Seguridad ciudadana: ¿Sin ciudadanos? - El Mostrador

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Seguridad ciudadana: ¿Sin ciudadanos?

por 3 agosto, 2004

El tema de la seguridad ciudadana es una prioridad constante de la agenda pública de los últimos diez años. La encuesta CEP de junio-julio de 2004 lo señala. A la pregunta, ¿cuáles deben ser los temas que deben ser prioritarios para un alcalde?, el funcionamiento de los consultorios recibe 63% de menciones, seguido por el combate a la delincuencia que acapara 61% y 45% que menciona la educación de la comuna.



¿Por qué? Porque se trata de un fenómeno del mundo occidental capitalista contemporáneo que ha llegado a Chile. Particularmente en Estados Unidos, y a partir de 1963, se produjo un aumento sostenido de las tasas de crímenes violentos y los delitos contra la propiedad. Eso provocó una inmediata reacción en el sistema político, pues ya en 1968 los candidatos de la Ley y del Orden triunfaron. Después se impuso la idea que Michael Dukakis había perdido la presidencia de Estados Unidos por el caso de Willie Horton. Este presidiario, beneficiándose de una liberal salida a su hogar, decretada por el gobernador Dukakis, violó y mató a una mujer. Así Bill Clinton, siendo gobernador de Arkansas, no dudó en autorizar la ejecución de un retrasado mental Ricky Ray Rector. El clímax se llegó con la elección del gobernador de Texas, en la cual uno de los candidatos posó ante las cámaras de TV rodeado de fotos de todos los convictos que habían sido condenados a la silla eléctrica durante su gobernación.



Junto con ello, el pensamiento conservador norteamericano impuso la idea de que el incremento de la delincuencia se debía a la disminución de las sanciones criminales. Francis Fukuyama cita a Gary Becker, quien señaló que cuando "los beneficios del delito aumentan, o los costos de los mismos (en términos de castigo) bajan, se cometerá una mayor cantidad de delitos y viceversa". Así, la tasa de encarcelación en los Estados Unidos duplicó en 1997 la de 1985 y triplicó la de 1975. Bajo Bill Clinton se construyeron 213 cárceles estatales nuevas, sin contar con las florecientes cárceles privadas. El costo de mantener estos reclusos es igual al total del presupuesto federal de bienestar social para 8,5 millones de pobres. En 1995 se calcula en 5 millones 400 mil personas presas, en libertad bajo palabra o condicional.



Como lo ha recordado la historiadora Azun Candina, en Chile el tema llegó como preocupación pública de una manera extraña. Recordemos que Paz Ciudadana nació a consecuencia del secuestro del hijo de Agustín Edwards. Se trataba entonces de combatir la violencia política, cosa que la democracia hizo muy bien. Quizás por ello el tema giró hacia los delitos comunes. Hoy día existen nada menos que 45.000 guardias privados. El gobierno del Presidente Ricardo Lagos ha asumido con tal decisión el combate a la delincuencia que al 2006 se invertirán 320 millones de dólares para aumentar al doble los recintos carcelarios. En ellos hoy hay hacinados 33.000 personas, siendo Chile el segundo país latinoamericano con mayor población carcelaria en proporción al número total de habitantes. De ahí la inversión del gobierno.



Destaquemos que no todos los países tienen iguales niveles de delincuencia. Y no todos la combaten del mismo modo. La Unión Europea, con una población de 370 millones de habitantes, tiene una población penitenciaria que incluye a infractores violentos y no violentos de 300.000 personas. Esto equivale a un tercio de los reclusos en Estados Unidos, país de alrededor de 274 millones de habitantes. Destaquemos además que al año 1998 había 198 presos blancos por cada 100.000 blancos; 688 hispanos presos por cada 100.000 hispanos y 1.571 negros presos por cada 100.000 negros.



Digamos pues que combatir a la delincuencia no puede ni debe agotarse en la represión de los delincuentes. Una política tan eficaz como humanista debe atacar también las causas de la delincuencia. A este respecto la Cepal concluía en 1997 que factores de riesgo de la violencia urbana son: a) Desigualdad de ingreso urbano. Entre más alta, mayor riesgo. Chile es, en este aspecto, un país de alto riesgo; b) Pobreza en los hogares urbanos. Chile es un país de bajo riesgo pues tiene alrededor de un 20% de hogares pobres; c) Tasas de desempleo abierto urbano. Chile es un país de mediano riesgo pues su cesantía fluctúa entre 6% y 10%; d) Porcentaje de jóvenes urbanos de 13 a 17 años que no estudian ni trabajan. Chile es un país de bajo riesgo gracias a la reforma educacional pues en esta categoría los jóvenes no alcanzan al 8%; y e) Déficit educacional: porcentaje de niños urbanos de 14 ó 15 años que no han completado seis años de estudio. Chile es igualmente un país de bajo riesgo pues en esta situación hay menos de un 10% de jóvenes.

Como se ve, Chile es parte de un fenómeno mundial en que la seguridad ciudadana pasa a ser un tema central de la agenda pública. Por lo mismo, debemos tener a la vista la experiencia de otros países en estas materias. Ella nos enseña que la delincuencia sólo se puede combatir con una firme decisión social que ataque tanto sus efectos como sus causas. En caso contrario, todas nuestras medidas punitivas serán, a corto plazo, tan ineficaces como injustas, pues muchas veces terminaremos sancionando al joven al cual no le dimos ninguna oportunidad de acceder a una vida digna.



*Sergio Micco es abogado y cientista político.

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