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Simce 2004: ¿Qué hacer ahora?

por 28 mayo, 2004

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Al hablar de educación, no hay que olvidar dos puntos de partida fundamentales. En primer lugar los padres somos los primeros educadores de nuestros hijos y hemos delegado en los colegios parte de la tarea de la educación. En segundo término, el principal deber de los profesores es que los alumnos aprendan. No basta con enseñar.



Es a partir de estos dos puntos que se pueden revisar los resultados del Simce.



Es un hecho indiscutible que los resultados son malos. En la práctica, la mantención del desempeño casi sin variación respecto de la última evaluación, medido en los puntajes obtenidos, significa un retroceso por la mala base desde la que se parte. A esto hay que agregar el hecho lamentable de que los resultados de los estratos socioeconómicos bajo y medio-bajo vienen disminuyendo significativamente, especialmente en la prueba de matemáticas, desde 1998. No puede ser que quienes más necesitan de una buena educación como herramienta de promoción humana, muestren el peor desempeño, a nivel de promedios nacionales y según la distribución dentro del mismo segmento (ver cuadros).











En este último cuadro, puede apreciarse cómo los resultados, dentro del mismo estrato, van disminuyendo. Como ejemplo, podemos fijarnos en el segmento medio-bajo. En 2001, el 5% peor se ubicó bajo 155 puntos y en 2003, bajo 153. En 2001, el 25% peor obtuvo menos de 197 puntos; en 2003, en cambio, menos de 190. Estos resultados no pueden esconderse con los promedios, porque afectan a personas concretas cuyas oportunidades de desarrollo se ven afectadas.



Una pregunta que cabe hacerse entonces es: ¿cómo ayudar a los padres en su tarea de primeros educadores en esta coyuntura?



En primer lugar con información sobre los resultados que los ayuden a tomar decisiones relativas al establecimiento donde estudian sus hijos. Aquí ha habido un avance por cuanto se informará a los padres de los alumnos examinados acerca de la situación del curso en relación al propio colegio, a los demás centros de la misma comuna, a los del mismo nivel socioeconómico y al promedio nacional.



En segundo lugar, sería bueno dotar a los padres de herramientas que les permitieran hacer un uso eficaz de dicha información. Las propuestas en este sentido son más a largo plazo, pero pueden resultar muy eficientes si se les da tiempo para mostrar resultados.



En este caso nos referimos a la ampliación de la oferta educativa mediante el incentivo a la formulación de nuevos proyectos educativos, la posibilidad de participación de instituciones especializadas y de probada experiencia en la gestión de los establecimientos de bajo rendimiento de acuerdo a la decisión de las familias afectadas, el establecimiento de subvenciones diferenciadas, que otorguen más recursos a los colegios que sean elegidos para sus hijos por familias con problemas socioeconómicos (supuesta la verdadera libertad de elección de colegio no hay necesidad de entregar recursos centralizadamente sólo a unos determinados establecimientos, como se ha hecho a través de programas como el P900) y el otorgar más autonomía y atribuciones a los directores para la administración de los recursos.



Con respecto a la responsabilidad de los profesores parece necesario revisar la situación según los resultados de sus alumnos. Es impensable considerar algún profesional que no sea evaluado por sus resultados. Esto no desmerece de la vocación especial que sin duda tienen los profesores y los lleva, en muchos casos, a desarrollar su trabajo con ilusión, no obstante las difíciles condiciones materiales que puedan enfrentar. Pero, esta vocación no se opone a la evaluación por resultados. Por la capacidad de seguimiento que supone, es también una buena medida la de evaluar anualmente la calidad de la enseñanza en Cuarto Básico.



Sin embargo, esto es claramente insuficiente, e incluso inútil, si no se acompaña de iniciativas relacionadas a la retribución del desempeño de los profesores. Situaciones que habría que repensar se refieren a la inamovilidad laboral, la composición y cálculo de la remuneración (ahora es en base a antigüedad, capacitación, etc.), la evaluación y su voluntariedad (como sucede hasta el momento, no obstante las iniciativas legales en discusión), la falta de consecuencias para los docentes y establecimientos de mal desempeño (recordar que la última evaluación arrojó más de un tercio de los profesores con calificación mínima o insatisfactoria), la flexibilización de requisitos de otros profesionales para acceder a hacer clases (de hecho el SNED, Sistema Nacional de Evaluación de Desempeño, excluye de los posibles premios a quienes no son pedagogos, independientemente de su excelencia), etc.



Si se enfrentan estos resultados con espíritu constructivo, con verdadero interés y con sentido de país, poniendo el interés de Chile antes que las conveniencias electorales inmediatas, seguro se encontrará voluntad de todos los actores involucrados para implementar y hacer propias las medidas adecuadas para facilitar el acceso a una educación de calidad para todos los niños de nuestro país.



(*)Andrés Rodríguez Valenzuela es investigador Asociado Fundación Jaime Guzmán

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