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EEUU y el Protocolo de Kioto: El gigante egoísta

por 6 marzo, 2004

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Recientemente hemos conocido, a través del prestigioso diario británico "The Observer", un documento secreto encargado por Andrew Marshall, uno de los asesores del Pentágono con mayor influencia en el pensamiento militar estadounidense de los últimos treinta años, sobre la catástrofe climática que se avecina para el año 2020.



El documento es de gran relevancia, ya que proviene del interior del gobierno de los Estados Unidos, durante el período de la administración Bush. No obstante, el actual presidente de la nación norteamericana se ha caracterizado desde los inicios de su mandato por negar la existencia del cambio climático, para así oponerse al Protocolo de Kioto. Esto, debido a los fuertes lazos que lo unen a él y a varios miembros de su gobierno, a las principales empresas petroleras y eléctricas de Estados Unidos.



Durante mucho tiempo organizaciones ambientales y la comunidad científica del mundo han venido anunciando y denunciando los problemas medioambientales que se avecinan producto del calentamiento global de la Tierra, consecuencia principal del desenfrenado desarrollo industrial alcanzado, fundamentalmente, por los países más ricos del planeta, entre los que destacan Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Rusia, Canadá, Japón y Australia.



Sin embargo, hoy los hechos cobran una nueva importancia, pues no son los llamados grupos ambientalistas o la comunidad científica alarmista los que ponen nuevamente el debate sobre la mesa, sino los propios científicos del gobierno estadounidense que, sobre la base de la evidencia, han corroborado lo que venimos anunciando, desde mucho tiempo atrás, las principales organizaciones ambientales del mundo.



En ese sentido, el informe emanado del Pentágono es muy concluyente al establecer que la protección del medioambiente no es sólo asunto de debate científico, sino también un tema de seguridad nacional, debido a las consecuencias que se prevén para el planeta en el futuro próximo (mayores que las provocadas por el terrorismo). Sin embargo, la posición egoísta del gobierno de Bush una vez más resalta en el informe, al ver el problema del calentamiento global como algo que afecta exclusivamente a su nación y dimensionar, solamente, la seguridad al interior de su Estado sin medir las consecuencias del fenómeno a nivel planetario.



Recordemos que dentro de los países desarrollados, principales responsables del fenómeno climático, Estados Unidos vierte la tercera parte del dióxido de carbono (CO2), principal gas responsable del calentamiento global del planeta. A pesar de esto, Bush se ha negado a ratificar el Protocolo de Kioto para disminuir sus emisiones contaminantes a la atmósfera. De hecho, las políticas actuales de ese gobierno van en sentido contrario. Cuando han increpado al presidente Bush por su posición, su respuesta ha sido siempre la misma: que ellos también producen la tercera parte de los bienes del mundo, lo cual es cierto, pero la diferencia es que el dióxido de carbono afecta al planeta en general, mientras que sus bienes se quedan dentro de su país.



Actualmente, no se puede asegurar que la catástrofe climática comience en 2020, como anuncia el informe. No obstante, desde hace algunos años el planeta está viviendo una serie de fenómenos climáticos, como por ejemplo la ola de calor vivida en verano pasado en Europa, donde murieron miles de personas; los períodos de sequías e inundaciones en África y Asia; la reciente ola de calor vivida en el sur de Chile, entre otros. Fenómenos que, si se miran en conjunto, podrían estar anunciando lo que nos depara el futuro (escasez de agua dulce, alimento, energía, etc.), de no tomarse las medidas necesarias para proteger el medioambiente a nivel mundial.



Chile, al igual que el resto de los países en desarrollo, es un simple observador de la catástrofe que se nos viene. Sin embargo, nuestro país tiene una gran interés en que se avance en la disminución de los gases invernaderos y en la protección del medio ambiente. De hecho, durante el 2002, el Senado de la República ratificó el Protocolo de Kioto. El interés de Chile radica en que en nuestro país se encuentra uno de los reservorios más grandes de agua potable que existen en la actualidad, (Antártica) y además, cuenta con grandes riquezas en materia de biodiversidad, ecosistemas y bosque.



El principal objetivo del protocolo de Kioto es reducir las emisiones de los gases invernaderos a nivel planetario. Hasta ahora, el protocolo ha sido ratificado por 120 naciones, no obstante, todavía no entra en vigencia. Esto, porque se requiere que los países firmantes cubran el 55% de las emisiones a nivel mundial y, actualmente, sólo se ha cubierto el 44,2% de ellas. Bastaría sólo que Estados Unidos ratificara el protocolo para que éste entrara en vigencia.



Cabe esperar ahora que la filtración de este documento haga tomar conciencia a los ciudadanos norteamericanos y presionen a su actual presidente -o al siguiente- para que modifique su conducta, firme el protocolo y podamos salvar nuestro planeta.



Paola Vasconi es encargada de Medio Ambiente en la Fundación Terram

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