Por una política de la vida en libertad - El Mostrador

Domingo, 25 de febrero de 2018 Actualizado a las 02:22

Autor Imagen

Por una política de la vida en libertad

por 11 mayo, 2004

El hecho que 15.674 "píldoras del día después" se vendieran el año 2003, ¿no obligaba a distribuirlas entre mujeres que, teniendo potencialmente necesidad de ellas, no tienen los ingresos necesarios para adquirirlas en el mercado? Como el Estado es neutral en materias religiosas, ideológicas y éticas, ¿no puede sino actuar en lo que considera determinado por el interés general, más allá de las legítimas diferencias que nos separan, pues gobierna para quince millones de chilenos y no para los católicos? Finalmente, una cosa es que se distribuya a través de los consultorios "la píldora del día después" y otra muy distinta es que se esté obligado a consumirla, ¿no se respeta así tanto la libertad de la mujer que desee hacer uso de ella como la que la rechaza?



Respecto de la primero constatemos que una cosa es la igualdad ante la ley y otra muy distinta la igualdad de derechos. Es una hermosa conquista de la democracia contemporánea el sostener que todos los hombres y mujeres nacemos libres e iguales en dignidad y en derechos. De ahí que se acaban los estatutos de privilegios, leyes privadas para grupos de beneficiados, y se impongan la igualdad ante la ley. La ley es igual para todos. El juez debe aplicarla imparcialmente sin favorecer a nadie en razón de su condición social, raza, religión o ideología. Pero no basta con acabar con las discriminaciones legales de una sociedad estamental. Se requiere además que cada ciudadano tenga igual derecho a disfrutar de determinadas facultades que la sociedad considera como fundamentales. Surge así la demanda por la igualdad de derechos. ¿Es eso lo que busca el gobierno al repartir la píldora gratuitamente en los consultorios? Si lo que irrita es la manifiesta inequidad entre mujeres del barrio alto y pueblo llano, ¿debemos entender que hay un cambio en la política económica y de los deberes del Estado pues ahora aplicaremos el criterio de igualdad que reza "lo mismo para todos, es decir, reparto igual de beneficios y cargas entre todos"? Si así fuese, lo ocurrido la semana pasada sería parcialmente una buena noticia. Un poco de igualdad en este Chile donde hoy nos pesan tantas desigualdades arbitrarias, nocivas para el Bien Común y susceptibles de superación.



Sin embargo, queda otra pregunta relevante. La igualdad de la que se nos habla y que supone una misma libertad para todos, ¿es independiente de cómo se utiliza? La libertad no es un valor absoluto, como tampoco lo es la igualdad. Por lo pronto es licencia, y no libertad, el usar de mis derechos para dañar a otros. E incluso uno de los fundadores del liberalismo sostenía que no se puede aceptar un "derecho al suicidio" y el pactar la propia esclavitud. Pues en ambos casos la libertad se autodestruye. La libertad supone normas, valores y fines que le dan sentido, vigencia y legitimidad. Por eso la pregunta relevante es qué relación existe entre el uso de la libertad individual con respecto al valor de la vida.



Aclaro desde ya que estoy hablando en términos generales. No estoy pensando en el caso específico de la mujer violada, que teme experimentar un embarazo no deseado y no tiene dinero para comprar este método de anticoncepción extraordinario. Lo hago porque lo serio intelectualmente es abordar el tema desde la perspectiva que se están consumiendo más de 15.000 pastillas al año y que el estado mandó a distribuir más de 35.000 (en circunstancias que las violaciones no llegarían a las tres mil). Ya sabemos que los que han comprado la píldora del día después lo hacen mayoritariamente porque han tenido una relación sexual no protegida, porque les falló el condón o se les olvidó tomar la pastilla anticonceptiva.



Vuelvo a la pregunta, ¿la igualdad de derechos y la libertad personal pueden ejercerse sin importar si atentan contra la vida? La respuesta es evidentemente que no. Ahora bien, ¿cuando empieza la vida humana? pasa a ser una pregunta relevante. La ciencia médica no llega a acuerdo ni creo llegará a ello. Ella es parte de la sociedad y de sus diferencias de intereses e ideas. Por lo mismo, el magisterio de cualquier iglesia no puede zanjar esta cuestión en forma absoluta. Menos el determinar si una píldora es abortiva o no. Cae fuera de una competencia magisterial inobjetable. Sin embargo, más generalmente seamos claros en que el estado no es ni puede ser neutral frente a la suerte del que está por nacer. Stalin fue quien sostuvo que nadie se acordaba de los malditos cosacos que Pedro el Grande había mandado a matar. Hitler sostenía que una mosca producía miles de huevos, y que casi todos ellos morían. Y fueron las dictaduras militares las que mataron a decenas de miles de latinoamericanos en los años de la guerra fría. Por lo tanto, una política humanista debe promover la vida. Particularmente la de los más débiles, pues eso es ser progresista: estar con el débil y en contra del abuso del poderoso. Digo más, cuando sabemos que en Chile hay trescientos mil niños menos que en el censo de 1992, que más del cincuenta por ciento nacen fuera del matrimonio y mayoritariamente son hijos de mujeres de las clases populares, ¿el estado puede señalar que es neutral, que gobierna para todos y que no le corresponde actuar en estas materias? Lo anterior compromete gravemente nuestro presente y futuro, en términos de integración social, competitividad económica y la seguridad social de nuestros futuros jubilados.



Finalmente, pasemos a una tercera inquietud. Se dice que la mujer que tiene ante sí la pastilla del día después, en una farmacia o en un consultorio, puede tanto tomarla como rechazarla. La libertad está así resguardada. Este último argumento me inquieta tanto como los otros. Hay veces que siento que el liberalismo económico que nos inundó en los ochenta, ya se ha transmutado en liberalismo cultural. ¿Qué clase de concepto de libertad se esconde detrás de la afirmación recién citada? Pues la libertad negativa, del más simple liberalismo individualista. La libertad es independencia e intimidad, pero también es capacidad, oportunidad y poder. Para que seamos libres requerimos ser independientes, no estar sujetos a prohibiciones ni cadenas externas. También necesitamos intimidad, es decir, de autonomía personalísima frente a las presiones de la sociedad.



Estas dos dimensiones protectoras o negativas de la libertad son fundamentales, y este es uno de los aportes del liberalismo, pero con eso no basta. Pues necesitamos además ser capaces, es decir, de tener las habilidades espirituales, intelectuales y físicas para ejercer nuestros derechos. Una cosa es que todo joven mayor de edad tenga derecho a conducir un auto y otra es que tenga la capacidad, determinada mediante pruebas, de poder hacerlo sin riesgo para él y la sociedad. Requerimos además que oportunamente tenga acceso al ejercicio de un derecho. ¿De qué me sirve el derecho a la salud si los fármacos contra mi enfermedad me los entregaron cuando ya ella había causado todo su daño? Y finalmente, necesitamos de poder, es decir que la sociedad nos garantice los medios para ejercer nuestra libertad. No es libre el inquilino que depende de su patrón ni el mendigo que carece de sustento.



¿A qué viene todo lo anterior? Volvamos pues a la mujer que está en el dilema de tomar o no la píldora. El gobierno chileno nos acaba de decir que ella es libre de hacerlo o no. Así entendida la libertad, los socialistas, ppdés, demócratas cristianos y radicales socialdemócratas coinciden con el liberal conservador del barrio alto que defiende el consumo de la píldora del día después. Sí, porque ambos están defendiendo una libertad negativa. A nadie se le prohíbe ni se le obliga a nada. Es libre para elegir. ¿Es cierto esto? Pues no. Porque la mujer que experimenta un embarazo no deseado, para que pueda tener una libertad relevante y una opción significativa, junto con la pastilla del día después debiera el tener una posibilidad real de llevar a término ese embarazo. Para ello se requeriría de una política estatal que subsidiara generosamente casas de acogida, mejorara los procedimientos de adopción y destinara una buena parte de su presupuesto de justicia en tribunales de familia y demás. El Informe del PNUD 2004 sobre La democracia en América Latina nos informa que Chile gasta el 0,9% del presupuesto en Justicia, contra un cinco por ciento de los países más integrados de nuestro continente. Deberemos pues seguir esperando esa política estatal. Desde ya reclamo por ella. Por una política de la vida en libertad. Y humildemente y con dolor disiento de la forma como ha obrado mi gobierno. No estoy de acuerdo.





*Sergio Micco A., pertenece al Centro de Estudios para el Desarrollo (sergiomicco@hotmail.com).

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes

Plan Individual

Anual:
$89.900
Semestral:
$49.900
Trimestral:
$24.900
Mensual:
$9.900

Plan Empresa

Anual:
$700.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 1.200.000)

Semestral:
$400.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 600.000)

Trimestral:
$200.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 300.000)

Mensual:
$80.000

Hasta 10 usuarios
(valor normal 100.000)