociedades -en especial las nuestras, en las que el proceso de globalizada aculturación semeja un corsé de fierro- viven prendidas a lo inmediato, si escandaloso mejor, como si su propia realidad histórica, su "ser"social en el más amplio sentido del término, fuera otro tema sometido al vaivén de las modas y fruto dispuesto y a la mano de sus predadores. Quienes pierden la memoria pierden la capacidad de proponerse objetivos, de tener metas, de atreverse con lo que parece imposible. Repiten la historia convirtiéndola en versión trágica de una farsa deleznable.



Uno de los casos que considerará este Tribunal simbólico es el de Gloria Ester Lagos Nilsson. "Mi madre Gloria Esther Lagos Nilsson, nacida en Punta Arenas el 29 de septiembre de 1945, tenía 28 anos, llena de vida, hermosa, madre de tres hijos: Héctor, el mayor, de diez años; yo, Marcela, con ocho; Patricio, el más chico, de seis; y otro que venía en camino; contaba con casi tres meses de gestación; teníamos tanto por delante, pero el 26 de agosto de 1974 cambió el curso de vida para todos. Entrando la tarde, mamá llega muy agitada, dice que tiene que volver a salir, pero que al día siguiente estaríamos todos juntos, sin embargo tocan la puerta, preguntan por ella, luego me entero que eran del Servicio de Inteligencia Militar. Nos dicen que no nos preocupemos, que le harán unas preguntas y que al día siguiente en la mañana estaría de regreso en casa". El texto entrecomillado lo escribió Marcela cuando tenía 19 años.



Un tal Osvaldo Romo Mena fue condenado, por el titular del Tercer Juzgado del Crimen de San Miguel, a 20 años de presidio por la desaparición de Gloria Esther. La Corte Suprema anuló el fallo y traspasó por sentencia de contienda de competencia el proceso a la justicia militar. El 6 de octubre de 2000 el juez militar general Adolfo Vásquez Moreno decretó la absolución de Osvaldo Romo Mena, el guatón Romo, por la comisión del delito de secuestro y ordenó su libertad bajo fianza. El martirizado cuerpo de Gloria Esther aún no aparece. Tampoco el de su hijo.



Romo estuvo ocho años en prisión desde 1992, año en que regresó a Chile por haber sido expulsado de Brasil. Durante todo este tiempo ha cumplido prisión preventiva, sometido a diferentes procesos por el delito de secuestro, tortura y desaparición de personas: entre otros, los casos de Alfonso Chanfreau, Lumi Videla, Andrónico Antequera, Sergio Reyes Navarrete y Rodolfo Espejo.



Un colectivo chileno-europeo por la defensa de los Derechos Humanos dirigió en noviembre de 2000 una carta a los gobernantes de Chile en la que sentaban su indignación por la excarcelación de Romo. Me llegó una copia de ese documento, que me negué a firmar. En cambio, preferí escribir a mi vez a las Asociaciones de Derechos Humanos y militantes por la democracia. Publicada por la revista de cultura y política latinoamericana Piel de Leopardo, esa carta decía: "alguna vez escribí que, según pasara el tiempo, en nuestra vejez, empecinada la memoria intentaría sobrevivir. Escribí que cada vez menos íbamos a ser los que tuviéramos una lágrima iracunda en las fechas que dolieran.



"Me equivoqué.



"Agradezco -y estoy seguro de que mis sobrinos, sobrevivientes repartidos por el mundo, también agradecen- a los idealistas convencidos de que las razones y las palabras pesan en el tiempo de la historia más que los intereses que se juegan en el brutal juego del poder.



"La realidad, empero (...) dice otra cosa. Apunta que cada letra de cada palabra, remitida a los mandatarios de mi país de origen, será masticada quizá con tristeza, pero al fin de cuentas arrojada al canasto de las 'razones de Estado'.



"Digo, en suma, que no firmo, no he firmado ni firmaré comunicado ni petición alguna dirigida a quienes no me representan ni me gobernarán jamás. Viví mi destierro, regresé a Chile cuando pude y volví a salir porque quise. Dejé allí amigos, compañeros, ex camaradas que me preguntaron qué había traído, convencidos ellos de que sus sacrificios de 17 años merecían reconocimiento y paga (escribí paga).



"No soy joven -mi hermana dejaría de serlo en estos días- y no puedo permitirme la masturbación esperanzada de aquellos que todavía sueñan con la equidad como una amante que los cabalga y es cabalgada con pasión por la vida. Quizá me he acostumbrado al exilio. Quizá. Pero a Gloria Ester -que murió inocente- tampoco, y de eso estoy seguro, la hubiera doblegado la mera esperanza del sueño de la justicia"



Decía, al terminar esa carta, que era menester vivir la realidad, pero que "la mía es no olvidar. Ni a mi hermana ni a los demás. No les daré el gusto -a esos enfermos morales que gobiernan- de explicarme por qué no pueden atenderme, atendernos. Que se jodan".



Amén.




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