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Parque Pumalín, el mercado y la soberanía nacional

por 29 enero, 2004

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Está de moda hablar de soberanía. La discusión pública en torno a la demanda de un acceso al mar por parte de Bolivia ha avivado el fervor patriótico de los chilenos. En este contexto surge un nuevo cuestionamiento al Parque Pumalín, esta vez desde la perspectiva de la soberanía nacional.



La verdad es que el debate público en esta materia no deja de sorprender. La manera en que figuras públicas pretenden utilizar la vieja bandera del nacionalismo, expresado además con el lamentable episodio de la visita de Evo Morales, con evidentes motivaciones electorales, demuestra que la clase política chilena no es tan responsable ni tan madura como creímos.



En lo que respecta al Parque Pumalín, el debate se ha construido en torno a disyuntivas que no son tales. Como criterio inicial, se ha planteado una equivocada contradicción entre desarrollo económico y cuidado ambiental. Esta dogmática posición no aprecia una tendencia mundial creciente en los últimos años: la inversión por parte de capitales privados en proyectos de conservación ecológica. Basta ver el parque privado que se instalará en los terrenos antes destinados a Forestal Trillium -cuyo principal inversionista, Golden Sachs proviene de la Banca tradicional- para darse cuenta que la protección ambiental no sólo se justifica por razones ambientales, sino además tiene mucho sentido desde el punto de vista económico.



Hoy día es la escasez del capital natural el que está poniendo límites a la expansión económica y no el capital financiero, por lo que la conservación de ecosistemas de enorme biodiversidad y poco valor económico, tiene mucho sentido desde el punto de vista de la política pública.



En consecuencia, el Parque Pumalín no es un caso aislado, sino el primer proyecto en Chile de una tendencia mundial. Más específicamente, desde un punto de vista estrictamente económico, el Parque es un negocio redondo para Chile. No apreciar esto demuestra cómo la ideología desarrollista puede cegar el sentido común. El Parque ha aportado una inversión de más de US$ 30 millones, de los cuales la mitad es inversión fija. Es la mayor inversión extranjera en la historia de la zona. Por primera vez Palena y toda esta zona tienen una imagen internacional, nada menos que por el valor de su ecosistema.



El Estado chileno nunca tendrá los recursos financieros para conservar o desarrollar adecuadamente esta área. Más aún, dadas las características de Palena, Pumalín ofrece la única posibilidad para un desarrollo económico de la zona, asociado fundamentalmente a actividades vinculadas a los parques nacionales, como el turismo, que son de altísima valoración social. Más aún, el parque puede servir de ejemplo a nivel nacional respecto de cómo desarrollar al país con crecimiento económico, pero manteniendo los equilibrios ambientales y sociales.



En relación al debate sobre la soberanía y el hecho que un extranjero sea dueño de grandes extensiones de territorio, es aquí donde queda más evidente la intención de desinformar a la opinión pública. Al respecto habría que señalar que efectivamente en nuestra legislación vigente no existen límites a la propiedad de parte de un individuo, sea extranjero o nacional, de grandes extensiones de territorio. Por cierto que aquí debería haber una discusión transparente e informada sobre lo que en efecto son límites a los derechos de propiedad.



Sin embargo, el acuerdo entre Tompkins y el Gobierno nada tiene que ver con aquello. La Fundación que preside Douglas Tompkins ya es dueña de las 300 mil hectáreas en la zona de Palena, nada puede impedirlo. Lo que el acuerdo está permitiendo es que Tompkins done este territorio al Estado, a través de la creación de un Santuario de la Naturaleza.



Por lo tanto, no logro entender el argumento de aquellos que pretenden salvaguardar la soberanía nacional. Ä„Cómo puede ser mejor para Chile que Tompkins sea el dueño privado de 300 mil hectáreas, en vez de que una fundación constituida jurídicamente en Chile, con directores chilenos y bajo el alero de la regulación de un santuario de la naturaleza, sea dueña de las mismas 300 mil hectáreas! Pues simplemente esto es lo que hace el acuerdo entre la Fundación Pumalín y el Gobierno.



La novedad en relación a este argumento sería que jurídicamente tendría alguna diferencia construir una carretera a través de los terrenos o eventualmente introducir servidumbres o alambrado eléctrico. Pero la verdad es que el Estado mantiene las mismas prerrogativas de expropiación, sea un terreno privado o un santuario de la naturaleza, con la diferencia que éste ultimo requiere adicionalmente la aprobación del Consejo de Monumentos Nacionales y un Estudio de Impacto Ambiental. En el primer caso, los miembros del Consejo son designados por el Presidente de la República, y con relación al Estudio de Impacto Ambiental, uno esperaría que las autoridades ya tengan un compromiso en esta materia de todas maneras. Por lo tanto, no parecen condiciones adicionales que modifiquen criterios.



Pero en este sentido, habría que enfatizar que la construcción de la extensión de la sección de la carretera austral en la zona y a través de los terrenos del Parque es francamente un volador de luces. La construcción de la carretera por esta zona no tiene absolutamente ningún sentido, es extremadamente costosa y completamente inviable como proyecto privado, a pesar de lo que diga el Senador Horvath.



Tampoco el Estado tiene los recursos financieros para su construcción y, si lo hiciera, posiblemente sería el proyecto de menor rentabilidad social y mayor costo de oportunidad en la historia de Chile. Con las enormes falencias en infraestructura pública, falta de recursos en educación y salud, cómo se podría justificar una carretera que costaría millones de dólares para comunicar a tres mil personas y que se usaría en el verano para turistas. Ningún ministro de Obras Públicas con dos dedos de frente aceptaría construir tal proyecto, ni mucho menos un ministro de Hacienda accedería a financiarlo.



En conclusión, queda en evidencia que el tema de la soberanía es una discusión artificial que busca dividendos políticos en el corto y mediano plazo. Para el grueso de los detractores de Pumalín, lo que realmente les preocupa es dejar 300 mil hectáreas fuera del modo como ellos conciben el desarrollo.



Rodrigo Pizarro es el director ejecutivo de Fundación Terram.



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