Solución para el gas: Ä„Pidámoslo a Bush! - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 12:11

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Solución para el gas: Ä„Pidámoslo a Bush!

por 12 abril, 2004

Se me ha ocurrido una solución genial para el asunto del gas: Ä„Pidamos ayuda a nuestro principal aliado internacional! Con seguridad nuestro gran amigo, el Presidente Bush, sabrá ayudarnos a resolver el incómodo asunto de la restricción de las exportaciones de gas de nuestros poco confiables vecinos. Incluso, recomendaría ir más allá, y reemplazar derechamente todo el gas argentino por gas estadounidense.

Si por cualquier motivo, el gran país del norte no pudiese transitoriamente atender este sencillo requerimiento, podemos entonces recurrir a la Unión Europea o a Corea, con los cuales hemos firmado otros TLC, recientemente. O podríamos resolver el asunto también recurriendo a Guatemala, Honduras, El Salvador y otros jugadores de ligas mayores al igual que Chile, todos nosotros integrantes del llamado grupo de los 14 ó 15, ya no recuerdo bien, en que ahora nos coordinamos, junto a los EEUU y en contra de la posición del Mercosur, en lo referente a las negociaciones del ALCA.



No me explico como esta solución tan simple y evidente no se les ha ocurrido antes a los esclarecidos estrategas que orientan nuestra política exterior, quienes diseñan e impulsan el curso de inserción internacional de nuestro país. Sería una oportunidad inmejorable para demostrar cómo nuestra seguridad nacional y energética está felizmente resguardada por la inteligente política soberana, que ellos han defendido y aplicado a lo largo de tantos años.



La otra alternativa que se está intentando tiene costos muchos mayores. En efecto, el camino que se está privilegiando frente al tema del gas, consiste en ceder finalmente a las presiones de las eléctricas para un alza de precios y eliminación de restricciones ambientales, que las entusiasme a invertir en centrales hidroeléctricas. De hecho, el problema del suministro de gas se originó precisamente en un chantaje que las empresas eléctricas que operan en Argentina, pretendieron hacer al gobierno de ese país, para obligarlo a ceder a alzas de tarifas allá. Dichas empresas extranjeras son las mismas que se apoderaron de nuestra vieja y red estatal de generación y distribución eléctrica, la cual nunca nos falló antes de ser privatizada.



Acá en Chile ellas mismas optaron por trasladar a gas un 30% de la generación, ante las evidentes rebajas de costo que ello significa, y que en parte benefician a todos los chilenos. De ahí la obvia conveniencia de mantener la generación con gas, pero dada la mala leche que tenemos con nuestros vecinos, quienes lo poseen en abundancia, y que se traduce en desagrados como el que nos preocupa, deberíamos abastecernos de fuentes más confiables y que nos quieren bien.



Abastecernos de gas estadounidense, y ojalá integrar nuestra red eléctrica con la de ellos, permitiría estrechar aún más nuestra relaciones con ese gran país. De esa manera podremos encontrar en ellos protección adicional frente al peligroso gigante que se visualiza creciendo al mismo lado nuestro. Y puesto que el asunto del gas nos ha traído a colación los grandes temas de seguridad nacional, quisiera permitirme hacer algunas reflexiones muy generales a este respecto.

Recordemos que hace poco, uno de los más importantes bancos de inversión estadounidenses, estimó que al 2020 los llamados BRIC, es decir Brasil, Rusia, India y China, iban en conjunto a igualar a EEUU y la UE en potencia económica, y que hacia el 2050 cada uno de ellos lo haría por si solo. En el caso de Brasil, la política de ese país, como todo el mundo sabe, consiste en generar un espacio económico y político regional aún más amplio en América Latina. Puesto que Argentina, el otro gigante del sur, está de acuerdo, lo más probable es que en un par de décadas, y con toda seguridad dentro de cuatro, nos encontremos de vecinos a una de las grandes potencias del siglo XXI.



No cabe duda que esa gran potencia regional, vecina nuestra, hará cosas como las que hacen las grandes potencias. Es decir, buscará implementar una estrategia de desarrollo independiente, en el terreno político, económico y militar. Como se sabe, en el caso de América Latina ello significa, ni más ni menos, una política independiente de los EEUU, nuestro principal aliado, y su principal rival regional.



En lo político, parece razonable que lo primero que dicha gran potencia lationamericana intentará, será asegurarse la adhesión de sus vecinos y buscará aislar a aquellos otros vecinos a quiénes perciba como aliados de sus potencias rivales. Por otra parte, intentará establecer una política internacional de alianzas, en primer lugar con sus pares, es decir, el resto de los BRIC, pero también con la UE, para poder de esa manera equilibrar la enorme influencia de los EEUU, nuestro principal aliado y amigo, en la región.



Por otra parte, esta gran potencia en ciernes, muy probablemente no descuidará el aspecto básico de su seguridad interna, que no es otro que lograr un nivel adecuado de cohesión social y adhesión ciudadana. Para ello, muy probablemente, al igual que lo hicieron los EEUU y Europa, durante el siglo XX, intentará la extensión de un moderno estado de bienestar a sus ciudadanos. En lo económico, ello muy probablemente se combinará y complementará con una amplia política de inversiones estratégicas, en comunicaciones, ciencia y tecnología, incluyendo la industria aeroespacial, de información y la biotecnología, entre otros rubros, tal como hacen todas las grandes potencias.



Por eso, no parece improbable, que dicha gran potencia en construcción aplique durante algunas décadas una suerte de neo-desarrollismo, que sea parecida al New Deal estadounidense, o al Welfare State europeo, del siglo XX, cuando aquellas potencias estaban más o menos en la etapa de desarrollo en que nuestra vecina se encuentra ahora. Ello generará oportunidades de negocios muy interesantes, para las empresas privadas de la gran potencia en construcción.



El neo-desarrollismo latinoamericano del siglo XXI con seguridad se apoyará en la pujante realidad de las empresas privadas regionales, a diferencia del siglo pasado, cuando el estado desarrollista de entonces tuvo que enfrentar por si mismo tareas productivas, que la estructura social de entonces, predominantemente campesina, no era capaz de asumir. Por este motivo, parece doblemente urgente apurar nuestra integración con el gran país del norte, que mi propuesta de utilizar el gas estadounidense puede agilizar.



De esta manera, nuestras empresas privadas podrán compartir en un plano de igualdad con las de ellos, la pertenencia a ese espacio económico inmejorable. Incluso ahora mismo, la integración plena con los EEUU puede abrir oportunidades de negocios muy lucrativas. Sigdo-Koppers, por ejemplo, podría compartir en un plano de igualdad con Halliburton, parte de los lucrativos contratos de la reconstrucción de Irak. Las variadas empresas de seguridad chilenas formadas por ex-militares y agentes de la CNI, podrían asimismo compartir los negocios en ese país que ahora monopoliza Blackwater. Claro, para ello sería conveniente enviar además a Irak militares chilenos, como lo hemos hecho en Haití. De no actuar con decisión al respecto, nuestros empresarios corren el riesgo de quedarse sin pan ni pedazo, por así decirlo.



La estrategia alternativa, que recomiendan algunas voces marginales, no parece muy atractiva. Ella nos obligaría a intentar transformarnos en socios leales de nuestros vecinos, y ser percibidos como tales por sus ciudadanos. Nos obligaría a optar por recorrer desde ahora, junto con ellos nuestros iguales, el largo difícil camino de construcción de la nueva potencia regional en el siglo XXI.



Nos obligaría a compartir con ellos las dificultades, tropiezos, retrocesos transitorios e infinitos problemas asociados a tan ambicioso proyecto. Nos obligaría a demasiados cambios de énfasis en nuestra política exterior, algunos de los cuales podrían incomodar a los EEUU. La recompensa de todo ello sería, claro, la posibilidad de compartir con nuestros vecinos cierto grado de influencia en la dirección de uno de los grandes espacios soberanos del siglo que se inicia. Y, claro, hay que reconocer que nos ayudaría a resolver al asunto del gas.





*Manuel Riesco es miembro del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda).

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