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Economía y geografía

por 13 enero, 2004

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En estos días surgen voces alarmadas ante la excesiva depreciación del dólar norteamericano, sea por los efectos que genera en sectores exportadores no mineros, cuanto por los efectos que esto puede generar en el tema del empleo. Resulta paradojal que la eterna preocupación de casi siempre en América Latina, termine por ser algo igual pero en situación absolutamente opuesta. Nos recuerda la frase de un brillante político italiano que decía en Italia todo es cierto, y lo contrario de todo también es cierto.



Somos varios -tal vez muchos- los que sostenemos que las actuales ciencias económicas son más que eso y se comportan como una simple ideología puesta al servicio de la reafirmación del modelo político, social y económico vigente. Que ahora sea el propio Fondo Monetario Internacional -una de las mas desprestigiadas instituciones de Bretton Woods- el que expresa su preocupación por la situación de la deuda de los EE.UU., parece casi una paradoja de la teoría del absurdo y nos debería llevar a exigir a nuestros economistas que se limiten a dar opiniones y no a disfrazarlas con el manto de la ciencia con que suelen hacerlo.



¿Logran imaginar ustedes a tracios, griegos, judíos y galos cobrándole a Nerón la palabra y el respaldo en oro por haber emitido mas de alguna moneda que era su puro capricho? Pocas veces ha sido tan patente como en nuestros días esto de que el poder imperial se transforma en la fuente de legitimidad del derecho y lo que es propuesto o impuesto a los dominados no vale para los dominadores.



Los europeos y chinos dicen a las claras que la depreciación del dólar es una jugada de EE.UU. para hacer mas competitivas sus exportaciones y para disminuir el valor real de su deuda, toda vez que se decidieran a pagar la parte de ella que deben pagar ahora. Parece improbable, pero lo grave es que quienes lo afirman son parte de la competencia industrial y financiera global, mientras que nosotros -y nuestro entorno latinoamericano- somos economías de segunda y tercera clase, mas bien exportadores de simples materias primas y, por lo mismo, con un nivel de dependencia casi total.



Es decir revaluación, depreciación, ajuste, déficit y otras palabras -que tienen harta a la mitad mas uno de la humanidad- son términos tan relativos como cualquier literatura de ficción y, como la ética, valen para quien quiera usarlos y no tienen el suficiente fundamento como para ser parte de una ciencia real.



Bien, si así están las cosas ¿será bueno estar en malas o medias relaciones con nuestra área natural de vida actual y futura, o sea nuestra desprestigiada region sudamericana?
Como lo ha sostenido el mismo señor Stiglitz, ex vicepresidente del FMI, solo una actuación armónica y coordinada de los países de nuestra área, nos permitirá la defensa ante los grandes poderes fácticos planetarios. Y lo que estamos diciendo no es pura ética política -que bien le haría a mas de alguno- sino inclusive un realismo mas que simple; Brasil y Argentina junto a sus socios del Río de la Plata suman poblaciones que superan los 210 millones de personas y parece un poco desproporcionado que 15 millones de chilenos, manipulados por los teóricos del neopragmatismo, aparezcamos como desvinculados de la realidad en que hemos vivido por centenas de años. Y en la que viviremos el futuro.

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