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Ä„Chile campeón mundial!

por 25 agosto, 2004

De acuerdo al Informe del PNUD "Nosotros los chilenos", sólo un 32% está orgulloso de ser chileno. Este sector afirma que lo chileno existe y está en las costumbres e historia del país. Hay un 38% que está inseguro de decir qué es lo chileno. Frente a Chile, siente confusión y desilusión. Y hay un 30% de chilenos molestos que cree que no se puede hablar de lo chileno. Claramente no se sienten parte del Chile actual.







Mi padre compró un abono en el Estadio Nacional en que el mundial del 62 fue una fiesta universal del deporte del balón. Ronco debe haber quedado esa tarde que vencimos a Yugoslavia. Ese país ya no existe, pero la alegría de los chilenos por ese tercer lugar quedó. Mi experiencia fue muy distinta en 1977. Creo que fue para las eliminatorias del mundial de fútbol de Argentina. Caía la lluvia sobre Concepción. Necesitábamos ganarle a la selección peruana. Y lo íbamos haciendo hasta que un solitario J.J. Muñante comenzó a correr por un costado, enfiló hacia el área chilena, pateó y convirtió el gol contra nuestra portería. Así los del Rimac nos empataron en Santiago y mataron la ilusión de un adolescente. Salí llorando de la casa y comencé a caminar por Pedro de Valdivia. Increpé a la chilenidad. La noche me respondió con el silencio. Al observar mi reacción me sentí estúpido. Juré nunca volver a apasionarme tanto con el fútbol. La promesa me ha costado cumplirla desde que mis dos hijos varones se agolpan contra el televisor. Sobre todo mi segundo hijo, Esteban, sufre, llora e incluso, siendo él bastante comedido, lo he visto pateando muebles. Ahí intervengo para ...Ä„imponer tranquilidad y mesura!



¿Qué es lo que hace que un país vibre de esta manera con los triunfos y derrotas de nuestros seleccionados nacionales? Un observador imparcial nos diría que no es para celebrar el tener dos medallas de oro tras 108 años de juegos olímpicos. Pero hasta el Presidente de la República habló de nuestros nuevos superhéroes Fernando y Nicolás. Serían expresión del coraje y la perseverancia de los chilenos contra toda dificultad. Algo así como nuestros Hércules ante las doce pruebas. Los medios de comunicación social no ahorraron epítetos superlativos. Nuestros locutores de radio y animadores de televisión perdieron toda compostura y ecuanimidad. Incluso lloraban ante más de siete millones de telespectadores. Un ex senador de la república hacía flamear la bandera nacional en Atenas ¿Nos volvimos tropicales nosotros, los ingleses de América?



Nada de eso. Se trata de una vieja característica nacional. Somos el último rincón del mundo: Finis terrae. Durante siglos costaba meses y meses llegar a nuestras costas. Además las corrientes marítimas hacían más fácil llegar a Valparaíso desde Callao que hacer el viaje en sentido contrario. Nos separaban desiertos aridísimos, montañas gigantescas y un océano que de pacífico no tenía nada. En el Cabo de Hornos y en Magallanes reinaba la muerte que incluso fundó un "puerto de hambre". Fuimos una colonia pobre cuyos representantes eran llamados en el Perú los "rotos" pues sus vestimentas llegaban ajadas de vuelta de tan inhóspito país. Así éramos: lejanos, pobres y pocos. Un pueblo más bien gris si se le compara, al bailar, vestirse o comer, con nuestros exuberantes vecinos. ¿Sabríamos de algún triunfo fuera de nuestras fronteras?



Vilipendiados primeros por los conquistadores españoles, luego por franceses, ingleses, alemanes y luego norteamericanos, nos acostumbramos a menospreciarnos. En 1910 decíamos que nuestro retraso era culpa de la mala mezcla entre españoles y mapuches. Éramos pasto fácil del alcoholismo, la falta de inventiva y del espíritu de empresa. La culpa del subdesarrollo era nuestra. Hoy es fácil escucharnos auto describirnos como "chaqueteros" , "melancólicos", racistas, clasistas o hipócritas. Cosa que, en parte, lo somos. El problema es que no sabemos describir nuestras bondades que indudablemente las tenemos y muchas. De acuerdo al Informe del PNUD "Nosotros los chilenos", sólo un 32% está orgulloso de ser chileno. Este sector afirma que lo chileno existe y está en las costumbres e historia del país. Hay un 38% que está inseguro de decir qué es lo chileno. Frente a Chile, siente confusión y desilusión. Y hay un 30% de chilenos molestos que cree que no se puede hablar de lo chileno. Claramente no se sienten parte del Chile actual.



Cuando una mujer destentada agradecía a Nicolás y Fernando el triunfo daba un razón fundamental: ellos le habían regalado una alegría en una vida de tristezas. Se trata de ese tercio de chilenos que vive en un Chile popular de exclusión y pobreza. Su patria parece no quererlos. Nada les ofrece. Hasta que un triunfo en Atenas les recuerda que son también parte de una comunidad de lengua, religión y cultura.



Cuando los cambios de la globalización cultural nos embargan y producen dudas acerca de lo chileno, la bandera nacional nos vuelve a unir. Ya no en el acto cívico - militar ni en el Tedeúm religioso de antaño. Ahora lo hace en el deporte en que millones se sienten parte de una misma nación, aunque ella vea cuestionada su identidad ante los vertiginosos cambios globales. Nadie dudaba acerca del ser nacional cuando se cantaba el Himno Nacional y viendo ondear el pabellón patrio en Grecia. Finalmente, en un país en que la mayoría prefiere no hablar de un pasado que nos divide y de un futuro que ve difuso, es motivo de alegría el que nos una un esforzado triunfo olímpico.



Dos jóvenes chilenos nos demostraron a punta de raquetazos, perseverancia y técnica que se puede ser campeón mundial y provenir de este distante y apartado país que, no sabemos bien porqué, se llama Chile. Parece que no somos tan malos. Sábado y domingo fuimos un solo pueblo, al igual que esa tarde de 1962. Gracias por ello a Nicolás Massú y Fernando González.










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