¿Abandonar a América Latina? - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 11:16

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¿Abandonar a América Latina?

por 13 abril, 2004

No es mayor virtud el mantener las convicciones políticas fundamentales y perseverar en los objetivos estratégicos de largo plazo cuando todo marcha bien. Por el contrario, es en medio de las tormentas cuando todo lo grande florece y es puesto a prueba. Hoy, Chile tiene la sensación de estar en medio de una tormenta regional. El gobierno del Perú reclama que nuestros límites marítimos no están bien fijados. El pueblo de Bolivia exige salida al mar y bota a un gobierno con tal que no pase su gas por nuestro territorio. La administración de Argentina nos golpea poniendo restricciones al suministro de gas hacia Chile. Un estudio iberoamericano nos ubica como el tercer país más antipático, después de Cuba y Argentina.



¿Qué hacer? Mantener las convicciones políticas y los objetivos estratégicos a pesar de todo. Nadie dijo que la integración latinoamericana fuese fácil. Pero ella es indispensable. La integración apunta a que los estados se asocien, formulen, coordinen y apliquen estrategias de acción conjunta. ¿Para qué? Para mejorar internamente el desarrollo equitativo de los países que se asocian y para potenciar una mayor presencia en el sistema internacional. Se trata de un imperativo central en un mundo globalizado y fragmentado, en el que los países ricos y sus bloques de poder imponen siempre injustas relaciones políticas, militares, comerciales y financieras. Toda América Latina junta no representa el cinco por ciento de las exportaciones del mundo. Piense usted lo que represente un país como Chile. Poco, muy poco. Pero trabajando con el Mercosur somos el cuarto bloque de libre comercio más importante del mundo.



Por otro lado, razones de seguridad y de defensa nos llevan en la misma dirección de búsqueda de coordinación. La integración regional busca la creación de un orden regional estable y seguro. Más aún, gracias a los avances en esta materia en democracia nos hemos declarado como zona de paz, sin armas nucleares y evitando la proliferación de armas de destrucción masiva. Hemos puesto fin a nuestras diferencias territoriales con Argentina, que casi nos llevan a una guerra en los setenta. Por eso hemos desarrollado medidas de confianza mutua con Argentina. Ellas constituyen políticas tendientes a atenuar las percepciones de amenaza mutua y a evitar situaciones de sorpresa en sus relaciones. Se busca así prevenir los conflictos, evitando equívocos. Flacso señalaba en 1999 más de 34 arreglos con Argentina, adoptados en diez años de democracia. Entre ellos, maniobras militares y navales conjuntas, más el desarrollo de una industria militar regional.



Por otra parte, existen afinidades evidentes entre nuestros países. Me refiero a la búsqueda de la consolidación de nuestras democracias, tarea imposible de alcanzar sin una adecuada relación entre civiles y militares. Relación que no existirá jamás en un cuadro de crispación regional. Por eso hemos adoptado la cláusula democrática del Mercosur y la Declaración de Santiago de la OEA. Ambas apuntan a fortalecer la democracia en la región. Y de hecho funcionaron en las crisis del Paraguay y entre Perú y Ecuador. Existe una comunidad democrática y republicana en nuestra región. Y queremos acabar con una agenda histórica marcada por conflictos y tensiones militares tradicionales entre países fronterizos. Para eso requerimos de mucha voluntad política, sobre todo en las crisis.



Sumemos a todo lo dicho las afinidades económicas. En medio de los problemas siempre tendemos a criticar a nuestros gobernantes. Si Luchetti tiene problemas en el Perú, recurrimos al Estado. Al mismo que debilitamos eludiendo pagar impuestos, por ejemplo. Recordemos que el petróleo y el gas fueron privatizados en Argentina. Tampoco es malo traer a cuento lo que señaló el por aquel entonces canciller José Miguel Insulza. "Nosotros no teníamos ningún acuerdo de promoción y protección de inversiones cuando empezaron a fluir las inversiones chilenas hacia Argentina. No tenemos hoy un acuerdo de promoción y protección de inversiones con Perú, donde ya existen alrededor de tres mil millones de dólares de inversiones de empresas chilenas, siendo Chile el primer inversionista regional en ese país. El comercio con Brasil se duplicó en 1996, aun antes de que el acuerdo con Mercosur entrara en vigencia, lo cual lo hizo ciertamente más atractivo ese acuerdo".



Así, la integración latinoamericana se sustenta en lógicas económicas, tanto empresariales como interestatales, ligadas a economías de escala y la búsqueda de un mayor poder en el concierto internacional. Sumemos a ello la dinámica político estratégica que busca consolidar la democracia y la paz regionales. Y agreguemos finalmente la más evidente de todas: América Latina conforma geográfica y culturalmente una unidad insoslayable. Esa unidad que solemnemente está escrita en la estatua del Cristo Redentor: "Se desplomarán primero estas montañas antes que argentinos y chilenos rompan la paz". En tiempos de crisis, mantenerse en lo fundamental y exigir lo mismo a nuestros vecinos.

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