Días de furia - El Mostrador

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Días de furia

por 19 agosto, 2004

El socialismo es bueno para Chile, pero malo para nosotros. La frase corresponde al personaje del padre de Gonzalo Infante (Francisco Reyes) en la película Machuca, y resume el pensamiento y la conducta de cierta izquierda muy chilena acostumbrada a sobrevivir en los espacios muertos del poder. Un pensamiento y una conducta que entonces, durante los años de la UP y posteriores, hizo gala de un cinismo profesional que daba la medida de su inconsistencia política. Esta semana, ese mismo cretinismo de izquierda sumó una nueva pieza antológica en la voz del vocero de gobierno, Francisco Vidal, para explicar el despido del director de La Nación, Alberto Luengo.



¿Qué dijo Vidal? Dijo que la libertad de prensa es buena para Chile, pero mala para nosotros. Dijo que la investigación periodística era buena para la prensa, pero mala para La Nación. Por lo tanto, Vidal dijo que el gobierno había decidido que "la línea editorial de La Nación, teniendo aspectos muy positivos, tiene otros que no compartimos", por lo que correspondía tomar las medidas necesarias para corregirla de acuerdo a la voluntad del socio mayoritario en la propiedad del diario. Y despidió al director. "La línea editorial de un diario que es de gobierno tiene que coincidir con el gobierno", remató.



Como se sabe, fueron investigaciones periodísticas en torno al caso Spiniak y al alcalde Pinto las que decidieron el curso de acción del comité político de La Moneda. Como corolario a la medida, Vidal se preguntó en voz alta "si es bueno que a estas alturas el gobierno tenga un diario". ¿Qué significará 'a estas alturas'? ¿Cuáles serán las alturas del vocero Vidal? Las del diario La Nación están claras: como un boletín de gobierno no calienta ni a las señoras de Palacio, La Nación se dedicó al periodismo como cualquier otro diario, y La Nación Domingo en particular se transformó ante los lectores en una tercera posición posible frente a la línea editorial de La Tercera y El Mercurio. Bien o mal, fallando o acertando, ganó lectores y credibilidad. Sólo que no en la línea oficial.



¿Qué hizo el gobierno? Reconoció la labor del diario, reconoció la incoherencia de un diario de gobierno que no obedecía al gobierno, y luego ignoró que era exitoso precisamente por esa razón. Y no quiso hacerse a un lado. No dijo: 'Este negocio no es mío, así que me deshago de él; vendo mi parte o me desprendo de ella'. No. Era lo que cabía esperar, pero no. En cambio, el vocero del gobierno -cuyo origen sin duda es ese personaje lejano y algo pusilánime de Machuca que se exilió en Italia ante la debacle del 73-, se encumbró y dijo: 'El diario funciona como un diario, así que lo voy a matar. El socialismo y la libertad de prensa son buenas para Chile, pero malas para nosotros'. Y al diario le pusieron la pata encima antes que dejarlo avanzar solo.



La medida constituye otra renuncia más de las muchas que acumula ese pájaro en la mano llamado Concertación. Pero resulta bien pensada. Es barata, pone la zanahoria de la autonomía por delante como si eso pudiera levantar al muerto que acaban de matar, y lo más importante: la UDI no molesta más por el teléfono y en Valparaíso ganamos la elección. Lo único malo en este diagrama es que la gente va a preferir directamente al candidato de la UDI y no al socio mayoritario que el partido de Guzmán encontró en el directorio de La Nación.



Todo esto es sin enojarse, por supuesto. En la mejor onda. Como dice Francisco Vidal, se trata de expresar las discrepancias de modo razonable y civilizado, "en un ambiente de diálogo y respeto, como ocurre en cualquier medio de comunicación". De hecho, como fue el director despedido, Alberto Luengo, quien me buscó y convenció de la necesidad de levantar una sección propiamente cultural para La Nación Domingo, no queda más que colegir que tampoco Leer (ni ninguna otra sección) representa fielmente la línea editorial del gobierno. Por suerte, según se ve.



Si el vocero-propietario (porque es desde allí, desde esa autoridad patrimonial que habla Vidal) está lo suficientemente disconforme como para echar al director, sería muy interesante pedirle a este funcionario que entregue su pauta ideal, y que lo haga públicamente para que todos sepamos a qué atenernos en la defensa del patrimonio editorial común. Quizá Vidal quisiera ver una edición de LND con las páginas de Al Desnudo dedicadas a un familiar, un reportaje a fondo con las últimas medidas de agilización de trámites en la Subsecretaría de Interior, y su propia ponencia o clase magistral en las Ideas & Debates de esta sección. Quién sabe; cada vez se ha vuelto más difícil satisfacer los deseos de este gobierno. Queda tan poco tiempo, además, y estamos en un momento tan delicado para que la prensa y las otras instituciones que funcionan dejen de funcionar. Me dan ganas de ponerme a escribir el guión de Machuca II, pero ya Vidal se me adelantó.

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