jueves, 18 de octubre de 2018 Actualizado a las 04:51

Autor Imagen

Bolivia: ¿Bilateralidad o multilateralidad?

por 14 enero, 2004

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

La demanda de Bolivia por acceso al Océano Pacífico involucra directamente a los Estados de Chile y Bolivia. Sin embargo, es de interés regional que se resuelva de manera pacífica y consensuada. Esa ha sido la historia desde las primeras épocas del conflicto.



Desde ya, nunca se eliminaron las sospechas de Perú (tercero en disputa) en el sentido de que Chile buscaba apropiarse del territorio de Tarapacá para ofrecer, a través de éste, una salida al mar a Bolivia. El pacto de tregua del 4 de abril de 1884, suscrito en Valparaíso, buscaba en los designios del Presidente Santa María, compensar a Bolivia de su litoral perdido o que estaba por perderse (ver sus cartas a don José Francisco Vergara y a Sotomayor, 26 de noviembre y 1 de diciembre de 1880 en Gonzalo Bulnes, Guerra del Pacífico). Política que aparece refrendada en los pactos con Bolivia de 1895, en que Chile cedía a Bolivia sus eventuales derechos a los territorios de Tarapacá, y en la Memoria de Relaciones Exteriores de 1897, que la confirma. Sin embargo, esta política cambia con el protocolo Billinghurst-Latorre (1898) el cual implicaba la devolución de dichos territorios al Perú.



En la misma época Estados Unidos buscaba la mediación entre los tres países basado en la máxima del Secretario de Estado de la época James G. Blaine, en la cual, a propósito de la política de Chile, se afirmaba, "la destrucción de la nacionalidad (boliviana), compromete los intereses del equilibrio continental". Recordemos que no habían pasado algunos meses de la ocupación de Lima por el ejército chileno cuando el gobierno de Estados Unidas intentó una mediación amigable, lo cual no era sino una continuación de las conferencias del Lackawanna durante la presidencia de Aníbal Pinto.



La mediación norteamericana comenzaba por reconocer el gobierno de García Calderón en Perú (1881), el cual fue desautorizado y disuelto por las autoridades de Chile. La reacción del gobierno estadounidense, en esa época era presidente Garfield, se resume en una nota del Secretario de Estado Blaine al enviado especial de su gobierno, señor Trescott (1ÅŸ de diciembre de 1881). En lo sustancial la nota advierte que si el gobierno de Chile rehusara la formación de un gobierno en el Perú que niegue su consentimiento a cualquier cesión de territorio, su enviado especial debería manifestar enérgicamente la contrariedad y el desagrado de los Estados Unidos por la adopción de tan deplorable política. La nota terminaba agregando que Estados Unidos no podía mirar con indiferencia la destrucción de la nacionalidad peruana y que si no hubiere un cambio en la política de Chile, se vería obligado a recurrir a las demás repúblicas del continente, para juntarse en un esfuerzo para evitar consecuencias que no sólo afectarían a Chile y al Perú, sino que amenazarían gravemente las instituciones políticas, los progresos pacíficos y la civilización liberal de toda América (ver texto completo de la comunicación en J. Moore, A Digest of International Law, Washington 1906, Tomo VI, p. 40).



Al término de su misión Trescott concluye que "es inaceptable la cesión de territorios a título de indemnización de guerra, y que las dificultades pendientes debían resolverse en un congreso americano reunido en Panamá".



No olvidemos que en aquella época Chile vivía ásperas controversias con Argentina por los límites de la Patagonia. Agreguemos que no fue extraño a esa tensión la compra al Reino Unido de los acorazados Cochrane y Blanco Encalada. Lo que es más grave aún, los gobiernos de Perú y Argentina discutían la adhesión de este último al Pacto de Alianza defensiva entre Perú y Bolivia, que había sido aprobado el 6 de febrero de 1875.



En resumen, contrariamente a lo que repetidamente afirma la cancillería chilena, el conflicto entre Chile y Bolivia fue desde su comienzos multilateral e involucró, como aquí se establece, a cinco naciones de América. Para quienes piensan que los tratados de 1904 y 1929 zanjaron definitivamente la controversia, recordemos que absolutamente todas las iniciativas de la diplomacia chilena, posteriores a dichos tratados, que implicaban una cesión soberana de territorio para Bolivia, con reciprocidad, se tropezaron con las mismas sospechas que tuvieron históricamente las iniciativas de Pinto, Santa María y en su momento Balmaceda, entre otros. Es también el caso de dos de las más recientes iniciativas, a saber las negociaciones secretas de 1968 entre los cancilleres Valdés de Chile y Guevara Arce de Bolivia, durante el gobierno de Frei Montalva; y de Pinochet y Bánzer en 1976. Concluimos: ya es tiempo que la cancillería chilena, basada en las experiencias del pasado, asuma la presencia de Chile en el Cono Sur de América Latina y recoja los desafíos que la historia le plantea.





Doctor en Ciencias Económicas Universidad d'Aix-en-Provence, Francia; profesor de doctorado Universidad Arcis, Santiago de Chile.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV