Resistencia bacteriana: la otra bomba de tiempo - El Mostrador

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Resistencia bacteriana: la otra bomba de tiempo

por 24 junio, 2004

Los antibióticos constituyen una de las herramientas más importantes con que cuenta la medicina para combatir las enfermedades infecciosas en humanos y animales. Sin embargo, su empleo desmedido e incorrecto está incidiendo dramáticamente en el aumento de cuadros de resistencia bacteriana a nivel mundial. Ello está afectando tanto a pacientes humanos como a animales silvestres, de compañía y a las producciones avícolas, ganaderas y acuícolas destinadas al consumo humano, representando un emergente y grave problema ambiental y de salud pública.



Ya en la década de los '80 la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre la formación de resistencia por parte de bacterias frente a los antibióticos. Esto significaba que en muchos casos los enfermos humanos y los animales destinados a la producción intensiva no respondían a los tratamientos terapéuticos, con negativas consecuencias sanitarias y económicas.



A fines de la década del '90 la OMS señaló que poseía suficiente evidencia microbiológica y clínica acerca de la capacidad de las bacterias resistentes para transferir esta característica, desde animales a seres humanos, mediante contacto directo, el medio ambiente o a través de los alimentos, lo cual daba origen a cuadros infecciosos de difícil tratamiento con los esquemas terapéuticos tradicionales. Por lo tanto, la OMS recomendaba a los gobiernos el uso racional de antibióticos y la puesta en marcha de mecanismos de monitoreo para controlar este problema.

Es así que en Estados Unidos, Canadá y algunos de la Unión Europea, con los cuales Chile tiene acuerdos comerciales, la venta de antibióticos para uso animal se realiza bajo receta, supervisión y estricto control médico veterinario. Además, se han establecido diferencias entre antibióticos para uso exclusivo en seres humanos y otros para su empleo en animales de compañía o producción.



Sin embargo, en Chile la situación dista de esta realidad. Y ello es preocupante, ya que la producción animal intensiva se encuentra en pleno proceso de expansión productiva y territorial, consecuencia del estímulo a las exportaciones de alimento que están significando los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea, Corea del Sur, los países de la Efta y próximamente Nueva Zelandia, Malasia, India, Japón y la República Popular China.



Chile no se encuentra ajeno al problema mundial de la resistencia bacteriana. Por ello preocupa las insuficientes regulaciones a la venta de antibióticos de uso veterinario en nuestro país, así como la falta de planes de monitoreo, orientados a detectar periódicamente la presencia de genes de resistencia en bacterias de interés clínico, frente a los antibióticos de uso habitual. Esto en el entendido que la resistencia bacteriana debe tratarse en conjunto, tanto en medicina humana como animal.



Una línea de investigación de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, apoyada por Fondecyt y el Departamento de Investigación de la Universidad de Chile, constató como resultado de su primer estudio de farmacovigilancia en las regiones Metropolitana y Décima, la existencia de altos niveles de resistencia a antibióticos (del 12% a 40% ), en bacterias presentes en cuadros infecciosos en ganado lechero. El estudio recomendó moderar el empleo de la oxitetraciclina, por corresponder a uno de los antimicrobianos que más problemas está causando en este sentido en nuestro país, el cual a su vez es de empleo muy popular en la salmonicultura chilena.



Es importante señalar que en la salmonicultura en Chile se utilizan antibióticos de reciente introducción en medicina humana, por ello, altamente efectivos en bacterias que aún no han desarrollado una resistencia importante a ellos como la fluorquinolonas. Este grupo de antibióticos no son biodegradables y permanecen largos períodos en el ambiente, ejerciendo su capacidad para seleccionar bacterias resistentes.



El análisis de las cantidades de antibióticos empleadas en la acuicultura en Chile revela un sostenido y preocupante aumento de su consumo, habiendo llegado a las 500 toneladas en 2000.



Por ello es necesario avanzar tanto en el establecimiento de una normativa oficial que racionalize el evidente empleo indiscriminado de antibióticos en la acuicultura intensiva y en las otras industrias de producción de alimentos de orígen animal. A la vez, que la institucionalidad de registro, control y fiscalización de fármacos y alimentos, avance hacia una mayor coordinación multisectorial o hacia la creación de una única oficina a cargo de estas labores.





*Juan Carlos Cárdenas N. es médico veterinario y director del Centro Ecocéanos.

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