Lobby, democracia y socialismo - El Mostrador

Martes, 23 de enero de 2018 Actualizado a las 10:53

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Lobby, democracia y socialismo

por 23 julio, 2004

Lobby es un grupo de personas que trata de influir en las decisiones del Congreso y la Administración del Estado en beneficio de intereses particulares.



En Estados Unidos, el lobby esta regulado desde 1946 y aceptado dentro del sistema, pues esta actividad transmite opiniones que recogen intereses privados que el legislador o la autoridad pública debe considerar y evaluar. Sin embargo, también es cierto que en Estados Unidos han habido grandes debates en torno a esta actividad, pues llevada al extremo serían los lobbies los legisladores reales y no los representantes elegidos. A raíz de esta preocupación el Congreso Americano se ha ido dotando de un staff de expertos de primera línea o a través de las famosas audiencias (hearing) ha podido equilibrar la influencia de estos lobbies.



En Chile, siempre ha existido el lobby en un sentido genérico, aunque de una manera difusa y opaca; los lobbies más conocidos e influyentes son los principales medios de comunicación y las organizaciones empresariales. Pero en el proceso de americanización de la sociedad chilena que vivimos, en los últimos años se ha ido decantando la actividad de lobby en un sentido profesional, al estilo americano, pero con dos diferencias importante: ausencia de control democrático de su actividad y un Congreso que no tiene el apoyo técnico informativo del Congreso de los Estados Unidos.



Estos lobbies recientemente constituidos son consultoras a cargo de ex ministros, ex diputados o ex altos funcionarios de gobierno que manejan contactos e informaciones privilegiadas, que no merecerían ninguna critica si simultáneamente ellos estuviesen bajo una regulación que de garantías a los ciudadanos de la inexistencia de tráfico de influencia. Cabe recordar que el gobierno envió al Congreso un proyecto de regulación de esta actividad en enero de 2003.



Ahora bien, el proyecto de ley conducente a aplicar un royalty a la gran minería ha concitado una gran adhesión ciudadana y en lo político una adhesión que va mas allá de la propia Concertación. El trabajo persistente de la Comisión de Minería del Senado desde hace un buen tiempo, y los abusos en materias tributarias de algunas empresas mineras (el caso de la Disputada quedara en los anales) posibilitó que el Ejecutivo hiciera suyo el proyecto del royalty. En este contexto, la renuncia al PS de E. Correa, dirigente de uno de los principales lobbies creados recientemente, reabre el tema del rol del lobby en un sistema democrático.



En la discusión del último pleno del Comité Central del PS, éste decidió apoyar el proyecto del royalty a la gran minería y advirtió a los militantes que los que operaran contra el proyecto serían pasados al tribunal de disciplina. Una cosa es tener dentro del socialismo opiniones discrepantes con el proyecto del royalty, que nos merece todo respeto y otra cosa muy distinta es realizar operaciones cubiertas o encubiertas contra el proyecto para que este fracase en el Congreso. Esto último no sólo es escandaloso, sino inmoral. Si E. Correa no tenía intenciones de lanzarse en estas operaciones, entonces no se justificaría su renuncia. Pero parece de toda evidencia que no hay ningún partido político moderno que pueda aceptar tal situación.



Nadie busca transformar al PS en una secta estalinista, pero tampoco puede pretenderse hacer de este partido un club de "notables", permeable a la influencia de los poderes fácticos. Tampoco no hay nadie en el socialismo chileno que esté por negar la legitimidad, a alguno de sus militantes, del ejercicio de una labor profesional en el mundo privado. Pero si se planteara un conflicto de intereses, como es el caso actual frente al recientemente desaprobado proyecto del royalty, y las responsabilidades privadas obligan a actuar contra un proyecto emblemático como este, a fin de impedir su aprobación, es obvio que alguna consecuencia política traerá tal conducta. Lo peor seria decir aquí no ha pasado nada. Todo es igual; nada es mejor.

*Alexia Guardia B. es economista.

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