Previsibles consecuencias del ALCA en América Latina - El Mostrador

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Previsibles consecuencias del ALCA en América Latina

por 29 diciembre, 2003

En América Latina existe una pléyade de economistas -alineados ideológicamente al Fondo Monetario y a las corporaciones multinacionales- que sostienen que la única manera de alcanzar el desarrollado es profundizar nuestro rol exportador, y abrir aún más nuestras economías al exterior. De allí la importancia del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y de los tratados comerciales bilaterales que Estados Unidos pretende implementar en la región.



Sin embargo, e independiente del incremento en los flujos de comercio que estos acuerdos generen, también es cierto que comprometen la política económica de los países pequeños que participan en tales tratados, reafirmándose la estrategia de desarrollo basada en la sobre-explotación de los recursos naturales, lo que ha sido una constante histórica en América Latina.



Lo anterior nos lleva a pensar que una negociación en bloque -entre el MERCOSUR y Estados Unidos, por ejemplo- para determinar los contenidos del acuerdo para el ALCA tendría, sin duda alguna, mayor peso que una negociación bilateral con el país del Norte. Por esta razón es que resulta incomprensible el acuerdo alcanzado con Chile, el que, como se anticipó en su oportunidad, no incorporó los temas de negociación más duros, como el sistema anti-dumping norteamericano -el mayor instrumento de protección comercial de ese país- y los subsidios a la agricultura, que ascienden a más de 25 mil millones de dólares anuales.



Más absurda resulta ser la postura de Chile si tomamos en cuenta los resultados que ha tenido para México el NAFTA firmado con Estados Unidos y Canadá. Este acuerdo, de más de 9 años, es el clásico ejemplo de la forma de integración subordinada en que América Latina se relaciona con Estados Unidos.



El acuerdo ha buscado convertir al territorio mexicano en un paraíso atractivo para la inversión extranjera y para los capitales transnacionales que se han asegurado la garantía de que ninguna prestación social o regulación atentará contra sus intereses. De esta manera, según datos de CEPAL los flujos de inversión extranjera directa pasaron de 4,4 mil millones de dólares en 1993 a 11,8 mil millones de dólares en 1999.



Pero el costo de este "libre comercio", desde el punto de vista social, ha sido muy alto. Es el caso de los campesinos productores de maíz, quienes se han visto totalmente desplazados del mercado por la importación masiva proveniente de los grandes productores estadounidenses, fuertemente subsidiados por su gobierno. Mientras, el gobierno mexicano ha desmantelado todo el aparato de apoyo a la economía campesina y ha retirado los subsidios.



Nueve años después del NAFTA sabemos con exactitud lo que representa: 52,4 millones de mexicanos viven con menos de dos dólares diarios, mientras que 18 millones viven con menos de un dólar. El sector informal ha crecido alarmantemente a costa del empleo formal y de la quiebra de pequeñas y medianas empresas. La ola de emigrantes hacia las grandes ciudades y hacia los Estados Unidos es cada día más grande: ellos son las víctimas de este sistema que permite que sean tratados como criminales a quienes se puede encarcelar, perseguir y literalmente cazar en la frontera.



En materia ambiental el panorama no es mejor. De acuerdo con cifras oficiales, de 1993 a 1999, el costo de la degradación ambiental y del agotamiento de los recursos naturales alcanza un valor promedio del 10,9 por ciento del PIB mientras que el valor de los recursos dedicados a resarcir daños por contaminación o degradación ambiental han caído en cerca del 50 por ciento en este período.



Todo esto de alguna manera pone en cuestión los posibles beneficios de crear el ALCA, en función de los criterios que se han establecido en los acuerdos bilaterales entre Estados Unidos y algunos países de América del Sur.



El ALCA prevé la libre circulación de bienes y servicios e inversiones en todo el territorio del continente con excepción de Cuba. Se orienta a la implantación del mercado y la libre competencia en todas las actividades y recursos, extendiendo al máximo el alcance de la privatización. Contempla garantías totales a los intereses de las corporaciones multinacionales de origen norteamericano, colocados por sobre los derechos de los Estados nacionales, de los pueblos y de las personas.



Más de alguien podría señalar que nuestros pueblos están gobernados por personas que pueden ser sensibles al sufrimiento de sus semejantes. Pero los tecnócratas que deciden sobre estos acuerdos, alineados a las posturas ideológicas en boga, han perdido su condición humana. Ya lo decía Albert Camus: nuestro tiempo es el del miedo, porque el mundo parece estar gobernado por fuerzas ciegas y sordas que no oirán los gritos de advertencia, ni los consejos ni las súplicas. Hemos visto mentir, envilecer, matar, deportar y torturar. Y cada vez que esto ocurría, era imposible persuadir a los que lo hacían de no hacerlo, porque estaban muy seguros de si mismos y porque es imposible persuadir a una abstracción, es decir, a la expresión de una ideología.



(*) Economista. Oceanía, América del Sur y Antártica.

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