¿Feliz Navidad? - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 12:05

Autor Imagen

¿Feliz Navidad?

por 24 diciembre, 2003

Cuando era niño, veía la vida como un niño la ve. La Navidad era misterio y magia. La alegría de los regalos en familia llenaban mi existencia de diciembre. Mi héroe era "el viejito pascuero" y su símbolo un nevado pino de pascua. No me inquietaba que las representaciones publicitarias hacían alusión a nieve y frío... en medio del inicio del verano. Ese era un problema para adultos, no para mí. Como tampoco me preocupaba el hecho que el motivo religioso de la fiesta se esfumaba en una pagana actividad mercantil. Eso era asunto de teólogos, moralistas y sacerdotes, no de mí ni de mis tres hermanos.



Ahora, cuando celebro mi Navidad número cuarenta veo las cosas distintas. La magia sólo me sonríe a través de los ojos de mis hijos. Los míos más bien están cansados. Y observo más críticamente esta maldita actividad febril de compra de regalos. Rostros angustiados de final de año. Y no faltan los amigos que, observando sus vidas que creen sin amor o sin sentido, caen en las depresiones que acompañan, como sombras fantasmales, estas fiestas. Porque la Navidad nos recuerda que la vida podría ser distinta.



Sí, la vida podría ser distinta. Alegría y regalos para todos. Lo hermoso de las fiestas es la solidaridad que ellas comunican. En las horas y días de fiesta, parece que las preocupaciones se detienen. Bailamos y cantamos; bebemos y comemos dando gracias a la vida. Nos damos tiempo para juntarnos con los seres queridos. En las fiestas parece que somos todos iguales y la felicidad está al alcance de la mano. Y los canales de televisión dejan por un día la violencia y las miserias del mundo llenándonos de bellas historias de caridad y bondad. Sí, la vida podría ser distinta. La Navidad nos invita a un nuevo nacimiento. El problema es que la ilusión se acaba pronto. Y es ahí cuando la desolación muerde y fuerte.



*** *** ***



Me guía un maestro lejano que he conocido hace poco: el filósofo español Carlos Díaz. El es un hombre al que sus más de sesenta navidades vividas no le impiden seguir buscando el sentido del pesebre. Él nos invita a buscar la alegre esperanza que es uno de los regalos más preciados de esta fecha.



Esa esperanza nos propone una vida plena para todos y le da sentido a nuestra existencia. Por eso es hermoso trabajar por esa esperanza. Navidad nos enseña que sólo trabajando por lo imposible, lo posible se hace realidad. Por eso no hay que cerrar jamás las puertas a la misteriosa esperanza. Sabemos que tener esperanza es doloroso, pues ella nos recuerda todos los días cómo podría ser de bella la vida y cómo no lo es en realidad. Sin embargo, ¿qué clase de vida sería aquella sin esperanza? Una vida desesperada, nada más. El profeta Ezequiel al describir el estado de ánimo de los israelitas en el exilio señala: "se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo se ha acabado para nosotros". Así es la vida de un pueblo cuando pierde la esperanza.



En cambio, la esperanza de llegar da ánimos para andar. La esperanza se alimenta hoy de pequeños signos visibles, de los cuales resultará mañana lo todavía no visible. Hace un año atrás, todo lo que vivimos el 2003 era sólo un sueño. Hoy día ya es un regalo que está en nuestros corazones. Vimos crecer a nuestros hijos. Logramos cumplir con nuestros deberes. Gozamos del descanso y celebramos cumpleaños, nacimientos, matrimonios y acompañamos a nuestros seres queridos a su última morada. Pues la vida es un milagro. E incluso, en nuestros fracasos y dolores tuvimos fuerza para pararnos y seguir andando a pesar de todo. Y eso es motivo de celebración. ¿Qué duda cabe?



*** *** ***



Los seres humanos nos alimentamos de la esperanza. Tenemos esperanza en que nuestros maestros nos puedan ayudar, en que podemos sanar, en que la humanidad irá mejor, en que nos sonreirá la suerte, en que nuestra existencia no perderá para nosotros su sentido. Vergonzoso es que nuestra alma desfallezca cuando el cuerpo aún tenga fuerzas para levantarse un día más. Aunque ya nada esperásemos de la vida, la vida sin embargo seguiría esperando siempre algo de nosotros. Ella, la esperanza, no sólo pregunta "¿qué me pasará a mí mañana si no hago hoy lo que debo?", sino también "¿qué le pasará a ellos y a ellas si no hago lo que debo?". ¿Qué pasaría con nuestros hijos, nietos, con mi viejo, con mi vieja, con mi país si yo no estuviese, aquí y ahora de pie?



La esperanza grita "mañana será mejor". Y ella espera en nosotros que la vida pueda ser mejor. Por muy cansada que se encuentre una persona, si descubre que no está sola, que hay alguien que la quiere, alguien que confía en ella y que seguirá haciéndolo pase lo que pase, renacerá la esperanza en su corazón. Sólo por que una madre y un padre aman y cuidan a su hija, esa niña se desarrollará y será una Violeta Parra o una Gabriela Mistral. Hogar es la casa donde uno es esperado. Por eso es bella la esperanza. Que esta fecha sea mensajera de la esperanza. Mis votos son porque volvamos a ver las cosas como las ve un niño y cerremos la puerta un día siquiera a tanta angustia, ambición y devaneos de adulto.





(*) Director Ejecutivo del Centro de Estudios para el Desarrollo.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes

Plan Individual

Anual:
$90.000
Semestral:
$40.000
Trimestral:
$20.000
Mensual:
$10.000

Plan Empresa

Anual:
$700.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 1.200.000)

Semestral:
$400.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 600.000)

Trimestral:
$200.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 300.000)

Mensual:
$80.000

Hasta 10 usuarios
(valor normal 100.000)