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Kerry: a las puertas de la Casa Blanca

por 30 julio, 2004

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En nuestro país se han dado diversas opiniones acerca de los posibles resultados de la próxima elección presidencial norteamericana. Por desgracia, no son muy exactas ni rigurosas, debido a prejuicios ideológicos o a un conocimiento demasiado superficial del sistema electoral y de la situación política en nuestro gran vecino del norte. Todos sostienen que el resultado será estrecho o que Bush será reelecto.



Lo primero que hay que tener presente es que el sistema norteamericano no supone una oposición al Presidente; todos deben colaborar con él. La función del partido que no está en la Casa Blanca es ser el recambio, reemplazar al Presidente o partido en el gobierno cuando agoten sus programas. Por esa razón, la historia política del país se divide en realineamientos partidistas. Y cuando un Presidente se presenta a la reelección, además, los ciudadanos primero lo juzgan y, si tienen dudas, después de la Convención que elije a su adversario se fija en el candidato de recambio. En esta oportunidad, lo extraordinario de la situación, es que la primera opción la tiene, incluso antes de la Convención demócrata, el senador Kerry.



Durante la segunda posguerra, en las cuatro reelecciones presidenciales, Eisenhower, Nixon, Reagan y Clinton, tenían, a esta altura del proceso, el apoyo de más del 50% de los votantes potenciales. Y los dos que perdieron, Carter y Bush I, menos de ese porcentaje. El resultado de la última encuesta electoral nacional previa a la Convención demócrata fue 46% para Kerry, 44% para Bush, 3% para Nader (quien se declara a la izquierda de Kerry) y 7% indecisos. Con todo, esas cifras no son decisivas, porque la elección es indirecta y por estado, pero es un buen indicador.



No obstante, en nuestro país, por la izquierda, se dice que Bush tiene la ventaja de ser considerado más confiable respecto de la lucha contra el terrorismo y que los republicanos tienen una mayor caja electoral. La primera afirmación es cierta, 55% contra 44% apoya la forma en que el Presidente ha enfrentado al terrorismo, pero el 54% contra el 42% rechaza como ha administrado la guerra con Iraq. También es verdad que los republicanos, desde hace años, tienen más recursos financieros que los demócratas, pero en lo que va recorrido de 2004, son estos últimos los que han recaudado más fondos.



Por la derecha, se afirma que la creciente influencia de una nueva izquierda demócrata, encabezada por el financista, filántropo y millonario George Soros, perjudicaría las opciones de Kerry, quien necesitaría el centro. Es cierto que en el Partido Demócrata ha nacido una muy importante ala socialdemócrata, que integran empresarios, sindicalistas, intelectuales e internautas que más se preocupan por la salud de la gallina que pone los huevos de oro, que de estos últimos.



Es un fenómeno similar al que ha ocurrido en otros países. En Italia, esa tendencia explica las derrotas de El Olivo y los consiguientes gobiernos de Berlusconi. En Francia, donde la izquierda pierde cuando está en el gobierno porque se olvida de sus programas, pero triunfa desde la oposición cuando se recuerda de sus viejos proyectos. O, como comienzan a demostrarlo las encuestas en Chile, cuando incluyen al tercio del electorado que ahora no vota.



Sin embargo, en el caso de Estados Unidos, después de sufrir a la extrema derecha del equipo del segundo Bush, que desalineó el sistema, la nueva izquierda demócrata demuestra todos los días, también en la Convención, que primero quiere deshacerse de Bush y después reformar o abandonar el Partido demócrata.



Por último, por el centro, se sostiene que en la Convención Demócrata los Clinton y Dean opacaron la figuras del dúo Kerry y Edwards. Basta ver algunas escenas, leer esos discursos y la opinión de los analistas norteamericanos para comprender que ello no ocurre, lo que es un verdadero milagro en el caso de ese partido.



Los demócratas, desde siempre, han sido más indisciplinados que los republicanos. Y la razón es que representan a todos los que no son la raíz de la nación norteamericana. O sea, a los que no son varones WASP (blancos, anglosajones y protestantes, que también incluye a los que tienen origen germano). En otras palabras, a la mayoría de los negros, católicos, mujeres, judíos, agnósticos, emigrantes recientes, latinos, budistas, asiáticos, etc.



En los últimos años, sin embargo, a partir de las victorias de Reagan en la década de 1980 y, muy en especial durante la administración de Bush II, los republicanos han perdido el apoyo de las Iglesias Reformadas Históricas, y su aparato pasó a ser dominado por la derecha religiosa (evangélicos, pentecostales, fundamentalistas, poscristianos, judíos ortodoxos, católicos carismáticos o integristas, etc.), los intelectuales neoconservadores, de origen trotkista, y los llamados socialistas millonarios, es decir, quienes se han enriquecido al amparo del sector público.



La reacción es Kerry y Edwards, cuya base es un sorprendente dócil y unido Partido demócrata. Recordemos que hace sólo un pocos años, uno de sus dirigentes sostuvo que intentar imponerle alguna disciplina era tan difícil como hacerlo con un grupo de gatos.



Las encuestas nacionales, como dijimos, no son los mejores indicadores porque la elección presidencial en EE.UU. es indirecta y segmentada. Los ciudadanos votan por una lista cerrada de delegados de cada candidato en su respectivo estado (también en el Distrito de Columbia). Cada estado tiene tanto delegados al colegio electoral presidencial como senadores (dos por cada uno de ellos) y diputados, en proporción a la población, que van desde uno, el mínimo (Delaware, Distrito de Columbia, Montana, North Dakota, South Dakota, Vermont y Wyoming), a 53 en California. Y la lista del candidato que saque un voto más se lleva todos los delegados del estado respectivo, salvo en Nebraska (5 delegados) y Maine (4). La mayoría son 270.



Ahora bien, de acuerdo a las últimas encuestas por estado, previas a la Convención demócrata, Kerry tenía 186 delegados seguros al colegio electoral presidencial, 27 casi seguros y 42 probables, es decir, un total de 255, mientras que Bush tenía 138 seguros, 15 casi seguros y 90 probables, o sea, un total de 243.



Están en verdadera disputa Arizona, con 10 delegados (Kerry, 42%, Bush, 41%, indecisos, 17%), Delaware, con tres (no se ha hecho encuesta y en 2000 ganó Gore), Iowa, 7 delegados (Kerry, 47%, Bush, 46%, Nader, 1%, indecisos, 6%), Maine, 4 delegados que no son elijen del modo habitual (Kerry, 44%, Bush, 41%, Nader, 5%, indecisos, 11%), Nevada, 5 delegados (Bush, 46%, Kerry, 43%, Nader, 4%, indecisos, 7%) y Washington, el estado, con 11 delegados (Bush, 43%, Kerry, 43%, Nader, 4%, indecisos, 10%), es decir, un total de 41 delegados.



Con ese cuadro en este momento, salvo que se produzca un milagro, lo más probable es que Kerry sea elegido presidente de Estados Unidos.

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