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¿Quiénes son los pobres?

por 7 septiembre, 2004

Ser pobre es ser miembro de una sociedad que le niega el desarrollo de capacidades humanas debido a que se le excluye de las posibilidades de tener una vida digna. A cada pobre, en las palabras del economista Amartya Sen, se le niega "la libertad para hacer cosas a las que se les asigna valor".





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Nos hemos alegrado con los resultados de la última encuesta Casen. La pobreza en Chile ha bajado a 18,8% y la indigencia a 4,7%. ¿Qué significa esto? Que cinco de cada cien chilenos no pueden adquirir mensualmente una canasta básica de alimentos. Y que un chileno de cada cinco no alcanza a tener ingresos autónomos de unos 43.000. Con esa suma podrían comprar dos canastas básicas y estadísticamente dejarían de ser pobres.



Como podrá apreciar inmediatamente el lector, estamos hablando de mínimos vitales. ¿Cómo se puede vivir así, sin el apoyo del Estado, de la sociedad civil y de la caridad religiosa? Simplemente no se puede. Ahora bien, resulta fácil concebir a los pobres como personas que carecen de ingresos adecuados para satisfacer sus necesidades básicas. Sin embargo, mucho más clarificador es entender que un pobre es una persona a la cual la sociedad le ha privado de capacidades que, por ser humano, tiene y de sobra.



Todos, salvo casos extremadamente graves de discapacidad original, nacemos dotados para poder ser libres. No nos referimos sólo a lo esencial que está dado por el hecho que cada hijo de la especie humana nace con dignidad y derechos inalienables. Ello pues los chilenos creemos que cada miembro de la especie humana es hijo de Dios o pertenece a una comunidad republicana de iguales. Además biológicamente cada niño llega al mundo dotado de los recursos físicos, mentales, emocionales y espirituales que le permitirían ser arquitecto de su propio destino. Si esto es así, ¿por qué optan por vivir como indigentes o pobres?



Respondemos: porque no eligen sino que se les impone la pobreza. Ser pobre es ser miembro de una sociedad que le niega el desarrollo de capacidades humanas debido a que se le excluye de las posibilidades de tener una vida digna. A cada pobre, en las palabras del economista Amartya Sen, se le niega "la libertad para hacer cosas a las que se les asigna valor". Todos queremos vivir decentemente, tener un trabajo gratificante, vivir en una casa acogedora, amar a nuestra familia y educar bien a nuestros hijos. Sin embargo, al excluirlos los inhabilitamos para desarrollar lo que quieren y pueden potencialmente hacer con sus vidas.



No se trata, pues, de ser pobres porque se opta por ello ni porque se es flojo. En eso se equivoca ese 35 % de chilenos que cree, de acuerdo a la encuesta CERC de septiembre del 2003, que los pobres lo son porque no se esfuerzan en mejorar sus condiciones de vida. Los chilenos trabajamos mucho, estudiamos harto y quisiéramos estudiar más y tener mejores empleos. Los chilenos somos la octava nación que más trabaja en el mundo. Nada menos que 2.195 horas al año. Y hasta el año pasado éramos los más trabajadores. Sólo que este año otros países nos superaron porque ellos elevaron su promedio, no porque nosotros lo hayamos bajado.



Si le preguntamos a los jóvenes por qué no están estudiando, un 53% del estrato bajo aducen problemas económicos, un 16,6% el cuidado de su hijo y sólo un 11,3% el término de su educación. Si les dieran oportunidades y viesen una relación más clara entre ingresos monetarios y años de estudios, nuestros jóvenes estudiarían más. Los chilenos que están entre los veinte por ciento más pobres tienen un poco más de 7,4 años de escolaridad, contra más de 13,1 años del quintil más rico. Por ello la cesantía y los bajos salarios son propio de los pobres.



Por eso el papel del Estado es clave para aportar subsidios monetarios y redistribuir oportunidades educativas y laborales. El papel de la caridad privada es también relevante. Pero seamos claros en que el pobre no puede ser permanente objeto pasivo de asistencialismo y paternalismo estatal o religioso. No, el pobre puede salir adelante si la sociedad opta por ellos. Gabriela Mistral es hija de Vicuña, como Pablo Neruda de Parral, Juvenal Hernández de Ranquil y Juan Antonio Ríos de Arauco.



Por ende, si queremos vivir en un país sin pobreza, es clave que todos los chilenos creemos las condiciones que permitan a los pobres desarrollar sus capacidades. Se trata de elevar el nivel y calidad del capital que los pobres tienen. Aunque viviendo carencias vitales, los pobres tienen activos productivos que de movilizarlos podrían acumular capital y vencer la adversidad. Nos referimos al capital humano y al capital social. Por el primero entendemos el conjunto de conocimientos y habilidades que tienen para salir adelante en la vida. Por cierto aquí debemos incluir su salud, educación calidad de vida y de esparcimiento. Por capital social entendemos la confianza, la reciprocidad, redes y normas cívicas que les permiten cooperar entre sí. Se trata, pues, de potenciar a los pobres.



La democracia chilena debe fomentar los espacios institucionales en que participan los pobres y se transforman en sujetos. Dotados de voz y voto, educados en la ciudadanía activa, transmitirán mejor sus necesidades, demandas e ideas para salir adelante. Se debe fomentar un Estado que informe y resguarde adecuadamente los derechos cívicos de los pobres, sobre todo en el acceso a la Justicia. Se debe promover su organización para romper la exclusión. Dichas organizaciones populares deben ser capacitadas y asesoradas por profesionales y voluntarios tan abnegados como eficaces. La reforma educativa debe centrarse aún más en ligar educación y capacitación con empleo.



El Estado debe robustecer los servicios sociales que garantizan los derechos a la educación, al trabajo y al subsidio de cesantía, a la salud, a la previsión social y a la vivienda. Finalmente no dudemos en la capacidad de trabajo, emprendimiento y honestidad de la gente más pobre. Por ello los servicios financieros públicos y privados deben atreverse a prestar dinero a los pobres y no sólo a los que tienen ingresos. Vivir en un país sin pobreza es posible si optamos por la justicia y por la capacidad de nuestra gente.


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