¿Migajas para los ciudadanos? - El Mostrador

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¿Migajas para los ciudadanos?

por 28 agosto, 2004

Puede decirse que si no sólo la política, sino también los medios de comunicación se colocan como un apéndice del mercado y este es desigual, no resulta evidente que la opción de compra de los ciudadanos de a pie pueda garantizar el pluralismo y variedad de los medios, sometidos a las presiones financieras para sobrevivir día a día.



Uno de los coletazos laterales del intrincado proceso Spiniak se despliega en el ámbito de los medios de comunicación. Pero no nos referimos por ahora a la forma en la cual los principales diarios y revistas han dado cuenta de este proceso, sino más bien, estimado lector, a los espacios que se cierran en nuestro escasamente plural "espacio público".



Lo hacemos desde este medio, de los pocos independientes; lo hacemos antes que pueda ser tentado por sectores afines a una cierta derecha que pareciera orientada a coparlo y comprarlo todo. Se nos habla de algunos avances en rebajar la pobreza, pero nada se nos dice sobre el aumento de las desigualdades en el acceso y repartición de bienes públicos importantes, entre los cuales, para una democracia que se precie de tal, se ubican los medios de comunicación.



¿A que viene toda esta imprecación se preguntará el lector? Pues nada más y nada menos que a los rumores confirmados de que el grupo Copesa compra una parte importante de las acciones del Siete + Siete y, todavía en estado de rumor, de que cercanos a la derecha comprarían una participación relevante del mismísimo The Clinic. Como se dice popularmente, todo hombre, todo proyecto parece tener su precio.



A ello tenemos que agregarle, cómo no, la petición de renuncia del director del diario La Nación, Alberto Luengo, un periódico que con sus problemas y limitaciones conformaba, en especial el domingo, otra ventana hacia nuestra realidad y sus problemas.



A la vocación de poder totalizante que tienen sectores afines a la derecha parece faltarle sólo el acceso al poder directo de la presidencia. Avanza con una vocación voraz en ello, y la única "democracia" que reconoce es, a final de cuentas, la de las influencias o del dinero, sin contrapeso. Porque desde un mal entendido "liberalismo", en el otro lado, se pregona el dejar pasar y dejar hacer como si estuviéramos ya en una sociedad que otorga a todos sus hijos igualdad de condiciones.



A la concentración de poder económico se agrega aquella de los medios de comunicación. Se sabe que el grupo Matte y Saieh, con Copesa, son los más importantes en el manejo de diarios y revistas a lo largo del país. Lo cual no sería problemático si estuviera garantizada una pluralidad de voces en el concierto público. Algo similar ocurre con la televisión.



Por cierto, más de alguien puede decir, bueno, pero no es para tanto, porque al final como se trata del "mercado" de las comunicaciones, es el público-consumidor el que decidirá el destino de esos medios. Sin embargo, la comunicación pública no puede tratarse únicamente como una mercancía, o sólo desde un punto de vista estratégico/instrumental, pues posee también un contenido normativo.



Puede decirse que si no sólo la política, sino también los medios de comunicación se colocan como un apéndice del mercado y este es desigual, no resulta evidente que la opción de compra de los ciudadanos de a pie pueda garantizar el pluralismo y variedad de los medios, sometidos a las presiones financieras para sobrevivir día a día.



Con lo cual podría ser que estemos cerca, lector, de repetir la experiencia bajo el autoritarismo; esto es, volver a desarrollar la habilidad de leer entre líneas o hacer inferencias de lo que se dice y muestra en la televisión. Sin embargo, tenemos la impresión que se le hace un flaco servicio a una real profundización de la democracia, en el sentido de su ciudadanización deliberativa, con esta concentración de medios.



Es sabido que uno de los rasgos característicos de una democracia es justamente su capacidad para alentar el desarrollo de una esfera pública abierta, crítica, plural, donde la deliberación argumentativa en igualdad de condiciones constituye uno de sus pilares expresivos. Se ha dicho que es el cuarto poder. Pero acá funciona como un poder más que se suma a los poderes fácticos.



La modernización de los medios ha servido no para estar al servicio de ciudadanos razonantes, sino para someterlos a una cultura integradora y de un mero consumo de entretenimiento o de noticias. Ese poder de los medios tiene un enorme potencial para generar mejores condiciones de vida para todos, pero en las condiciones actuales sirve más para controlar la lealtad de una antipolitizada población que para informar veraz e imparcialmente de las acciones de los poderes establecidos.





Pablo Salvat es profesor del Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado. / Doctor en Filosofía, Universidad Católica de Lovaina.


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