El agua gratis del Ministro Rodríguez - El Mostrador

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El agua gratis del Ministro Rodríguez

por 5 agosto, 2004

Durante su intervención en el seminario "Crisis Energética en Chile: El Rol de las Energías Renovables", realizado en Santiago, el 22 de julio en el Palacio Ariztía, al ministro de Economía y Presidente de la Comisión Nacional de Energía, Jorge Rodríguez, se le deslizó un lapsus que merece algunos comentarios. Mientras él desarrollaba los pro y contra de las distintas alternativas energéticas viables en Chile, para solventar las necesidades del país, se refirió, por supuesto, a la tan mentada hidroelectricidad, y al respecto dijo algo así como que a fin de cuentas "el agua es gratis".



Sorprende esta expresión de un Ministro, en un planeta en el cual ya se habla de crisis mundial de las aguas, donde se estima que alrededor de 1.200 millones de seres humanos (20% de la población mundial) tienen serias dificultades para acceder al recurso; donde miles mueren al día por no tener agua limpia para beber, donde las obras de captación, tratamiento y distribución de las aguas cuestan cada día más millones de dólares; donde se supone que las próximas guerras podrían ser causadas por conflictos relacionados con el acceso al vital elemento.



Esta expresión del Ministro, sin duda, más inocente en el contexto de una presentación pública bastante improvisada, delata, sin embargo, la íntima relación que él tiene con estas empresas, al punto que pareciera tener plenamente incorporado su paradigma, y revela que el inapropiado marketing que ha hecho el poderoso sector hidroeléctrico transnacional, instalado con mucha fuerza en Chile, ha calado hondo en la mente y percepción de los chilenos, incluyendo la de los ministros.



En efecto, por décadas los ejecutivos del sector, a través de su discurso corporativo, han hecho todo lo posible para convencer a los incautos de que genéricamente las centrales hidroeléctricas son una fuente de energía limpia y renovable, por el simple hecho de utilizar agua para generar electricidad. Hasta hace poco a estos positivos e incuestionables calificativos se agregaba el de ser ésta una fuente "nuestra", es decir, propia, nacional, tema que ha adquirido gran relevancia en los últimos tiempos, debido a nuestra crítica dependencia del gas natural argentino.



Es bastante extraño, sin embargo, que hoy esto de lo "nuestro" siga siendo parte del discurso, puesto que el sector energético en su mayor parte es propiedad de empresas extranjeras, principalmente españolas, las que, gracias a Yuraszeck y sus boys, no solamente se adueñaron de la energía de Chile, sino también de sus aguas. Pero, por lo menos, sus centrales y 'sus' aguas siguen estando en nuestro territorio.



La verdad es que en manos de Yuraszeck, Endesa-Chile, a pesar de llamarse así, tampoco era una empresa de y para todos los chilenos, sino manejada por estos agresivos y ambiciosos ejecutivos chilenos, con una lógica absolutamente 'privada', en el peor sentido de la palabra, es decir, sin ninguna consideración ni por los intereses de la nación en el largo plazo, ni por nuestro patrimonio, e incluso ni siquiera por los de los accionistas de la empresa, lo que quedó demostrado por el grotescamente desproporcionado porcentaje de las utilidades de la venta de Enersis del que se apropiaron estos ejecutivos, por medio de 'virtuosas', por no decir perversas, artimañas corporativas de su propio diseño, incorporadas con gran previsión por ellos mismos a los estatutos de la empresa.



Pero, volviendo atrás, el calificativo de 'renovable' también es altamente cuestionable, porque lo que usan y destruyen las centrales hidroeléctricas no es agua, sino ríos -definidos en la Constitución chilena como bienes nacionales de uso público, dicho sea de paso- y cuencas. Sí, destruyen, porque todo lo inundado obviamente deja de existir y los ríos represados sufren severos procesos de degradación y, en muchos casos, largos tramos, aguas abajo de las represas simplemente 'mueren' en términos biológicos. Y las cuencas cobijan poblaciones, a veces indígenas, que, en el mejor de los casos, deben ser reasentados y debidamente compensados. Todo esto dista mucho de ser gratis, limpio y renovable.



Ahora, otra verdad es que cualquier chileno 'común', que religiosamente paga su cuenta de agua a la sanitaria española, inglesa o francesa, para poder seguir recibiendo el vital elemento, podría pensar que el ministro Rodríguez vive en otro mundo, una vez más, al parecer, en el 'privilegiado' mundo corporativo privado. Efectivamente, es a este sector al que el aberrante Código de Aguas de 1981, de Pinochet y sus boys, les regaló las aguas de Chile. Gratis, a perpetuidad y sin justificación de uso. Es evidente que ésta es la gratuidad a la que se refirió cándidamente el Ministro, pero que se aplica, también por diseño, en una sola dirección. Es decir, estas aguas -también bienes nacionales de uso público- fueron 'registradas', lo que, en la práctica significa 'adquiridas', gratis por empresas tales como Endesa, pero una vez que estuvieron en manos corporativas pasaron a valer millones de dólares. Ä„Notable magia! Aún más negra es la 'magia' que les permitió a los gestores de todo esto lograr que esta pérdida patrimonial gigantesca, con ribetes geopolíticos y estratégicos de una dimensión incalculable, haya pasado 'piola' en el país, sin ningún escándalo sobre soberanía ni pataletas nacionalistas de senadores y diputados, tal como ha sucedido, por ejemplo, con el Parque Pumalín y la Estancia Chacabuco, que de problemas geopolíticos y estratégicos no tienen nada, sino que les suscitan problemas ideológicos y paranoias territoriales, relacionadas con la transmisión eléctrica, justamente al poder fáctico hidroeléctrico.



Según reportes de prensa, Pacific Hydro, de Australia, le habría comprado a Codelco en US$10 millones derechos de agua sobre el río Tinguiririca, para generar 300 MW. Se puede especular, por lo tanto, que hoy en Chile el caudal necesario para generar 1 MW vale mínimamente unos US$30.000. Esta es la razón por la cuál no vale la pena ni siquiera intentar pedirle a Endesa que le regale de vuelta a todos los chilenos, al menos, una partecita del 90% de los derechos de agua de todo el país que adquirió gratis, apropiándoselos junto con la empresa, en 1989, proceso, más encima, cuyos gestores -otra vez Yuraszeck y sus boys- lograron que pasara a la historia como una 'privatización'.



Valdría la pena hacer un cálculo aproximado de lo que valen hoy para Endesa todos los derechos de agua que posee en Chile. El agua de todos transformada en el 'oro' de unos pocos. Indudablemente estas son algunas de las 'razones' financieras, sumamente privadas, por las cuales la modificación del Código de Aguas lleva 12 años entrampada en el Parlamento chileno. Porque el status quo creado con notable pericia, codicia y conocimiento de causa en 1981, les ha resultado increíblemente rentable a las empresas del rubro. Obviamente sus beneficiarios quisieran que no se le cambie una coma a este sistema hecho a la medida, a pedido, por los privatizadores de la energía y del agua de Chile.



Si no hubiese sido por la larga y dificilísima campaña desarrollada por los detractores de los proyectos hidroeléctricos en el Biobío, a Endesa, el río, su cuenca, e incluso la desintegración de dos comunidades Pehuenche, le habría costado cero peso. Hace poco, ejecutivos de Endesa volvieron a reflotar en la prensa una frase para el bronce que utilizaron José Yuraszeck y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, en el fragor de la batalla por el Biobío: "el agua es el petróleo de Chile". Solamente personas sobre cuyos ojos ha sido grabado a fuego el signo dólar pueden homologar el elemento fundamental de la vida con un espeso y asfixiante combustible, que dadas nuestras primitivas tecnologías también ha llegado a valer 'oro', y a ser la causa de guerras fratricidas. Dada esta patológica alteración de la percepción, estos mismos ejecutivos de Endesa han declarado, tan cándidamente como Rodríguez en el seminario, que la Región de Aysén, que muchos otros percibimos como una 'Reserva de Vida', es el Ä„'Golfo Pérsico' del agua de Chile! Y anuncian, en un asertivo futuro afirmativo, que en la próxima década construirán cuatro plantas hídricas en Aysén -dos en el río Baker y otras dos en el Pascua- y que también estudian 'aprovechar la hidrología' de los ríos Futaleufú y Puelo. Pobre zona austral y pobre Patagonia: tan triste como el del Alto Biobío se ve su destino si los seres humanos y, en particular, los chilenos, que siguen viendo la vida y lo bello donde todavía existe, no logramos detener la embestida de estos desalmados entes corporativos entrópicos.



Es también, por todo lo anterior, que el Presidente de Noranda, empresa Canadiense, proponente del proyecto Alumysa en Aysén, nos dijo, a varios ambientalistas chilenos, en Toronto, hace tres meses, que pasara lo que pasara con Alumysa, ellos tenían muy claro el alto valor actual de los derechos de agua que poseen en la Patagonia chilena (para generar 758 MW), y, la misma historia de siempre, que Noranda adquirió prácticamente gratis por intermedio de la familia Walker Concha. Según la estimación mencionada más arriba, estos derechos valdrían, por sí mismos, a lo menos unos US$25 millones; el valor de mercado tendría que incluir el valor de la industria -tal como el proyecto Alumysa- que se podría abastecer con esta electricidad.



En conclusión, el ministro Rodríguez vuelve a mostrar su sesgo empresarial versus su vocación pública. Pero, la verdad, es que ya no es el único a quien este conflicto de intereses no parece afectar. Una vez más, él -como muchos otros de su tienda política y de la Concertación- desde su investidura pública prefiere ignorar los costos para el país de una iniciativa privada de un egoismo y codicia despiadada, que no solamente está mal regulada, sino que fue regulada ex profeso y ad hoc, de forma tal que pudiese desarrollarse a expensas del país, de sus recursos y de su gente. Como entusiastas aprendices de brujo que todavía no pueden ver más allá de sus beneficios personales, en el corto plazo, los gestores y los cómplices de esta catástrofe super neoliberal todavía no pueden ver que este es un sistema autodestructivo, desde todo punto de vista; un desequilibrado sistema en fuga, al cual todos pertenecemos, y que en el largo plazo no puede ofrecer real calidad de vida y sustentabilidad a ninguno de sus miembros.



Hace algún tiempo Rodríguez virtualmente borró del mapa a toda la población de la Región de Aysén, claramente con la intención de allanarle a priori el camino al proyecto Alumysa... Los ejecutivos de Endesa, en su momento, también decían que en el Alto Biobío no había nada, ni nadie. Hoy, al ministro Rodríguez, una vez más, se le 'cae el casete' y declara que el agua es gratis, sin reparar que al hacerlo delata su identificación con el perverso paradigma hídrico del voraz sector corporativo transnacional, que se cristalizó en Chile al alero de una brutal dictadura.


*Juan Pablo Orrego es ecólogo.

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